Enfocar la rebeldía

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La rebeldía es siempre invitada a manifestarse alegre, generosa, esperanzada. El amor, el altruismo, la solidaridad es lo que puede sostener la sana rebeldía. De lo contrario ésta se puede tornar peligrosa. Una rebeldía desprovista de comprensión y compasión puede representar una amenaza en primer lugar para quien la encarna y proclama. Sus aristas pueden ser cortantes, pueden llegar a abandonar cuerpos sin vida en anodinos apartamentos de grandes urbes.

La rebeldía descontrolada tiende a explotar. De no hacerlo fuera, puede hacerlo dentro y es cuando sobreviene la autodestrucción y se marchitan las flores que estaban destinadas a extender singulares perfumes. La rebeldía hay que sujetarla y enfocarla bien, de lo contrario puede empujar a la desesperación, junto al bote descontrolado de barbitúricos. Un recorrido de compromiso con la vida no debiera acabar en la negación de ésta, en una ingesta precipitada de pastillas.

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Otro césped

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El mundo enmudece y millones de ojos se ponen a correr tras el balón en disputa. Libramos muchos trascendentales partidos, pero toda la atención la acaparan los estadios rusos. Las cámaras no siempre apuntan al césped más urgido.

Intenté glosar ese balón que reúne a las naciones, pero el entusiasmo en favor de la cita planetaria no terminaba de brotar. Me faltó fuerza para izar palabras en favor de la reunión en Moscú de tantas y coloridas camisetas.

La luz se extrae de todas partes. Cualquier excusa nos sirve para anunciar esperanza, pero esa pelota mareada, puede acabar mareándonos a todos. La unión tampoco es a cualquier precio, al precio de sumergirnos en esa mátrix del cuidado césped que nos rodea y nunca se acaba. Sigue leyendo

Zaragoza

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El paseo por la naturaleza aporta paz, el paseo por la urbe sorpresa. Cada ciudad es una infinita caja de sorpresas. Los pasos conscientes, despiertos, reverentes son los encargados de desatar sigilosos el lazo.

La ciudad se nos regala, si nos regalamos a ella, si la hollamos con agradecimiento. La ciudad se te abre cuando la sonríes a cada paso, cuando bendices a los viandantes, cuando exploras su ADN en cada una de sus miradas, en cada perfume que te alcanza, en cada busto ilustre, en cada mendigo que saludas…

Al alabar la vida en el campo, renegué en exceso del asfalto. En realidad no sé por qué los puse frente a frente. Ellos también estaban llamados a complementarse. En realidad todos los contrarios se encuentran.

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“Chalet”

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El problema no es el “chalet”, sino el camino de barro hasta su entrada. El problema no es el deseo de paz y naturaleza a las puertas de la gran ciudad, si no el discurso que lo antecedió, las palabras con las que se faltó a otros que también la compraron. El problema de la izquierda no es su deseo de cambiar este mundo, pues ello le honra, sino su deseo, aún no trascendido, de arremeter contra este sistema que ya caduca, que ya se desmorona. No tiene futuro, sencillamente porque es insostenible, porque no se ajusta a la Ley de la solidaridad universal.

No hay que tirar el viejo orden, menos aún arremeter contra quienes lo sostienen. Caerá solo, por el propio peso de lo insostenible. Las fuerzas de lo nuevo que ya se anuncia, estamos llamados/as a ser compasión, creatividad, esperanza, alternativa…, nunca destrucción, nunca ofensa. La Luz que se abre y va triunfando por doquier, jamás pierde un instante en combatir la oscuridad que ya clarea.

¿Mayo apagado?

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Los años han ido cambiando la forma de ver aquel Mayo del 68 y sus flores y su revolución que en un momento lo fue todo. La distancia, que se ha acrecentado con respecto a aquella primavera de nuestros sueños, no implica apatía, desengaño. Creíamos en aquella revuelta, suspiramos por ella. Hubiéramos dado tanto por estar en las escalinatas de aquella Sorbona, por haber caminado aquel París convulso, inundado de estudiantes de puño en alto. Ahora mucho ha cambiado y sin embargo no quiere decir que se apago el anhelo de cambiar este mundo injusto. A fuerza de clamar imposibles, no logramos cambiar la realidad. Hubo que modular esos reclamos.

