El efecto Macron

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Algún día la hastiante e infructuosa disputa partidista nos acabará agotando. Un sistema basado en la perenne confrontación no puede ser sostenible. No sé si España ha de buscar desesperadamente a su Macron, pero más pronto que tarde deberá ceder en nuestro territorio esa actual enconada gresca entre las formaciones. Sería de agradecer la llegada al poder de dirigentes capaces de integrar en sus gobiernos las diferentes sensibilidades políticas.

Las ideologías dividen, los valores nos unifican. El tiempo de las ideologías estaba caducando, pero Emmanuel Macron ha llevado ese cuestionamiento más lejos que nadie. Era hora ya no sólo de proclamarlo, sino de intentarlo, de reunir a hombres y mujeres apropiados y capacitados para sus puestos de gobierno, sin que el color político fuera para ello determinante.

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Abandonar la razón

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Ahora sé que fue en balde sacar tanta artillería dialéctica, desplegar tanta argucia de confrontación mental. Lo que debía haber desplegado era el intento de comprender y situarme donde el otro. Escribo para olvidar que me he llevado la fría, la miope, la pesada razón, y sin embargo seguramente he perdido la preciosa, la única, la seguramente irrepetible ocasión de hacer un amigo. ¿Si la victoria me priva de la paz interior, para qué quiero la victoria?

Tras una larga discusión epistolar con fondo de política, seguramente me he llevado la razón, es decir no me he llevado nada, quizá menos que nada, el haber generado una tensión gratuita. Ahora regalaría esa razón, trocaría todas las razones por un abrazo con mi contrincante, pero ya es tarde. La razón no sirve para nada, sólo sirve nuestra capacidad de comprensión y de compasión para llegarnos al otro, para intentar ponernos en su lugar y circunstancias. Es cuando estamos en condiciones de acercarnos algo a la verdad, que no a la razón. La razón es muy menudo presa del ego, no así la verdad. Lo sabía y sin embargo mail, tras mail he batallado cual ciego ignorante.

El ocaso de la ideología

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Antes que de derechas o de izquierdas somos humanos, a secas, sin necesidad de apellidos. Nuestra humanidad nos hermana por encima de cualquier otra consideración, por supuesto  política. Esta condición humana entraña derechos y deberes que anteceden también a los de cualquier otro signo. Erramos cuando reducimos la esencia del humano a las siglas de su opción ideológica. Esta condición ideológica es pasajera, la humana no.

Las ideologías fueron en su día  necesarias para posibilitar los avances sociales en tiempos de serios quebrantos de derechos, pero hoy se han vuelto lastre en el progreso de la humanidad. El comunidad ideológica va cediendo a favor de una  comunidad más universal e integradora. Las fuerzas de progreso verdadero, la sociedad civil consciente e inquieta, se va conglomerando, ayudada por las nuevas tecnologías de la comunicación, en torno a valores transversales. El mañana reclama nuevas mayorías en torno a principios comunes, no vigencia de ideologías que parten las sociedades y que tan a menudo olvidan al humano.

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Almas desnudas, no ceremonias vacías

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Celebramos que ETA entregue las armas, pero celebraríamos más que ETA pidiera perdón porque durante demasiado tiempo las empuñó. Euskadi podría con esa solicitud de perdón cerrar capítulo, arrancar definitivamente nueva etapa. Seguramente algunas rejas se entreabieran. Ojalá de esa forma el resto de los presos  montaran en el furgón para acercarse más a “casa”.

Las armas  pronto estarán roñosas, pero la memoria sin embargo no ha envejecido. La memoria podrá dejar de doler en los corazones afectados, cuando los victimarios reconozcan que erraron. Las ceremonias pueden estar de más, si no hay contrición sincera. ¿Qué haremos con el hierro? No queremos el hierro, preferiríamos el reconocimiento de que éste nunca debió ser utilizado.   

