Final de qué tiempos…

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No sabemos leer los posos del café, ni los mensajes de las estrellas. No sabemos cuáles son las olas que saltarán por encima de nuestras azoteas, qué huracanes se envalentona ya en medio del océano. Desconocemos qué astro viajero toma rumbo a nuestro planeta, qué gran esfera destructora se encaprichó con nuestro planeta azulado.

Adivinemos cómo podremos rescatar al hermano de color del Mediterráneo, no el diámetro del demoledor Hercólubus; cómo llevar pizarras y dispensarios a todas las aldeas del Sur, no salvavidas a todos nuestros temores del Norte… Sí, parece que va acercándose la tan mentada Hora, pero por más mareas que quieran escalar nuestras ciudades, los verdaderos tiempos nunca se acaban. La Hora se llama graduación y ya lo dijo el monje de Hipona en el oscuro medievo, sólo, sólo de una cosa seremos medidos… Si a algo nos ha de invitar la Hora, es a intentar llenar nuestro corazón de más amor.

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El alma de la humanidad

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En ese punto de mágica y gozosa unión interna nos anclamos. Ahora por fin comenzamos a conectar con el alma de la humanidad una, alcanzamos su esencia, nos aposentamos en ella. Ahora toca recordar lo que hemos sido, de lo que nos hemos vestido, los papeles que hemos cumplido… Tomamos imprescindible distancia.

Fue muy largo y agitado el recorrido. Quede la seguridad de que no fue en balde. Ahí están nuestras manos y corazones unidos para certificarlo.

Nos hemos hundido en el barro de las más diferentes trincheras, hemos agitado unas y otras banderas, hemos apretado el gatillo desde las más diferentes posiciones…, y ahora por fin comenzamos a recordar. Todo fue un sueño, un largo profundo y a menudo pesaroso sueño, pero estamos despertando, para ya nunca más olvidar. Estamos por fin emergiendo a la conciencia de la unidad indisoluble, la conciencia de unidad en diversidad, por supuesto en libertad.

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Gratuidad

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Hay palabras cuya resonancia nunca se agota, se renueva cada mañana. Gratuidad de la sonrisa, de la palabra amable, del abrazo… Gratuidad del gesto cariñoso, tierno, compasivo…. Gratuidad también de la palabra que ponemos en nuestros labios, del pan que ponemos sobre la mesa, del calor que ponemos en cuanto amamos… Gratuidad de la alegría y el gozo que ofrecemos al iluminarse cada mañana. Gratuidad de la letra, del canto, del verso que regalamos al inaugurarse cada noche. Pronto también la gratuidad de nuestro trabajo, de nuestro servicio, de nuestra contribución a la comunidad a lo largo del día.

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“Todos los nombres”

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El pasado domingo caminamos en Barcelona las más anchas avenidas. Hacia tiempo que no lo hacíamos en compañía de multitudes. Anduve buscando en aquellos rostros, mi rostro, en aquellos nombres mi propio nombre. Constaté el poder de los centenares de miles de almas unidas en pos de un mismo anhelo. En medio de ese océano de simpatías concertadas bajo el mismo sol, sobre el mismo asfalto, busqué también fidelidad a las sagradas e impactantes palabras del maestro budista, Thích Nhất Hạnh. Ni en los momentos de mayor fervor solidario, quise eludir su siempre desafiante invitación: “llamadme por mis verdaderos nombres,…. para que pueda abrir la puerta del amor y la compasión”.

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Abrazar al contrario

buda-suicida.jpgLos momentos de polarización y de crisis vienen a nuestras vidas para desarrollar especialmente nuestra capacidad de desarrollar tolerancia, acogida, abrazo al diferente. Nos jugamos mucho en estos momentos de posiciones tan encontradas. Nuestra evolución pasa por incluir en nuestro interior, en nuestro pequeño corazón al contrario. Nos estamos jugando por lo tanto nuestra evolución, nuestra encarnación.

El momento demanda alargar los brazos, integrar a quien ayer rechazábamos. A saber cuántas veces postergamos el desafío. Seguramente quisimos estar aquí para medirnos, para constatar si ahora podríamos por fin atender a esta prueba entre las pruebas. Teclear es más fácil que cumplir, pero a fuerza de teclear es posible que un día alcancemos a amar de verdad, como lo hacen los Grandes Seres, sin discriminación de ningún orden. A fuerza de escozor en la piel del alma, alcancemos a cumplir.