Alejarse de la barricada no significa necesariamente hacerlo de la utopía. La distancia, que ha ido creciendo con respecto a aquel Mayo, no invita necesariamente a una adhesión al actual sistema. Margen con respecto a los primeros antisistema, no implica ser uno con lo que hoy impera. Más allá de ese paisaje de cascotes se ha abierto, a lo largo de las últimas décadas, una prometedora geografía en la que han comenzado a florecer cada vez más viables y sólidas alternativas. Lo que principalmente significa a la alternativa verde y solidaria a la que estamos entregados, es que no viene a confrontar, viene sencillamente a ofrecer. Está germinando una alternativa de futuro, cuya fuerza no arranca de un desquite, de un rencor, sino de una esperanza e ilusión cada vez más anchas y compartidas.

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Historia echada a andar

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La historia, en su inherente vocación de echar hacia adelante, va buscando por doquier aquello que la empuje. La barbarie y sus manadas inconscientemente la impulsan. Un dilatado pasado de impunidad, una salvaje e indigna tradición de abuso del hombre sobre la mujer va felizmente llegando a su fin, se ha tropezado hoy, en España y en muchas partes del mundo, con un pétreo muro de ciudadanas y ciudadanos firmes en su imperioso “¡basta!”.

Las buenas noticias vuelven a esconderse entre los titulares y su actualidad agitada. Un patriarcalismo agresivo ha quedado felizmente herido de muerte. El futuro nos va alcanzando, no sin sus cuotas de dolor en tristes portales y segundos y sórdidos pisos. Las olas de indignación, son olas de imprescindible evolución, pero sería positivo que los interrogantes se prodigaran y no se limitaran a unos magistrados. ¿Y si ahondáramos también en causas más profundas? ¿Y si cuestionáramos también los San Fermines del alcohol y el desmadre? ¿Y si pusiéramos el interrogante a la fiesta catártica, a la sociedad desnortada, hastiada que nos conduce a ella? ¿Y si esta ola de indignación que recorre todos los rincones de nuestra geografía comenzara a cuestionar también un hedonismo imperante que banaliza las relaciones sexuales, que se libra muy mucho de vincular sexualidad con imprescindible amor?

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Master

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No nos afecta que se regale un master, lo que quisiéramos es que se regalaran auténtico, emancipador y superior Conocimiento.vNo nos importa un cuadro honorífico más o menos sobre el blanco de su sala de estar; lo que quisiéramos es que se impregnaran de verdadera Sabiduría, aquella que invita siempre a servir y entregarse por entero a la comunidad, sobre todo a los más débiles; la Sabiduría del gobierno para todos, capaz de encontrar la síntesis entre los enfrentados; Sabiduría de la paciencia, del diálogo, del entendimiento con el contrario…

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¿… y ahora?

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Tras la marea morada
El morado se apeó ya de solapas y balcones. Las gargantas descansan tras haberse vaciado. Las calles se despejaron de almas anhelantes de algo nuevo. Está bien bien la huelga general, la protesta ingeniosa, la pacífica y alegre manifestación afuera…, pero no deberemos olvidar que las verdaderas transformaciones se dirimen adentro, en un asfalto más íntimo. Una pancarta sólo da pistas, difícilmente abarca todo lo pendiente. Aún será necesario protestar en el exterior, pero la verdadera protesta la hemos de llevar a nuestras instancias más interiores, a nosotros/as mismos/as, por todo lo que aún nos falta por Ser, por crecer, por desarrollarnos en amor, en solidaridad, en perfección…
Implicados verdaderamente en la evolución interna, todo se dará por añadidura. El delantal no colgará en el balcón, porque todos/as nos pelearemos por él. Todos querremos dar lo más y lo mejor de nosotros mismos, incluso fregar el water, hacer las labores más ingratas…, para que no las tenga que hacer ya nuestra compañera, ya nuestro compañero. A la postre no es una cuestión de género, sino de aflorar de un alma que no es ni hombre, ni mujer. A veces venimos a la tierra con vulva, otras veces lo hacemos con pene. Así alternativamente, por lo que no conviene la identificación excesiva con nuestra última vestidura.