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Esencia devina

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Vinimos a la Tierra para poder manifestar nuestra esencia verdadera que es amor; nos separamos del fuego divino para expresarnos en el mundo de la forma como luz y calor…, sin embargo aún andamos bajando a los metros y poniéndonos bombas, cogiendo poderosos vehículos y arrasando por las aceras, subiéndonos a los aviones y gaseando a los niños como los días pasados en Siria…

Nuestra alma tomó cuerpo para ensayarse en la síntesis, para vencer la tentación de la separatividad…, pero aún el hermano contra el hermano. Cuando explotan las bombas en los subterráneos, cuando de los escombros sacan los niños sin vida…, seguiremos creyendo en el humano. No perderemos la fe en medio de ninguna oscura y tóxica polvareda.

Prendados de la humanidad

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Acariciamos su piel de tantos vientos y soles. Nos bañamos en sus pupilas de tantos horizontes. Remontamos sus árboles de innumerables frutos. Corremos con sus hijos en las playas de sus bravos mares. Danzamos al sol cuando se acuesta, cantamos una canción nueva cuando amanece…

Estamos enamorados de la humanidad. No la humanidad de una nación, de una religión, de una cultura, de una clase social concreta…, sino de la humanidad en toda su más ancha expresión, la humanidad de todas las condiciones, de todos los ojos, cabellos y colores. Estamos por supuesto enamorados de la humanidad que empuja, que alienta el progreso hacia sus superiores metas al conjunto, pero ¿por qué no?, también de esa otra humanidad lastre, aferrada al pasado y los valores que la han significado de división y recelo. No haremos muro delante de esa otra humanidad que también somos.

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¿Dueños del “off”? (Sobre la eutanasia)

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Lo anunciaban esta semana los periódicos. La noticia venía con los titulares más grandes: se abre en el Parlamento español el debate de la eutanasia y la muerte digna. Es importante  acercarnos a las leyes  universales, a las máximas divinas que nos ayuden a formarnos un criterio cabal al respecto de estos  candentes temas de actualidad. Es importante considerar las leyes espirituales a la hora de  encarar debidamente estas cuestiones tan controvertidas. El derecho a la eutanasia es algo que no deseamos cuestionar, pero sí adentrarnos en la esfera de los deberes, siquiera más internos y vitales.

Es cierto lo que proclaman los defensores de la eutanasia en el sentido de que nadie puede obligar a nadie a vivir. La continuidad del aliento, el agotamiento  de la vida física o la precipitación del final, ha de ser una prerrogativa íntima. Con la eutanasia  ocurre algo muy  semejante al tema del aborto. En ambas delicadas cuestiones ha de prevalecer la suprema ley de la libertad. Esta ley es indispensable para  nuestra evolución. Es decir, sólo podemos evolucionar desde el más exigente libre albedrío, aún con el evidente riesgo de equivocarnos. No obstante es la voluntad de  atenernos a la ley del amor, al orden divino lo que nos permite hacer un uso positivo de esa libertad.  El creernos los dueños absolutos de nuestras vidas, supone en alguna medida obviar nuestra interrelación con las otras vidas, cuestionar esa trama oculta que a todos nos une, olvidarnos de la diversa sinfonía grupal que juntos componemos hasta en nuestro más deteriorado estado. Por lo demás, ¿es la casualidad lo que nos deja postrados y doloridos o es la vida la que nos limita a ese  estado?

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Salir del bar

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El pasado viernes se estrenó en las pantallas españolas la película “El Bar”. Por tierra, mar y aire nos bombardearán con esta nueva factura “snob” llena de “esperpento”, violencia y alcantarilla. A la vista del “trailer” de este nuevo producto cultural de cuestionable gusto, deberemos preguntarnos si uno de nuestros mayores problemas es la violencia espasmódica, brutal, aniquiladora o ese fondo de agresividad más permanente, mas aparentemente inofensivo en el alma colectiva.
 
Deberemos explorar si unos de los más serios desafíos que afrontamos es el terrorismo y sus golpes cobardes, sus atentados contra indefensos, o también el bar de las pelis, sus adláteres talleres de violencia, sus homologados tugurios donde física o virtualmente encerramos nuestros días; el bar, no como espacio de sana reunión, sino como metáfora del hábito que nos constriñe, de la “matrix” aprisionante, de los límites que ponemos a la expansión de nuestro alma o conciencia.
 