Observo con pena una cuneta demasiado poblada de personas que he rechazado. Ocurre que en la mayoría de las autopistas no hay marcha atrás… Habrá que morir y volver a nacer y poner el motor en marcha de nuevo y entonces sí, a nadie, absolutamente a nadie dejar sin abrazar.

Mística de la corresponsabilidad

globe-csr.jpg¿Sabrán hoy la inmensa  mayoría de los rusos que  al introducir  su voto de apoyo a Putin están  envenenando la disidencia  en remotos hoteles de nuestro Occidente? ¿Sabrán  que  están  apretando el botón  para que sigan cayendo más y más  bombas sobre las madres y los niños de un Guta indefenso?

¿Sabrán quienes otorgan a Trump su confianza que están con su papeleta envenenando la Madre Tierra, expulsando a sus hermanos latinoamericanos a quienes tanto deben, haciendo de este planeta un mundo más agresivo e inseguro?¿Quienes producen películas y vídeos violentos sabrán que ellos  sostuvieron las escopetas de asalto que han acabado con la vida de tantos jóvenes en las aulas norteamericanas? ¿Quiénes cotizan en la “Asociación del rifle” sabrán que esos asesinatos llevan también su rúbrica? ¿Sabremos quienes compramos “Made in China” que estamos contribuyendo a la explotación de trabajadores de la potencia oriental, carentes de unas mínimas y dignas condiciones laborales?

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Niños sin fronteras

Unicef-Siria.jpgQuizás sea porque tienen una tez más morena o porque los vemos siempre rodeados de escombros y cascotes. Será porque el sol se oculta antes en sus ruinas, o porque hablan la lengua de los desiertos. Están a tres escasas horas de avión y ya han muerto más de veinte mil, pero no se zampan ningún telediario.

Hay siniestros maleteros que pueden adquirir el triste tamaño de ciudades enteras. Extraña solidaridad la nuestra que hace correr ríos de tinta, que llena largos telediarios con un niño infortunado y que mantiene tan lejos a los niños enterrados bajo los escombros. En un mundo en el que las distancias ya se desplomaron, los niños sirios son nuestros niños, ni más ni menos que el “pequeño pez” de nuestra Almería querida.

Nuestros telediarios no creen tantos abismos entre los Gabrieles propios y los ajenos; entre los que caen bajo manos poco piadosas o bajo bombardeos inclementes. Nuestro halo protector alcance a todos sin diferencia de piel, de etnia, de pasaporte; ya jueguen en los prados de naciente primavera, ya entre los escombros de agotado invierno; ya lancen sus cometas, más o menos ajadas, al cielo de Níjar o de Guta, al fin y al cabo un mismo Cielo.

* En al imagen de UNICEF, dos niños en las ruinas de una ciudad siria.

Ya está aquí

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Ya ha llegado donde pensamos que nunca llegaría. Se ha sentado en el despacho que nunca creímos conquistaría. Ya está gobernando, ya asoma la mano de hierro por las mangas de seda. Trump, presidente de la nación más poderosa del mundo. El día que pensamos que nunca amanecería ya nos ha alcanzado. Ya ha jurado, sobre dos Biblias a falta de una y los cielos no se han abierto. Sólo una fina lluvia, nada de diluvio, nada de granizo. Sonaron hasta las músicas que tocan el alma, se agitaron todas las banderas. Los cañones dispararon sin catarro, ni rubor las “salvas”.

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Latidos

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¿De qué estamos colmados? ¿Qué pensamientos llenan nuestra mente, qué sentimientos nuestro corazón? ¿Late el mundo en nuestro interior? ¿El latido de mis hermanos es mi latido? ¿Mi latido es el latido del mundo o bombeo por mi lado…? Sumemos latidos a otros latidos, al latido de la Madre Tierra, al latido de los hermanos animales, de los árboles, las plantas, las rocas… Sólo un latido, sólo un corazón, sólo una tierra, una humanidad…

Podamos decir que ningún latido nos es ajeno, sobre todo el latido de los hermanos que están bajo las bombas. Alepo, Mosul no nos son ajenos. Ningún dolor nos es ajeno. Está brotando un latido nuevo altruista, solidario. Si mi latido no es con tu latido, ¿dónde irá mi latido? Si mi suerte no es tu suerte, ¿qué será de mi suerte…? Ninguna bomba, por lejana que se desplome, nos es ajena. Caen las bombas sobre nuestras ciudades, sobre nuestros barrios y tejados. Ninguna guerra nos es ajena, en primer lugar porque todas las guerras de fuera son reflejo de nuestros conflictos de adentro, de nuestras cuestiones no resueltas.