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Todos queremos más…

28827438_10155419911372379_5036737099901568456_o.jpgLa policía vasca es la que mejores condiciones laborales y mejor sueldo goza en el Estado, pero ello no fue óbice para que el día pasado los legítimos representantes del Gobierno Vasco recibieran en Vitoria un bochornoso e injusto abucheo a la entrada del Parlamento por parte de los “reivindicativos” ertzainas. Un amigo pequeño empresario me confesó el día pasado, que cansado de bregar con las constantes e insostenibles demandas de subidas salariales, les planteó seriamente a los compañeros la posibilidad transformar la empresa en  cooperativa y nadie le apoyó. Nadie mostró interés por la propuesta.

Todos quieren más, la guardia civil, los policías, ahora los funcionarios de justicia…, también los pensionistas por más que muchos de ellos/as sí que tienen sobradamente justificada su reivindicación. ¿Cómo alcanzar el justo medio, cómo aguzar discernimiento y apurar generosidad para que impere el equilibrio? Hay casos en los que las reivindicaciones son de ley, como puede ser el último ejemplo mencionado de muchos/as pensionistas, sin embargo hay otros en los que la justicia de lo reivindicado queda en cuestión. No vivimos un universo de barra libre. Todo tiene su medida. Será preciso vindicar lo que es ponderado; no lo que va en detrimento de la también justa retribución ajena. Será preciso tomar mirada aérea y por lo tanto conciencia, no sólo de nuestros intereses, sino sobre todo de los colectivos.

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No sé bordar, pero…

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Antes teníamos un poco de jardín y huerta y ella cuidaba las flores. Siempre quise tener una casa rodeada de flores. Yo cavaba la huerta. Ella era feliz cuando le llevaba los calabacines a la cocina. Nunca me pidió que susurrara a las flores como ella solo sabía; nunca le pedí que cogiera la azada y dejara sobre la tierra sus limitadas fuerzas.

De pequeños, ver a mi padre cocinar los domingos era digno de la mejor película de humor. Antes de la  misa se adueñaba de la cocina y hacía una singular paella con olla express. Era un arroz que quedaba como un puré y que todos lo comíamos felices, pero hubiera sido fatal que mi padre hubiera cocinado todos los días. Coger la olla express era una forma de expresar todo lo que le quería a mi madre, que era un infinito. El arroz era un desastre, pero poco importaba, estábamos acostumbrados a ello. Además le echaba muchos ingredientes y al arroz-puré no le faltaba sabor.

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Más allá del “0’25”

ComCom-s.jpgNo son pensionistas, son nuestros padres, nuestras madres. No son en función de una pensión; son, antes que nada, todo lo que se han desbordado y nos han dado. Dignidad de las pensiones sí, por supuesto, pero la dignidad de nuestros mayores no es una cuestión que sólo competa a nuestros dirigentes.

Somos porque fueron y ahora toca devolver, velar por su tranquilidad y sus necesidades satisfechas. La caja común deberá cuidar las cajas de nuestros mayores, sin embargo no es sólo cuestión de cajas y dinero. La verdadera dignidad no tiene que ver únicamente con la cifra que el Estado ingresa en una cuenta corriente. Unos euros arriba o abajo no determinan una calidad de vida. No es tanto lo que la tercera edad pueda reivindicar, sino lo que nosotros también les podamos a ellos/as reivindicar, revalorizar. No es tanto lo que ellos puedan pedir, sino lo que nosotros les podamos dar.