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Carta fraterna a un sacerdote combativo

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Querido amigo:
 
Lo intentamos en vano muchas veces. Quisimos afiliar a Jesús a una causa celota de la que siempre se mantuvo distante. Quisimos extraer hierro de un evangelio que no lo contenía. Pudimos abrazar una Teología de Liberación cuando no vimos otra salida, pudimos levantar el puño cuando aún no habíamos logrado aparcar la rabia. Pudimos equivocadamente clamar a favor del grupo violento de turno cuando nos cerraron tantas avenidas…, pero ya no es ese tiempo. Esa hora dura felizmente ya pasó. Ahora somos llamados a un ulterior paso. Se abren nuevos y luminosos cauces para acercar el mañana.
 
El nuevo mundo nace sin ruido como el amanecer prístino, el nuevo mundo no brota con fondo de batalla, sino con suave sinfonía aunada, con canción del alma. El nuevo mundo está emergiendo como la clara luz del alba, lenta y silenciosamente, cargado de promesa. El nuevo mundo está naciendo de la mano de quienes labran sano, con amor y sin química, en las escuelas donde ese cultiva el alma, no sólo el intelecto, en los bancos en los que se apuesta exclusivamente por el apoyo a empresas respetuosas de la Tierra y los trabajadores… El nuevo mundo está naciendo en las comunidades alternativas, en las ecoaldeas, en las cooperativas, en los centros donde se estudia cómo y por qué nace la enfermedad, cómo poder recuperar la salud por métodos naturales. El nuevo mundo nace allí donde prosperan los principios de solidaridad, de colaborar y compartir… El nuevo mundo rueda allí donde un ciclista pedalea, donde un constructor levanta con balas de paja, donde un agricultor llama a la puerta con una cesta de productos ecológicos, donde unas madres se preparan para un parto natural, donde unos niños amasan un pan con levadura viva… La nueva sinfonía se eleva desde todos los países, condiciones, sociales y razas. El nuevo mundo nace en tantas partes, en tantos lugares a la vez, que no tenemos tiempo, ni ganas para combatir a quienes velan para que el viejo sistema no se derrumbe. Lo viejo se desplomará privado de la energía que nosotros mismos le cedimos para que se mantuviera.

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No privarles de la Santa Misa

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He vuelto al templo, en realidad lo he hecho a menudo a lo largo de los últimos años. Voy de acompañante, primero de un padre, ahora de una madre en edad de agradecer filial compañía. Acompaño pero también canto a pleno pulmón, me arrodillo, doy la mano en señal de paz y me arranco sin dudar a comulgar cuando suena aquello de “Tú has venido a la orilla…” Lo paso peor con una “señal de la cruz que nos libra de nuestros enemigos…” y cuyos gestos lamentablemente ya he olvidado.
 
También he orado, con no menos fe, en los templos budistas, hinduistas, en sinagogas, en mezquitas…, sobre todo en templos universales de los diferentes continentes. En los templos de unos y otros países viví similar devoción, en todos observé gentes rendidas al mismo Dios “que los hombres distintos llamamos con distintos nombres, pero que es el Uno, el Único y el Mismo…” (Lanza de Vasto) De vuelta a mi ciudad natal, he visto a tantas personas de edad y buena voluntad remontar con sus bastones las escaleras de la parroquia del barrio, que me he visto inundado de un hondo y reconvertido aprecio por su íntima esfera religiosa. Deseo en este sentido expresar mi disenso ante la solicitud de “Podemos” de retirar la misa de la programación de TVE.
 

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Carta fraterna a un sacerdote combativo

17218485_10154455391292379_3233943511330828038_o.jpgQuerido amigo:

Lo intentamos en vano muchas veces. Quisimos afiliar a Jesús a una causa celota de la que siempre se mantuvo distante. Quisimos extraer hierro de un evangelio que no lo contenía. Pudimos abrazar una Teología de Liberación cuando no vimos otra salida, pudimos levantar el puño cuando aún no habíamos logrado aparcar la rabia. Pudimos equivocadamente clamar a favor del grupo violento de turno cuando nos cerraron tantas avenidas…, pero ya no es ese tiempo. Esa hora dura felizmente ya pasó. Ahora somos llamados a un ulterior paso. Se abren nuevos y luminosos cauces para acercar el mañana.