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Mirada en lo Alto, afán en la Tierra

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No falta en nuestros azarosos días quien nos sugiera cerrar los periódicos, ausentarnos de la dura actualidad, alejarnos de los vientos heladores que aún azotan a la humanidad. Puede tentar la propuesta de la distancia circunstancial, mas no del retiro total. Elegimos encarnar aquí y ahora, al tiempo que comienza a ceder una historia de odio y confrontación y por ende de sufrimiento e infelicidad, y se anuncia la nueva era de paz y por lo tanto de creciente bienestar y felicidad. Podemos tomarnos nuestras licencias, nuestro merecido agosto, nuestras ansiadas vacaciones para cargarnos de luz,  fuerza y  vida imprescindibles, pero aquí y ahora no podemos evadirnos de nuestro compromiso humano.

Estamos en el ayer y en el mañana, en la noche y en el alba, sobre todo estamos en el clarear de lo que ha de ser. Estamos con quienes padecen los azotes de lo que se desploma, estamos con quienes inauguran entre sentidos cantos y sonrisas verdaderas el nuevo escenario liberado y emancipado. Procuraremos el equilibrio para no polarizarnos, ni en la exclusiva aspiración hacia lo Alto con el consiguiente olvido de la suerte de nuestros hermanos, ni en la inmersión total en el barro, de forma que éste nos impida agitar las imprescindibles alas del espíritu.

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Pray for Nice

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Voy para Donosti. Cuando puedo me escapo y corro a abrazar a una anciana y entrañable mujer a la que mucho debo. Le plantaré dos sonoros besos en sus mejillas arrugadas, le echaré un piropo grande. Ella responderá con su sonrisa espléndida, nunca marchitada y después pedalearé hasta el mar. Es siempre, desde hace muchos años el mismo ritual. Sólo que hoy pensaré en los que iniciaron su paseo marítimo y no lo acabaron.

Pensaré y oraré por sus almas para que vuelen libres de miedo y de odio. Acariciaré esa barandilla que salió de la mente del abuelo y saltaré a la orilla de otro mar. Pediré para que todo ese dolor concitado en una apacible Niza, traiga su debida recompensa de luz y de amor. Pediré para que los camiones rueden por sus carriles y los humanos amen fraternalmente a sus hermanos, no importe el color de la piel, ni la oración casi silente que brote de sus labios. ¡Amén! ¡Así sea!

.  “Abrazo de Credos. Abrazo de Civilizaciones”Conclusiones de los diálogos del Foro Espiritual de Estella 2016

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A lo largo de tres  intensos días los diferentes exploramos cómo acercarnos. En el Convento de San Benito de Estella dialogamos cómo nuestra humanidad  puede  avanzar hacia  el abrazo y no hacia el choque entre los diferentes. En las tres  jornadas que  duró el Foro Espiritual de Estella 2016 tratamos de visionar cómo construir un mundo en que la religiosidad y la espiritualidad  puedan amalgamar  y no separar, puedan ser nexo y no disputa. Adjunto os presentamos  algunos de los pensamientos fuerza, de los pensamientos simientes más significativos que  pudimos  recoger en los cuatro diálogos celebrados durante el Foro.

 Lo que sea odioso para ti, no lo quieras para el otro“. Así se expresa una de las tradiciones religiosas que han construido en Estella un diálogo colmado de conocimiento, sentido y fe compartidos. Tras escuchar las voces que las han representado, nos es posible afirmar que todas ellas: Budista, Hindú, Cristiana, Judía, Islámica, Bahá’í y Espiritualidad universal, pueden suscribir este precioso y preciso mensaje. Esta máxima transmite la necesidad de que la vivencia religiosa, iniciada siempre desde la persona, esté dotada de una moralidad cimentada en el desarrollo del valor interior, de la liberación de las ataduras materiales y de la atenuación de la irrupción egoíca. Llevada a la práctica nos aporta calma y paz interior, nos expande hacia fuera, nos inicia en la fraternidad y la compasión y amor hacia todos los seres.