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Veneraré mi cuerpo

El suicidio a la luz de la sabiduría sin tiempo

 

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Agradecer todos los dones que la Vida nos ofrenda, por supuesto esos dedos despistados que teclean, esa mirada que se pretende compasiva, ese corazón que late tantas veces acelerado… Agradecer esos pies que en breve pedirán hollar caminos de lluvia, esa piel preparada para sentir el frío helador del invierno, pero también el éxtasis de la caricia, ese cerebro capaz de arrastrarse por el lodo, pero igualmente entrenado para los sublimes pensamientos, ese oído capaz de alcanzar celestiales melodías y a la vez… Agradecer esta envoltura del alma que nos permite ser también en medio de este planeta mágico y entrañable. Cada instante en la tierra puede ser una dádiva, por mucho que a veces la noche semeje que no cede a la luz una rendija.

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Black Friday

23795494_10155167386327379_3623813800869024868_n.jpgNo insistan por favor. No paso hambre, ni necesidad. Frío lo justo. No tengo más piel para más ropa, ni más armario para más objetos. No necesito más cosas. Necesito más calma, más comprensión, más compasión…, pero el Black Friday no me coloca al alcance nada de ello. No quiero más cosas; quiero más cimas, más bosques, más amaneceres… pero el delirio del consumismo no considera nada de ello.

Necesito más tiempo, más arena, más playa, más paseos con amigos…, pero no los he visto listados en ninguna oferta de este viernes negro. Necesito más humanidad en mi interior, más verdadero anhelo de compartir y cooperar…; necesito acordarme más de la suerte de mi hermano en apuros, más generosidad en la cotización a las ONGs…, pero nada de ello anuncian en las pantallas y neones de hoy.

Black Friday para todos, sobre todo para quienes sí necesitan comprar, para quienes tienen sus pieles desnudas y sus despensas vacías. No sé cómo se manejan los aparatos de última generación. El ordenador ya va lento, el coche casi a pedales…, pero no necesito más cosas. La felicidad no me la traerá más cola en ninguna caja para comprar lo prescindible, sino que otros puedan hacer cola para adquirir lo imprescindible. Otros puedan disfrutar de lo que Dios ya me ha otorgado en demasía.

Arteixo 24 de Noviembre de 2017

De plegaria y humildad

23754639_10155164673617379_5337018508934852039_n.jpgTodos debiéramos rezar, no sólo el dirigente de ERC. Todos debiéramos sincerarnos en nuestro interior y preguntarnos cómo hemos podido caer tan bajo en el desprecio de la disidencia. Estamos poniendo el grito en el cielo porque unos señores y señoras han clamado pacíficamente sus aspiraciones desde una escalera gótica y sin embargo nadie se inmuta cuando una juez les llama “criminales”, cuando los articulistas de los mayores periódicos de España ridiculizan a uno de ellos, hombre de fe sincera que discreta y silenciosamente se arrodilla cada día en la cárcel y reza.
¿Cuánta soberbia no cabe en esa “España grande” y cuestionablemente unida de la que tanto nos empezamos a cansar? Hace falta toneladas de humildad en la política, la judicatura y la comunicación, so pena de no saber hasta dónde caeremos. Hace falta una nueva y más honda “apertura”, una nueva transición hacia una más altruista mirada colectiva. Quizás todos debiéramos arrodillarnos con “Fray Junqueras”; debiéramos tomar su rosario y meditar sobre cómo hemos podido llegar hasta aquí, cómo hemos podido alcanzar esta altanería, cómo dado rienda a este ultraje vejatorio del otro humano, cómo por ejemplo el insulto hacia el político catalán se ha elevado sin pudor a la categoría de gesta valiente.

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Más allá de la “manada”

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Faltaría más…, claro que el “no es no”. Claro que lo que ocurrió en ese oscuro portal pamplonica es a todas luces reprobable, claro que son imprescindibles al día de hoy todas las campañas contra las agresiones machistas. Sin embargo amén de la denuncia, quizás merezca la pena adentrarnos en el mundo de las causas. Quizás también preguntarnos por el tabú de unas fiestas siempre tan al borde, indagar en las razones y orígenes de una violencia machista aún vigente para nuestro sonrojo; quizás empezar a cuestionar la diaria catarata de imágenes en las que la agresividad del hombre va imponiendo su trasnochada ley, así en la pantallas grandes como en las pequeñas. En un mundo de extraordinaria violencia visual, disparates como el del portal pueden estar servidos.