El nuevo mundo nace sin ruido como el amanecer prístino, el nuevo mundo no brota con fondo de batalla, sino con suave sinfonía aunada, con canción del alma. El nuevo mundo está emergiendo como la clara luz del alba, lenta y silenciosamente, cargado de promesa. El nuevo mundo está naciendo de la mano de quienes labran sano, con amor y sin química, en las escuelas donde ese cultiva el alma, no sólo el intelecto, en los bancos en los que se apuesta exclusivamente por el apoyo a empresas respetuosas de la Tierra y los trabajadores… El nuevo mundo está naciendo en las comunidades alternativas, en las ecoaldeas, en las cooperativas, en los centros donde se estudia cómo y por qué nace la enfermedad, cómo poder recuperar la salud por métodos naturales. El nuevo mundo nace allí donde prosperan los principios de solidaridad, de colaborar y compartir… El nuevo mundo rueda allí donde un ciclista pedalea, donde un constructor levanta con balas de paja, donde un agricultor llama a la puerta con una cesta de productos ecológicos, donde unas madres se preparan para un parto natural, donde unos niños amasan un pan con levadura viva… La nueva sinfonía se eleva desde todos los países, condiciones, sociales y razas. El nuevo mundo nace en tantas partes, en tantos lugares a la vez, que no tenemos tiempo, ni ganas para combatir a quienes velan para que el viejo sistema no se derrumbe. Lo viejo se desplomará privado de la energía que nosotros mismos le cedimos para que se mantuviera.

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Sobre el fracaso

 

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El fracaso es imprescindible, tanto o más que los laureles. El fracaso forja en nuestro interior esa suerte de imprescindible acero. Hay un abismo entre fracaso y desesperación. El fracaso es sólo una coma, las desesperación tantas veces un punto final. El fracaso es necesario, la desesperación nunca. Cada día se alza el sol y el Misterio jamás nos abandona. El fracaso abre los ojos, nos detiene, nos permite dar con lo que erramos. La desesperación nos ofusca, nos ciega; no ayuda a nada, ni a nadie.

Ser feliz

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No hay vuelta para atrás. Hoy he decidido no esperar a nada, ni a nadie, sobre todo no esperarme a mí mismo para ser feliz. He decidido solemnemente no aguardar a que luzca el sol, a que calle la lluvia, a que broten las flores y llegue la primavera, para ser feliz. Mi felicidad no depende de los campos de nuevo perfumados y coloreados.

No me otorgaré nuevas y engañosas prórrogas. No retrasaré más un instante que puedo inaugurar ahora. No he de tomar lujoso crucero, no he de volar a las playas de Balí, no he de moverme de donde me hallo para ser feliz. He decidido no aguardar a que me toque una lotería que no juego, no esperar a disfrutar de jacuzzi, a conducir un deportivo, a ser millonario…, para ser feliz.

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Sabiduría compartida

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Cuando estudio me sumerjo en una sabiduría compartida y en mi interior no puede brotar sino un sentimiento de profundo agradecimiento para quienes sumaron a esa sabiduría de todos y de nadie, para quienes contribuyeron desde tantas escuelas, circunstancias y geografías a engrandecer nuestro acerbo colectivo, para quienes en definitiva lo dieron todo para que no se apagara jamás la llama del Conocimiento y el amor fraterno.
En mi voluntad no puede estar sino el alentar hoy también esa sabiduría sin dueño. En mi ánimo pujaré igualmente por el principio de socializar, de compartir, de incluir, que subyace a esa sabiduría sin tiempo. He conocido muchas escuelas serias, muchos grupos, muchos maestros. Siempre he deseado y desearé fervientemente que sumen, que dejen de trabajar para su particular progreso, que atiendan al llamado superior de empezar a trabajar unidos. Cada vez somos más los que no nos adherimos a una escuela concreta, pero sí nos casamos, si estamos firmemente comprometidos con la suma, con las diversidades que conforman unidad.