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Brexit

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Hoy es un día triste para cuantos trabajamos por los ideales de unidad humana, cooperación y compartir. Vamos lentos, incluso a veces con retrocesos, como éste del Brexit, pero ello no merma nuestra plena confianza en que el futuro se escribe en clave de unión en la diversidad, nuestra entera fe en que el mañana del humano será en consagrada armonía y fraternidad. Ése es el Plan, ése es el Guión que tarde o temprano abrazaremos, a la vuelta de un pasado dividido. Arriba no tienen prisa ninguna, somos nosotros los que conducimos y por lo tanto colocamos las marchas.

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A modo de conclusión

unspecified-7.jpgAl alejarse la experiencia es momento también de esbozar nuestro más ferviente deseo: que toda esta gente tan castigada encuentre futuro más allá del espacio precario y limitado que marca la tienda “Quechua”. Devueltos a la cotidianidad, la isla se aleja y antes de que comience a desaparecer en el horizonte, será preciso extraerle reflexión y enseñanza a la estancia. En medio de este escenario privilegiado hemos visto gobernar a sus anchas a una ley de evolución.

Es precisamente el desarrollo de la conciencia colectiva, la que de alguna forma indica el nivel de evolución en que nos hallamos. Tras la experiencia en la isla de Chíos de diez días como voluntarios, creo humildemente, y consiente de lo polémico de la opinión, que los refugiados son también, en alguna medida, cocreadores de la situación que padecen, son corresponsables. Siempre, siempre “¡Welcomes refugiees!”. Nunca podemos poner en duda nuestro humano deber de acogida, pero al mismo tiempo el refugiado debiera dejar de ser únicamente un sujeto pasivo, receptor de ayuda. Es en la escasez, en la limitación cuando la ley de la evolución se puede observar con claridad. En el entorno de la precariedad, el humano en alguna medida evolucionado, no pensará exclusivamente en él. Tomará conciencia de la necesidad grupal.

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Cartas desde Chíos (y 6). Reflexiones a bordo

kiliy kolokolo.jpgSábado al mediodía, momento de la partida. Un gran estruendo se impone en toda la ciudad. En la bocanada del puerto aparece majestuoso, imponente el Helenic Seeways. El resto de la embarcaciones se achantan a su paso orgulloso. Es el vínculo de la isla con el mundo externo. Tan pronto alcanza el malecón abre su gigantesca panza y traga cuanto lo merodea, pasajeros con grandes maletas, motos, coches, furgonetas, pero también grandes camiones en toda regla que correrán raudos por las carreteras.
Nosotros también vamos con todos ellos. Se acaba nuestra estancia de una larga semana en la isla. Volvemos para casa. Los barcos navegan despacio y nos permiten recapitular lo vivido al ritmo de las olas. Barco, avión y autobús prolongarán el retorno de forma que nos vayamos poco a poco adaptando a la cotidianidad. Sobre todo necesitamos tiempo de agradecer. Volvemos con salud, con paz y habiendo intentando contribuir un poquito a aligerar el dolor de todas estas gentes castigadas por la historia. Volvemos un poco más sabedores de la condición humana, un poco más conscientes del sufrimiento del mundo y de la necesidad de aliviarlo. Volvemos con muchos rostros en nuestro interior. Sobre todo con las imágenes de los voluntarios que prodigaron su alegría, su generosidad en medio de todas esas situaciones difíciles. Los voluntarios de la ONG de Zarautz SMH (Salvamento marítimo humanitario), permanentemente colgados del teléfono y dispuestos siempre a salir al primer aviso. Los compañeros y compañeras de “Drop in the ocean” y el compromiso de sus desayunos diarios para todos los refugiados de buena mañana. Cómo no nombrar el equipo de Toula y sus gente fantástica de CERST (Chíos Eastern Shore Response Team). Cómo olvidar ese derroche de alegría y amor en los círculos infantiles…. Por supuesto mencionar también la más que popular “Bask kitchen” de “Zaporeak” en la que hemos tenido el gusto y honor de trabajar a las mañanas. Labor dura, constante, eficaz y comprometida el de esta ONG donostiarra, de cuyos locales salen diariamente más de 1.300 raciones para saciar el hambre de todas esas gentes refugiadas.