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Delicada, complicada justicia

23659585_10155155203817379_2618042487506204164_n.jpgvParten los jueces de este mundo, también los más severos. Cogen un avión con el que no vuelven. Ello nos da noción de lo pasajero de la justicia de la tierra. Ello da relevancia a una Justicia más perenne, más verdadera. La justicia no siempre acierta, por ello hay Justicia detrás de la justicia.

La mortalidad de los jueces nos devuelve a los límites de la justicia, nos acerca a la noción de lo pasajero de cuanto juzgan. Todo era ensayo, todo era juego, teatro… como lo queramos entender. Nuestra presencia en la tierra era solo excusa para entrenarnos en ser mejores personas, para medir nuestra capacidad de amar. Por eso bajamos a este mundo, por eso nos pusimos la pruebas que estamos afrontando. No necesariamente para que otros nos juzguen, sino para que nosotros mismos calibremos nuestra capacidad de ser uno con el otro, de ponernos en su lugar, de amarlo como a nosotros mismos.

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Vamos a despegar

sede apple.jpgNo es una nave extraterrestre anclada en medio del lejano bosque de un exótico mundo. Es planeta tierra, es “Apple park”, la nueva y recién estrenada sede de la multinacional de la manzanita. La nave de Apple dice mucho de nuestro futuro. A diferencia de un pasado arquitectónico empresarial dominado por el cuadrado, podemos ver en ese inmenso óvalo una forma más amable, integrada con la naturaleza y a su vez integradora. Podemos observar algo de la expresión de un espíritu venidero que nos invita a colaborar y compartir. Las superficies interiores sin tabiques, los anchos ventanales al bosque, los criterios de sostenibilidad utilizados…., nos hablan igualmente de ese nexo con el futuro y su utopía. Sin embargo no conviene olvidar otros presentes aún tan alejados de esa utopía.

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No retrocederemos Rambla arriba

527171-943-655.jpgDebiera preñar al alma de más silencios. De buena mañana ya sentí los dedos agitados, urgidos de teclado, apremiados por seguir cantando a la vida en su ya maduro estío. Silencio nutricio, colmado de aliento y buena nueva, bendita aurora. Tras veintidós días de silencio, me acerco impaciente a la palabra madurada, fecundada en esperanza.

La noche sólo amagó a la orilla del Mediterráneo… Sigue habiendo un sitio para todos en las Ramblas del encuentro, del mestizaje; sigue habiendo un sitio para todos en las avenidas de la paz y la concordia. Las Ramblas nos siguen empujando al mar, nunca a la caverna y su infierno. La civilización se levanta en la arena templada. El Plan es de avanzar hacia el abrazo, nunca hacia el choque. Itaca es la unión y la confraternización, nunca el odio y la confrontación. Las Cariátides drapeadas seguirán sosteniendo un templo que acoge todas las salmodias.

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Gestación subrogada

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Se abre el debate en España sobre la gestación subrogada. A la maternidad le rodea el puro y tierno amor, no el frío e interesado comercio. Si empezamos a alquilar el vientre de la madre, si desacralizamos lo más sagrado, es que muy probablemente debamos de empezar de nuevo. “¡Ne touche pas…!” Si comenzamos a comercializar con el lugar más intocable es que esta civilización ha terminado de hacer aguas. El dinero jamás debería de entrar en el vientre que engendra nueva vida.

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Día del Orgullo

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Todos los humanos son hermanos más allá del género de calor que busquemos entre las sábanas. Nadie puede perseguir a nadie por su condición sexual. El sagrado respeto al otro en su condición es el primer signo de civilización. A partir de ahí orgullo, no tanto de nuestra condición sexual de un signo o de otro, sino de nuestra capacidad de amar en olvido de nosotros mismos; orgullo de amar sin que deba necesariamente mediar sexo, de nuestra capacidad de entrega sin ninguna contrapartida.
 
 
Orgullo si en verdad un día lo conseguimos, pero orgullo íntimo, silente. Nadie se tiene que enterar de que hemos alcanzado las más puras y nevadas cumbres, de que hemos tomado pleno gobierno de nosotros y nuestras pulsiones.
 