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Por una democracia verdadera

 

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Un político auténticamente demócrata, con el que, dicho sea de paso, no comparto sus aspiraciones independentistas, va a ser juzgado hoy en Barcelona. Su “delito”: consultar a la ciudadanía, sacar las urnas a la calle. Para muchos poderes fácticos no es suficiente el mayúsculo atropello de sentar a Artur Mas en el banquillo. El segundo periódico de el país, “El Mundo”, demanda hoy lunes en su lamentable editorial medidas más drásticas. Es difícil a estas alturas entender tanta nostalgia de la Brunete y sus tristes tanques…

Estamos por supuesto por la unión humana fraterna y al mismo tiempo libre, no por la retención forzada. La fábrica centralista de independentistas no para de auspiciar separación con su actitud represiva. Siempre, siempre el diálogo, jamás la imposición es el camino. Sólo un Estado con serias deficiencias democráticas juzga a todo un presidente democráticamente elegido de una Comunidad por haber consultado a la ciudadanía.

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Nunca a la contra

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Nunca a la contra de nada, siempre a favor. No pelearé contra el cáncer, ni siquiera en el día de su lucha. No prima tanto lanzar campañas contra enfermedades que creamos nosotros con un modo de vida insalubre, prima más bien afanarnos en crear una sociedad armoniosa, saludable, cada vez más en contacto con la Madre Tierra, cada vez más cuidadosa de la alimentación y los hábitos equilibrados. Nos aplicaremos en mantener un cuerpo vigoroso, fuerte, alcalino en el que no quiera anidar la metástasis. No podemos luchar contra el cáncer y dejar sin cuestionar la agroindustria, las macrociudades, la invasión del coche, la cultura del sedentarismo, del pastillazo…

Ya está aquí

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Ya ha llegado donde pensamos que nunca llegaría. Se ha sentado en el despacho que nunca creímos conquistaría. Ya está gobernando, ya asoma la mano de hierro por las mangas de seda. Trump, presidente de la nación más poderosa del mundo. El día que pensamos que nunca amanecería ya nos ha alcanzado. Ya ha jurado, sobre dos Biblias a falta de una y los cielos no se han abierto. Sólo una fina lluvia, nada de diluvio, nada de granizo. Sonaron hasta las músicas que tocan el alma, se agitaron todas las banderas. Los cañones dispararon sin catarro, ni rubor las “salvas”.

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Ofrendar el dolor

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Siempre podemos ser útiles al mundo. Aún hundidos entre las sábanas, aún tiritando de escalofríos, podemos ser factor de bien en favor de la humanidad. Cada mañana podemos ofrendar nuestros superiores deseos, aspiraciones, sentimientos…, podemos ser antena de irradiación de elevadas vibraciones. Sin embargo también podemos ofrendar nuestro sufrimiento, nuestro dolor, nuestra enfermedad. Somos ofrenda. Por encima de todo, somos donación. Todo es susceptible de ser ofrendado, si está debidamente enfocado y dirigido. Basta detrás del objeto de la ofrenda un empuje altruista, generoso.

Podemos ofrendar nuestro dolor para contribuir a liberar el dolor del mundo, podemos ofrendar nuestra enfermedad para contribuir a mermar la enfermedad del mundo. Ante el dolor y la enfermedad nos podemos revelar o los podemos aceptar. Por supuesto, sabedores de la ley de causa y efecto, sabedores de que nosotros mismos hemos sembrado lo que ahora cosechamos, lo positivo, liberador y sanador es aceptar. Sin embargo más allá de la mera aceptación, hay un paso ulterior que consiste en ofrendar.

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Alsasua, completar el círculo

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Escucho por televisión a la madre de uno de los guardia civiles agredidos en Alsasua y trato
de hacer mío su dolor. Escucho a los familiares y amigos de los jóvenes que están en prisión acusados de terrorismo por esa trifulca nocturna y trato de hacer mío su dolor. Ser puentes entre los dolores, entre los corazones magullados; abrazar el dolor del mundo, de los unos y de los otros, haciendo propias sus heridas…, es afronta difícil, pero de día en día más necesaria.
 