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“Red nose”

Después de la actuación era un motivo para encontrarnos con cada uno de los niños. Era una forma de bendecirles, de conjurar el espíritu de la desdicha, de invocar que nunca jamás las bombas pendieran sobre sus cielos, las guerras amenazaran su futuro. “¡You are a great clown…!”, les coloreábamos de rojo la punta de la nariz y marchaban felices, tocados con el halo de una silenciosa alegría. Era la ocasión de sintonizar con su Real Inocencia, con su Sagrada Presencia sin origen, ni estigma; sin bandera, ni geografía. Era el momento de depositar a la orilla de su amenazado futuro, los más elevados sueños. Era el instante sagrado para contribuir a liberarles del ayer y abrirles la puerta de un mañana diferente. 
“Red nose” sólo era la excusa. Era la forma de encontrarnos de alma a alma, tras el jaleo, los tropezones, las caídas… Era decirles que se merecen un futuro digno, libre de amenazas y huidas. Era el instante para compartirles que habría un hogar de paz para ellos en algún lugar del mundo, para contagiarles la esperanza de que alguna frontera se abriría y ellos pasarían y tendrían su cuarto, su mesa, su pizarra…, su mañana cargado también de oportunidades. Han sido sin duda los instantes más felices, me atrevería a decir sagrados de todo el viaje. En realidad hubiéramos estado todo el tiempo saludando a esos niños tan agradecidos, pintando sus narices rojas, coloreando y alumbrando su futuro.

Érase la bola del mundo…

A punto estuvo de explotar por el peso sumado de los que apenas tienen peso. Agujereada, machacada, decenas de veces parcheada, sucia…, pero feliz. La bola del mundo ha rodado por su mundo y reposa ya agotada, pero contenta en el garaje de casa. Acostumbrada a no salir de Estella y su Paseo de los Llanos (http://www.foroespiritual.org/), esta vez ha cogido aviones, barcos, trenes y taxis. Se ha llegado inflada, orgullosa hasta quienes más han sufrido.

Los niños que han escapado de la guerra le han puesto sus mejores deseos de paz, le han colmado de corazones de todos los colores. Ha sido en los campamentos de refugiados de El Pireo, cerca de Athenas y de Vial, Depeté y Souda en la isla de Chíos. Los niños que huyen del horror le han colmado de deseos de amor. Los pequeños de ahora, no hagan la guerra mañana, no la emprendan por ningún motivo o excusa nunca jamás. Recuerden que la tierra es una, grande y sin fronteras, como aquella de goma que unos locos payasos inflaron ante su ojos sorprendidos. Recuerden siempre que la tierra era una enorme superficie compartida en la que colocar nuestros más elevados deseos, nuestros más coloridos “post-its”.

Cartas desde Chíos (5) Grecia profunda

kili, kili....jpgAyer finalmente por la tarde nos cogimos el cochecito para recorrer la isla. Necesitábamos despejarnos y de paso disfrutar algo de este pequeño mundo rodeado de Egeo, antes de volver a coger el ferry. La absoluta paz estaba cercana, justo al otro lado de las colinas rocosas que presiden el escenario en el que nos desenvolvemos todos los días. Nos hemos dirigido hacia el sur, hacia los pueblos de Mezta, Olimpy y Pegry, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Chíos. Allí impera otro ritmo, viven de espaldas a la civilización ajetreada. La vida late silenciosa, discreta, anclada en el pasado. Nada que ver con el tráfico y el ruido de la capital, Chíos.

Allí la historia pareciera detenida en la edad media, cuando debieron fortificar las casas para defenderse de los piratas y asaltadores. El tiempo pareciera parado en esa época de universos muy limitados, cuando la vida se circunscribía a la huerta, el pozo y el cerrado y oscuro hogar bien defendido de un sol tan a menudo inclemente. A pesar de la paz presente, el recuerdo de la guerra se hace patente en las innumerables torres, así como en los pueblos fortificados. La belleza que nos rodea, el amable paisaje de naranja, olivos y limoneros, no logra ocultar que la guerra ha sido hasta el presente la indeseable, la abominable compañera de nuestra historia.

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Cartas desde Chíos (3) Ensayando paz en medio del tumulto.(2)

cola.jpgLa repartición de la comida en esa fila es toda una prueba iniciática. Toca enfrentar las más diferentes situaciones. La gran diversidad humana se hace presente en estas largas y tumultuosas colas. Tienes que pasar de la cortesía y la amabilidad a una actitud firme y severa en función de quien se te acerque. Hay muchos refugiados que vienen a repetir mientras que todavía hay quienes no han tomado su primeras ración. Sin embargo esa severidad habrá que desnudarla de toda emocionalidad, sujetarla a férreo control interno. La firmeza no se podrá asociar con enfado, so pena de que se agrave la situación. Hay entre los repartidores quienes lo hacen muy bien, hay quienes son ganados en alguna medida por ese enfado. No es fácil mantener el equilibrio en medio de tanta tensión y griterío. Quien quiera alcanzar la paz interior inamovible que no se retire a una cueva, que no coja pasaje a ningún Himalaya, que se coloque a repartir comida ante todos esos estómagos hambrientos. Si no se altera es que ya ronda el puro Nirvana.