No tanto el orgullo lanzado a los cuatro vientos que nace fundamentalmente del deseo, sino orgullo callado, discreto que nace de la blancura del alma y de los triunfos de desinterés personal, sacrificio y altruismo que va cosechando.

Nunca a la contra

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Nunca a la contra de nada, siempre a favor. No pelearé contra el cáncer, ni siquiera en el día de su lucha. No prima tanto lanzar campañas contra enfermedades que creamos nosotros con un modo de vida insalubre, prima más bien afanarnos en crear una sociedad armoniosa, saludable, cada vez más en contacto con la Madre Tierra, cada vez más cuidadosa de la alimentación y los hábitos equilibrados. Nos aplicaremos en mantener un cuerpo vigoroso, fuerte, alcalino en el que no quiera anidar la metástasis. No podemos luchar contra el cáncer y dejar sin cuestionar la agroindustria, las macrociudades, la invasión del coche, la cultura del sedentarismo, del pastillazo…

Ser ofrenda

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Ningún pasillo me conduce a “caja” después de haber llenado mi cesta de setas, nueces y castañas. No veo la etiqueta en ninguno de los frutos de otoño que las ramas me ofrendan a la vera de casa. Por más que busco, nada en la naturaleza encuentro con código de barras. La Divinidad no puso ninguna aduana a la salida de ningún valle. Todos los peajes son invención, argucia humana. El universo entero es un acto supremo de infinito amor; toda la creación es donación, servicio sin medida. ¿Cómo poder ser nosotros igualmente donación, cómo universo generoso, cómo entrega sin fin? Como es en grande sea en pequeño, ¿cómo vivir dándonos sin medida, ni proporción?, ¿cómo no renunciar a estos ideales en un mundo de acumulación desigual y sin medida, de mutuos codazos y férrea competición?

Llega un otoño especialmente maduro en que la Vida nos acorrala con todos sus frutos, con todos sus gestos dadivosos y nos pregunta si ya nos hemos por fin enterado, si hemos alcanzado a comprender la razón última de nuestra presencia en la tierra. Acostumbrados a sacar la billetera en establecimientos y supermercados, podemos llegar a olvidar que todo está y estuvo a nuestra disposición. La Creación entera, todos los Reinos mineral, vegetal y animal se rinden a nuestros pies en un gesto de infinito altruismo. Cierto, todo era gratis, todo era “duty free”, pero a la vez todo era una invitación a ser nosotros también gratuidad.

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Danzas del mundo

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No cogimos ningún ferry, pero nos embarcamos…, viajamos por todo el Mediterráneo sin salir de la sala. Nos ganó el alma de cada orilla, de cada pueblo, que en realidad se expresa en su música, su folklore, su danza… Fue todo el fin de semana sumando almas a nuestro alma, sumando ritmos, culturas, formas diferentes de estar en el mundo. A cada vuelta, a cada salto se afianzaba el convencimiento de que hay otra forma de estar en el mundo, en círculo, en mutuo aprendizaje y fecundación, en incesante compartir y colaborar, en vida en fraternidad…

La mente volvía hacia atrás, retornaba a otro Mediterráneo lejano, nublado que acabo de visitar de pinchos y alambradas, de precarias tiendas de nylon, de largas colas para pedir algo que comer… Allí no había círculo, no sonaban “sirtakis”, “hassapikos”, “kolos”, “horas”…. ¡Por unas orillas en las que vuelvan a sonar esas músicas, por un mundo en el que todos los humanos nos volvamos a coger de la mano!

* Imagen de Pili Conde  correspondiente a este pasado fin de semana en Carballino (Ourense). Un año más hemos disfrutado con el encuentro de danzas del mundo organizado por “Monteira Danzas Do Mundo”. ¡Grazas de corazón Monteira de Vigo!