La emoción primaria nos polariza de forma inmediata con una de las partes y allí nos atrincheramos y desde ahí el conflicto se perpetúa. Superaremos la confrontación en la medida en que intentemos hacer nuestro el dolor de todas las partes; en la medida que caminemos los pasos de unos y otros, que nos asomemos con ellos a sus ventanas, que vivamos el latido de sus corazones, que sintamos el dolor en sus llagas… Sólo podremos salir del conflicto si empezamos a ver al enemigo como el “otro yo” que nació en un lugar diferente, que se crió en otras circunstancias, que cantó otras canciones y encumbró a otros héroes, que durmió otros sueños…, pero humano como yo al fin ya al cabo, con la misma nobleza y debilidades, con la misma sangre en sus venas y soplo divino en sus pulmones.
 

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Aquel Refugiado

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En su precario refugio nadie estampó las siglas de UNHCR (Acnur), pero debieron igualmente ir de puerta en puerta pidiendo acogida. No tomaron cayuco, no se apiñaron en ninguna barcaza destartalada, no se vendieron a ninguna mafia sin escrúpulos, pero huían de la violencia de los poderosos. No soñaron con una Europa, entonces aún salvaje y desintegrada, pero eran también refugiados.

La disyuntiva de las puertas abiertas o cerradas, de la acogida o el blindaje no es de nuestros días. La violencia siempre ha empujado al humano a hacer atillo o maletas y escaparse apenas con lo puesto. El desierto es ancho y Belén no dista mucho de Alepo. ¿Qué es la Navidad sino la fiesta del pequeño Refugiado que nacía a un mundo convulso para inundarlo de amor?

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Socialismo sin “ricino”

15235614_10154150009712379_8336932082088193612_o.jpgCaducaron sus revoluciones como caducan los vinos que no se mantienen frescos, como se enmohecen las casas que no se airean, como se agrieta la tierra que no se remueve… Nada nos dicen los líderes que hablaron en la Plaza de la Revolución en la despedida de Fidel Castro. Sus palabras no nos dan alas, sólo son lastre de munición para el soldado que ya se jubiló, que ya no somos, ni deseamos ya más ser… Nada nos dice esa perpetua llamada a la trinchera. Ante la multitud congregada, sólo hombres mentando enemigos que no ceden, glosando guerras que nunca se acaban…; sin embargo aquí, a este lado del mar inmenso, nuestras mujeres ya nos escondieron las armas donde jamás las encontraremos. Hace ya muchas lunas que nos susurraron dormidos que la batalla si no es florida, sin violencia está para siempre perdida.

¿Cuándo nos llamarán para construir en libertad? No nos ilusiona el bloque bolivariano. Se pudieron levantar contra el oprobio, contra el abuso y la explotación en su día, pero han instalado nuevos dominios. Sólo cambiaron el color de las paredes y fachadas. Aún no ha amanecido, por lo menos no vemos su radiante sol iluminando para todos.

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Vieja ermita gallega

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Parece que siempre hubiera estado allí, tal es su sólido anclaje, su perfecta simbiosis con el paisaje de hojas caídas. Tras largo paseo a la vera del mágico río, la ermita hizo el resto, terminó de ensanchar nuestros corazones. Las piedras cargadas de musgo y memoria nos sugieren volcar hacia el pasado. No en vano la historia quedó apresada y encerrada en el remoto lugar, entre los guardianes robustos de los árboles.

Somos también esas manos pacientes, esos callos curtidos, ese sudor antiguo, esa pasión por las piedras reunidas y sumadas en lo profundo del valle. Somos los hermanos constructores que se dieron por entero levantando el escondido templo del bosque. La talla continúa. Somos el cincel y martillo, la roca y la melopea de oración. No renegamos de nuestra tradición, menos aún cuando se abre el castañal y nos revela esa obra generosa, ese testimonio vivo de fe y entrega que encarna la vieja ermita. No renegamos de nuestra tradición, menos aún en el corazón de la arboleda, en medio de esa inmensa alfombra de hojas acalladas. A lo sumo añadimos nuevos santos sin sotana, nuevos rosarios sin viacrucis, nuevo Nazareno sin cruces… Olvidamos “vísperas” y “maitines”, mas no renegamos del cristianismo, a lo sumo una nueva canción, una palabra actualizada, una fe reinventada y sin doctrina…

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Él también descanse en paz

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Nosotros no podemos decir “hasta siempre comandante”, porque siempre es un horizonte de libertad, no sólo de justicia; un mañana en el que entraremos y saldremos de las islas a voluntad; en el que nadie nos retendrá en el trópico, en el que nadie nos perseguirá por las ideas que broten de nuestros adentros.
 