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Cartas desde Chíos 2. A la búsqueda de la paz en medio del caos

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Gracias también a esta roca frente al mar, frente al sol en el que paro cada mañana. Yo no sé que haríamos sin estos momentos que nos inundan de luz, paz y nueva energía. Ayer fue un día duro. Mucha agresividad al final del reparto de la comida, cuando algunos refugiados querían más ración y no teníamos qué darles, cuando repartíamos los globos a la tarde, cuando nos expulsaron de el campo de retención vestidos de payasos en el momento de iniciar las actuación…

Los momentos de tumulto y conflicto son los que ponen a prueba nuestra paz y serenidad. “¡Mikel, Mikel…! ¡Coge el volante y marcha…!”, le decía al compañero de Zaporeak cuando literalmente fuimos asaltados por una masa de refugiados que no se habían quedado saciados y querían más comida. Aquí junto mar calla el griterío, se difuminan los malos momentos, se detienen los empujones y tomamos conciencia de que mañana la vida podrá ser a un ritmo más cadente, más armonioso, sin estridencias, la vida podrá ser gobernada por la conciencia, la sabiduría y la solidaridad.

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Cartas desde Chíos (1) Desembarco en la isla

chíos.jpg¿Qué nos da el mar que a su vera los corazones se abren y las crónicas ruedan solas? ¿Qué nos da el mar que en cualquiera de sus orillas se inaugura nuestro hogar y nos sentimos como en casa? El sol se pone ya detrás de las secas y rocosas montañas. Va callando la ajetreada jornada. A pie de playa, Turquía al fondo, no podemos sino dar las gracias al Cielo. Gracias porque tenemos casa y no debemos hacer cola para comer, porque tenemos salud y muchas ganas de sumar nuestro pequeño esfuerzo al de tantas ONGs aquí instaladas.

Gracias porque estamos de este lado del mostrador, porque nosotros éramos quienes desembarcábamos de repente en el campo, repartíamos la comida y podíamos decir “enjoy the food”, porque no teníamos que esbozar, a veces con la cabeza ergida, a veces con la mirada cabizbaja, el “thank you” al uso… Cae el primero e intenso día en la isla y damos las gracias porque no tuvimos que huir de las bombas, porque no lo hemos perdido todo, porque no teníamos que formar religiosamente cola, hombres a un lado y mujeres y niños a otro, al llegar las furgonetas de ” Zaporeak”. Gracias porque hemos podido picar mucha cebolla, mucha berza hasta completar las 1.300 raciones que cada día reparte la estupenda ONG donostiarra en los campos de Souda y Depete, dentro de la misma ciudad de Chíos.

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Un solo aire

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Si ellos están enfermos en sus pulmones, nosotros lo estamos en nuestra humanidad. Duele al alma contemplar esas mascarillas en boca de quienes llevan como identificativo tantas estrellas.¿No será que de lo que más urge protegernos es de nuestros propios miedos?

Son un oprobio para nuestros hermanos refugiados. Esas mascarillas que vemos todos estos días en los escenarios de la crisis debieran estar prohibidas. Ahora las llevan los funcionarios y policías que han ido a la operación de deportación de los refugiados. Esos hermanos que huyen de las bombas no están apestados. Podemos respira su mismo aire, sobre todo podemos solidarizarnos con su misma suerte. Esas mascarillas son ofensa, son distancia, son abismo… Representan precisamente todo lo que deseamos superar.

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A la búsqueda de la nobleza oculta…

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El hogar confortable, libre de metralla y de amenazas, se va desdibujando en sus confundidas mentes. Acomodan a la espalda sus atillos, hacen de nuevo sus pequeñas maletas, rumbo a las costas de origen. A la postre, el viejo continente resultó no ser la tierra de la esperanza que ellos tanto soñaron. Cierto, mañana es un día triste en nuestra historia europea. El 4 de abril quedará marcado, no tanto para la vergüenza, pero sí, cuanto menos para nuestra necesaria reflexión. Con peligro de sus vidas alcanzaron nuestro suelo europeo y ahora les obligamos a tomar camino de retorno.