La pelea agotada de Otegi

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Hemos escrito muchas letras pidiendo la libertad de Arnaldo Otegi, encerrado durante seis años y medio por el “delito” de su importante contribución a la paz en el País Vasco. Nos alegramos de que el líder independentista esté con los suyos, fuera de una prisión en la que nunca debió haber entrado. Sonreímos con él, sonreímos porque la sonrisa es la mejor respuesta a la contrariedad, a la dificultad. Sonreímos pero no vamos a pelear, como él también nos recomienda, no vamos a ganar por lo menos sobre nadie, si es caso sobre nosotros mismos.
La prisión no ha agotado en el incombustible líder abertzale las ganas de pelear. Desde las puertas de la prisión llama a seguir la batalla, como si la sombra hubiera sido en balde, como si sólo hubiera sido un paréntesis. Dejando a un lado el hierro y el plomo, insisten que hay que seguir batallando. La salida de Otegi tiene ese sabor contradictorio. Nos alegramos de que uno de los últimos presos de conciencia salga en libertad, pero echamos en falta una autocrítica que llegue hasta el final, por supuesto que vaya acompañada de una exigencia de disolución de la organización violenta. Dada su autoridad moral en el entorno radical abertzale, esa exigencia no caería en saco roto.

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¿Ángela o demonio?

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 Seguramente ninguna de las dos cosas, seguramente un interrogante en el camino para la reflexión impostergable. Quizás debamos pensarlo dos veces antes de lanzarle a la canciller Merkel nuestro siguiente dardo más o menos lacerante. La crisis de los refugiados le ha generado un importante descenso en la estimación del voto favorable, pero ella parece más pendiente de otros números, está más interrogada por el aumento de las cifras de quienes huyen del horror y plantan sus tiendas “quechua” en mitad del barro y la nada.

 La crisis de los refugiados no se lleve por delante el sueño de la Europa unida y solidaria. El corazón del viejo continente llevaba décadas sin ser así interrogado. Toca apretujarse junto a la llama fraterna. El invierno es tiempo de encender fuegos y abrir puertas, no de sembrar alambradas, sin embargo el cielo de Alemania se nubla a menudo estos días. Es el humo negro de nuestro individualismo que sale de los establecimientos para refugiados ardiendo; es la oscura niebla de la incomprensión, del desconocimiento de que toda civilización que se precie no echa candados, no se acoraza. Al fin y al cabo, el dilema del común hogar europeo más o menos abierto, no se dirime sólo en el Bruselas de allá lejos, también en nuestro propio y personal gobierno, más íntimo, más de adentro.

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Día de la mujer

 

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Por ellas y su latido que en el vientre bombeó esperanza. Por ellas, por sus labios que al alba nos dieron ternura, por sus pechos que nos dieron vida, por sus sudores que nos dieron pan… Por ellas, por sus sonrisas que hoy nos siguen dando alas, por sus guiños que siguen tentando eternidad…

Por las que son aquí, por las que nunca han partido, por las que están llegando… Por ellas y sus derechos incontestables allí donde aún son pisoteados. Por ellas y las veces que nosotros no fuimos esperanza, ni ternura, ni promesa, ni alas, ni vida… A ellas siempre, siempre gracias.

8 de Marzo. Día mundial de la mujer trabajadora.

  • Imagen: Tata Momo posa en la cocina de su restaurante en Bouake (Costa de Marfil).  THIERRY GOUEGNON (REUTERS) Origen: El País

La era de los milagros

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Ha entrado con tanto sigilo que quizás no nos hemos percatado de su omniabarcante presencia. El milagro ha llegado, pero apenas lo hemos saludado. Lo que jamás siquiera ayer imaginábamos hoy es presente, universal, cotidiano. Vivimos la era de los milagros en el ámbito de la ciencia y la tecnología, de la maravilla otrora ni remotamente concebida. Sólo tenemos el peligro de avanzar en esta era prodigiosa sin necesaria conciencia, sin debida reverencia.