No podemos decir “hasta siempre comandante” por más que no se nos haya enfriado la sangre revolucionaria, por más que el atropello y la injusticia nos sigan sublevando, por más que sigamos caminando por nuestras particulares y Maestras Sierras, alertas siempre en nuestras atalayas, en nuestras salvajes y amenazadas Bahías de Cochinos…
 

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Descanse en paz

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El mero cambio de dimensión de por sí a nadie ennoblece. Dice la sabiduría sin tiempo que si emprendemos un largo viaje, ya en destino no seremos ni mejores, ni peores personas que cuando lo iniciamos. Igualmente si dejamos el cuerpo y nuestro alma remonta vuelo hacia las moradas espirituales, ya en destino no seremos tampoco personas diferentes, seremos el mismo ser, con nuestras mismas virtudes y defectos. A uno y otro lado del velo gozaremos del mismo nivel evolutivo.

El corazón que se detiene no cambia de repente a su dueño, él es el mismo que cuando el vital músculo latía. No deberemos por lo tanto endiosar a quien abandona vestidura de carne. Sin embargo algo muy diferente es procurar siempre el acercamiento humano.

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Remendar sociedad

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Al otro lado de nuestra querida Urbasa, del inmenso hayedo ya casi desnudo que se empiezan a cargar de nieve, se encuentra Alsasua. La “capital” de la Sakana está en todos los medios de comunicación. Hablan éstos, sobre todo los que desconocen la cotidianidad y gustan de funcionar a base de barato titular, de una convivencia rota. Yo no lo creo, por más que sí que haya necesidad de algún remiendo. Tienen mucha responsabilidad esos medios en sobredimensionar un acto absolutamente deplorable, pero que representa más el estertor de un pasado convulso, que el exponente de una brecha insalvable.

En realidad por todas partes estamos cosiendo las relaciones, por todas partes estamos pidiendo hilo para sanar las heridas que dejan las confrontaciones sociales de todo tipo. En EEUU los grandes colosos de la informática son seguramente los que más original y acertadamente han tirado estos días de ese hilo restaurador de la convivencia. En eso se acercó la Navidad y ante el inmenso abeto, ante ese urgido y luminoso “totem” de la esperanza, se esfuerzan en amalgamar una sociedad que ha quedado fragmentada tras tan dura carrera electoral (anuncio de Apple).

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Nace solounhastaluego.org

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Sólo preparamos el día en que veamos partir a nuestros seres queridos con naturalidad, sin desgarramientos. No pretendemos frenar la lágrima que brota de los ojos mojados. Tiene todo el derecho de deslizarse mejilla abajo. Sólo presentamos argumento para contribuir a deshacer la angustia que pudo haberla empujado. En el futuro nuestra identificación con el alma o núcleo inmortal irá disipando el temor a la muerte; la conciencia de la inmortalidad de el alma nos reconciliará con ese sólo aparente ocaso.

 

http://www.solounhastaluego.org

Claves para la comprensión del ascenso de Trump y del populismo en general

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Tras la caída, recomponerse; después del golpe, el imprescindible análisis. Entre otras poderosas razones porque puede no ser el último golpe, porque el populismo puede tomar el gobierno de otras democracias asentadas a este lado del Atlántico. Le Pen está ya al acecho del Eliseo, como Trump lo estaba de la Casa Blanca. Vamos a intentar enumerar algunas razones más ocultas que nos pueden servir para explicar el ascenso de este fenómeno arrasador del populismo. Son ya demasiado los golpes cómo para no ahondar en él. Entre otras muchas “sorpresas”, citar las más llamativas, primero la del referéndum del Brexit, después la de la consulta de la paz en Colombia y ahora la del amargo resultado de las elecciones norteamericanas…
 