No tanto descargo de furia para con nuestros gobernantes, sino más interrogatorio en nuestro interior sobre lo que hemos hecho de forma real y eficaz por la causa de los refugiados. No es la hora del fácil improperio para con los de arriba, sino de arremangarse la camisa y hacer efectivo un socorro pendiente. Hemos sido alambrada y no brazos abiertos, pero no sólo ellos, los gobiernos, los perennes “malvados” de todas nuestras películas, sino cada uno de nosotros. A estas alturas ha de comenzar a ceder el juego de echar tantos y tantos balones fuera. Aquella historia de los gobiernos que concentran la entera responsabilidad, no se termina de ajustar a nuestro presente de mayor democracia fuera y de más conciencia dentro.

Nos queda rezar

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Sólo nos queda rezar, pues la comprensión no alcanza. Rezar para que la brutalidad salga del corazón de los violentos. Rezar para que sanen las heridas de los cuerpos, pero sobre todo de las almas. Rezar para que el vuelo de quienes dejaron sus cuerpos entre el hierro y la metralla, sea alto. Rezar para que todo este dolor traiga su debida recompensa de luz y amor. Rezar para que los trenes rueden sin contratiempo, para que los aviones se eleven sin problemas. Rezar para que las civilizaciones y los credos por fin se abracen…
 
Sólo nos queda rezar, pues es difícil comprender cómo, cuándo se ha apilado tanto odio en el corazón de estos hermanos del ISIS; pues no nos cabe en la cabeza cómo un humano pone el despertador tan de mañana para matar a tantos otros hermanos, para inundar de tanto miedo y terror el corazón de nuestra Europa querida. Rezar para que el perdón nos inunde, para que el odio jamás a haga nido en nuestros adentros.

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Somos todas las civilizaciones

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Civilización es una forma de estar en el mundo, de imaginar a Dios y Su Misterio, una manera de relacionarse con el medio, con los semejantes. Negar la civilización es negarnos a nosotros mismos y nuestro pasado colectivo, negar el potencial del ser humano para crear y recrear en diversidad.

Somos todas las civilizaciones, todas nos engrandecen y hacen de nuestro presente el más rico, el más nutrido de todos los tiempos. Somos las catedrales góticas y su sed de luz, las cariátides griegas sosteniendo impasibles piedras y nubes, los soberbios acueductos romanos trayendo el agua y la vida desde las cumbres, las mezquitas rodeadas de sus fuentes y sus risas, las sinagogas y todos sus candelabros encendidos… Somos el templo hindú desbordado de flores y de frutas, el tipi del indio inundado de sagrado tabaco. Meditamos sin mover un dedo en el jardín zen, pero damos vueltas sin parar en la “sema” de los derviches… Somos los templos de todos tiempos albergando todos sus dioses. Somos por supuesto los toros de Senaquerib, los palacios asirios y sus colosales esfinges aladas tomando impulso para alzarse a los cielos… Somos esa elevada civilización que brotó a la orilla del Tigris 3.000 años antes de Cristo y que sólo el insensato ahora puede pretender reducir a añicos.

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Hoy más que nunca el arte

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El día pasado, los yihadistas comenzaron a saquear y arrasar con topadoras y excavadoras la ciudad asiria de Nimrud, joya arqueológica del norte de Irak, una semana después de destruir valiosas esculturas preislámicas en Mosul. Pensábamos que había muerto para siempre el “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!” de aquel desafortunado general franquista. Pensábamos que tras el grito de aquel triste 12 de Octubre de 1936 en la Universidad de Salamanca, todos, cada quien en su forma y medida, amábamos la cultura.

Se nos pide un plus de compasión al contemplar como los fundamentalistas destruyen todo rastro de cultura y de arte en los territorios ocupados por el denominado Estado Islámico. Plus de compasión para aquellas almas tan dormidas, incapaces de apreciar la belleza. Plus de compasión para volcar sobre esos seres que arremeten mazo en mano contra tan valiosos legados. Plus de compasión para quienes se emplean tan a fondo en la destrucción y la muerte.