Ese pulgar moviéndose familiarmente por la pantalla tiene detrás toda una historia humana, bruta, dificultosa, sufrida…. Vivimos los tiempos del privilegio. Apenas un levísimo toque para que el milagro se consume. La punta del dedo se desliza suave y vamos a cualquier parte del mundo virtual. Pienso entonces en mi padre que no le dio tiempo a llevar su dedo a la pantalla, que aún no pudo vivir la magia del doble “click”. Pienso en mi abuelo cuando armaba rudimentarias radios en su casa de forma artesanal. ¿Cuál no sería su asombro ante estas pequeñas ventanas al mundo entero? Reparo en quienes apenas se pudieron asomar a la era de los milagros, trato de imaginar todos los esfuerzos que nos precedieron hasta deslizar el dedo por la “tablet”.

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Campo abierto

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Se pasaban al día ocho horas con una motosierra que cortaba las vísceras de los animales. Ahora esas potentes máquinas se han detenido. El fuego que acabó con la factoría las ha parado. Se volverán a activar en el 2016 cuando de nuevo pongan en marcha la gran planta de “Campofrío”. Son más de mil trabajadores los que aguardan a que pasen estos veinticuatro meses para volver a tomar la motosierra, el hacha, el largo cuchillo.Tiene que haber otro horizonte, otro cielo, otra anhelo, otra fábrica, otra forma de relacionarnos con los hermanos animales. Tiene que haber otra herramienta que blandir, otro aire que respirar. Tiene que haber otro espacio sin esos efluvios etéricos del sacrificio consumado. Techos sin longanizas, sin chorizos, ni morcillas, sin tanto sufrimiento de nuestros hermanos colgando de nuestras cocinas.

Sabemos que hablamos en clave de futuro. Cuando nos ponemos a soñar, sólo encontramos animales libres y felices. Nos armaremos de paciencia, pero jamás renunciaremos a esa ternura, a ese amor que les debemos. No sé si es pronto para hablar de ese futuro, no sé si es el momento oportuno cuando alrededor de mil trabajadores burgaleses se han quedado sin trabajo. No lo sé, pero tiene que haber una fórmula en que todos seamos felices, humanos y animales, en que el trabajador recupere la dignidad que le da su trabajo, sin necesidad de empuñar esos instrumentos, sin fichar en esas granjas, en esos mataderos.

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De ausencias

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Saborear la ausencia, para hacernos más y más a la Presencia. Disfrutar la ausencia a sabiendas de que estamos también aquí para construirnos más y más desapegados, autosostenidos, inundados de la Presencia. Medir la ausencia a sabiendas de que los caminos están abiertos y la llave del coche sólo descansa en el bolsillo. Las carreteras saben de nuestros amores de este mundo, pero hay un alma aguardando el despegue enseñoreado de ese amor terreno. Aún es una carencia, no sólo una entrega lo que tan a menudo nos empuja al ser querido. Es en la ausencia cuando cobra más preciso relieve y medida ese sentimiento que denominamos de amor. ¿Nos debería bastar con lo que fue? Siempre queremos más. Aún no nos hemos completado. Aún hay una Ternura que no nos inunda y por ello echamos en falta esa voz femenina, esa cabeza en la almohada, ese tacto amigo. Aún hay un Candor que no nos asalta por entero y por eso esa piel que busca desesperada la otra piel, ese alma al arrimo anhelado de la otra alma.

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Siempre un alma noble

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El verano a menudo escaso de noticias se presta a un más potente foco sobre declaraciones faltas de fortuna. Las palabras del popular psicólogo Javier Urra en los Cursos de Verano de San Sebastián, en las que sugería que el suicidio puede ser una salida ética para los violadores en serie suscitan indudable controversia. 

El suicidio difícilmente puede ser una salida, pues representa el mayor fracaso concebible. La sacralidad de la vida se extiende a toda condición humana, más allá de la voracidad de sus deseos y la agresividad de sus impulsos. Siempre hay un sol dispuesto a brillar aún tras las noches más terribles, siempre hay un alma dispuesta a irradiar, aún en las personalidades más ganadas por la brutalidad. Siempre habrá un retorno posible a la mano que acaricia y a los labios que besan con una dulzura sin mácula. Siempre hay una capacidad de transformarse cuando alguien se siente reconocido y amado. Eso no es “buenismo”, como expresa el propio Urra, eso es fe y esperanza en el humano, en su condición trascendente, en su capacidad de regenerarse y evolucionar.

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