Los medios de comunicación nos sirven ya las razones evidentes de ese ascenso del populismo como puedan ser el paro, la crisis económica, la inseguridad, el aumento de la inmigración, el fenómeno creciente de la presencia de refugiados… Todas estas razones repliegan a buena parte del electorado hacia posiciones defensivas e incluso hostiles con respecto a lo que son políticas de progreso, de apertura y de solidaridad. Así buena parte del electorado se echa en brazos de quienes prometen defender sus muy particulares intereses. Hasta aquí nada nuevo. Hasta aquí las razones primeras y aparentes, vamos a intentar explorar, aún con riesgo de equivocarnos, en otras más profundas; vamos a intentar ahondar algo más allá en el análisis.
 

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Obama

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Cuando se levanten muros en mitad del desierto y la nada, cuando a las puertas del médico pregunten por la cuenta corriente, cuando los costosos acuerdos contra el cambio climático de París sean papel mojado, cuando la Tierra nuestra Madre vuelva a estornudar, cuando los hermanos sudamericanos, musulmanes… deban de ir en masa a los grandes almacenes a comprar maletas, cuando el improperio sustituya a la mesura, el ataque a la voluntad integradora, la amenaza a la diplomacia, cuando Cuba, Irán… vuelvan a ser antojadizos enemigos y se engrasen las lanzaderas…, entonces nos acordaremos de ese presidente de color al que tan poco apoyamos, al que llegamos a vilipendiar, al que negamos el merecido honor de Nobel de la Paz. A menudo sólo la sonada ausencia es capaz de delatar el error antiguo.

No todo estaba perdido…

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¿Quién dijo que todo estaba perdido…? En las horas más difíciles venimos a ofrecer nuestro corazón, nuestras manos, nuestra fe, nuestra esperanza… Nunca pensamos que el luctuoso titular de “Trump presidente” osaría ocupar una tormentosa mañana nuestra pantalla.

Pienso en los contextos de crisis y conflictos donde la diplomacia sostiene delicados acuerdos como en Irán. Pienso en ese pretendido e ignominioso muro del Sur donde la nada arenosa, la valiente osadía y la alambrada. Pienso en las minorías, en los hermanos musulmanes, homosexuales, “ilegales”…, pienso en quienes en medio del apuro echarán mano al bolsillo y se encontrarán sin seguro médico…; pienso sobre todo en la Tierra nuestra Madre que no tiene boca, ni voto, ni manos para llevar pancarta, ni piernas para patear, ni estómago para dejar de comer en señal de desacuerdo. Pienso en Quien nos nutre y nos sostiene de nuevo devuelta a la condición de simple objeto de explotación y depósito de contaminación y basuras. Los acuerdos de París contra el cambio climático ya son cuestionados desde las filas del magnate. Hay quienes a duras penas aún pueden esperar, pero la Tierra era precisamente la que necesitaba más apremiado tratamiento.

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No sonará órgano en nuestra hora

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Esta vez nos falló el Santo Padre. La Iglesia nos  va a negar  funeral a quienes  expresamente  hemos pedido que se  esparzan nuestras  cenizas al llegar la hora. No nos duele  quedarnos  sin funeral, nos apena que la Iglesia de Francisco, la que tanta esperanza ha suscitado, imponga en su seno estos anacrónicos dictados.  Nos apena que este papado, que tanto hemos apoyado con tantas  letras, tome esas medidas, esté detrás de tan desafortunada condena.

No nos duele que no haya exequias católicas en nuestro nombre, nos duele esa desaprobación de lo diferente, ese culto cerrado a la tradición que rechaza a quien opta por otras prácticas. Lamentamos que Francisco sea partícipe de tan penoso retroceso. No sonará el órgano en nuestro funeral, pero sonará un día la hora de la libertad en que todos respetemos escrupulosamente las decisiones del otro, sobre todo cuando vienen avaladas por poderoso argumentario, cuando son defendidas por muy dignas tradiciones espirituales, por todo un elenco de grandes seres.

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