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“Je suis Charlie, je suis aussi le terroriste…”

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Cambio no sólo el ángulo de la mirada, también el latido de nuestro corazón, el clamor de nuestras gargantas. Ya nada será como antes. Ahora nos sentamos al teclado y necesariamente nos preguntamos que diría el Maestro de la ancha Shanga. ¿Cuál sería el cartón que Thay blandiría en las frías avenidas de un París estremecido: “Je suis Charlie”, “Je ne suis pas Charlie…”? ¿Cuál sería su titular? Seguramente rezaría “Je suis Charlie, mais je suis aussi les fréres Kouchi”. Si pudiera de nuevo comunicarse con fluidez, seguramente nos diría que él era “todos los nombres, todos los hombres”, el que agarraba con suavidad el lápiz y el que empuñaba con rudeza el fusil ametrallador; el que sembró derechos y libertades con su sangre y el que cruelmente la hizo brotar con sus balas. Él sería el dibujante y el yihadista, el artista y el terrorista…

¿Por qué ha cambiado tanto nuestros sentires y palpitares, nuestros rótulos y carteles ese anciano monje que hace poco se deslizaba casi en silencio por nuestra geografía? Por su “culpa” ahora nos toca ser todos los bandos. Ya no tenemos patria, ni facción, ni tribu. No sé si le lograremos perdonar… Ahora somos el trazo que sobraba del dibujante, la bala infinitamente más ignorante del asaltante. Ahora somos los de abajo y los de arriba, los de la derecha y los de la izquierda, los extremistas de un lado y los del otro… Ahora somos quienes claman por la libertad de expresión y quienes sacralizan la imagen del Profeta. Somos los que ponen velas junto a la montaña de estilográficas, somos también quienes se regocijan acariciando su larga barba de fundamentalistas.

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Ancha compasión

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Apostaría que ya nos lo advirtieron, que al otro lado del velo nuestros guías y protectores no nos escondieron información alguna. Juraría que nos insistieron que bajábamos a un mundo en que moran hombres que nunca se afeitan y que al alba son capaces de disparar en una escuela a centenares de niños indefensos. Aún con todo el panorama que con detalle nos dibujaron, nosotros debimos decir que sí. Ahora estamos precisamente en ese mundo extraño de escuelas ametralladas. Ahora es cuando los cargadores ya se han vaciado, la escuela que rebosaba vida se ha convertido en un cementerio y la barbarie se cuela en los periódicos de todo el mundo.
Ahora es cuando ya no se admiten renuncias. Ahora es cuando hemos de decir que éste y no otro es por ahora nuestro planeta, ésta es nuestra querida humanidad aún con sus abismales diferencias evolutivas. Ahora es cuando hemos de afirmar, sin sombra de duda, que los talibanes que han ametrallado hoy a la mañana un colegio de Peshawar (Pakistán) dejando un saldo de 148 muertos de los cuales 132 son niños, también son nuestros hermanos, infinitamente equivocados, pero nuestros hermanos… Seguramente estamos aquí porque nuestra compasión era aún de brazos muy estrechos, porque aún no alcanzaba a esos barbudos capaces de una atrocidad sin precedentes.
Aceleren los padres, corran lejos esas motos. Hasta el oasis de perenne paz no les alcancen las balas. Pronto pizarras sin sangre, escuelas sin luto, familias y pueblos sin tamaña carga de dolor en sus corazones. Pronto éste traiga su debida recompensa en forma de paz, amor y fraternidad.

* En la imagen, algunos de los niños que han escapado del ataque en la escuela, huyen de la zona con sus padres. Agencia: A MAJEED (AFP). Imagen extraída de El País

Rotulamos para la misma Aurora

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Tu marca también la mía. Tus sueños, tus visiones, tus anhelos…, también los míos. De cara a la nueva era de más fraternidad, de más compartir que ya felizmente se anuncia, será preciso entonar más el nosotros, entrenarnos más en la primera del plural.El día pasado vaciábamos los trastes y los libros de un espacio de Luz en el corazón de Madrid. Los amigos de Dharana han debido cerrar su local, al no poder asumir el coste económico de la renta. Pesaban esos fardos, lastraba la pena por la persiana bajada antes de tiempo. Hoy más que nunca en la ancha tierra quemada del asfalto son necesarios los espacios de Luz. Todos los espacios de Luz, de colectivo crecimiento, de compartir, son nuestros espacios; todos los espacios donde se afirman valores, principios universales; donde se ancla la paz, la armonía, la belleza, la amistad…, son nuestros espacios.

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