Huracanes, devas y corrientes de vida elemental

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Restablecer la alianza con la vida

Vengo de la orilla donde las olas rompen sin tragedia, donde el viento seca el sudor del paseo y no arrasa. Vengo de preguntar a las olas, de interrogar a la suave brisa cantábrica, ¿qué podemos hacer para mitigar el dolor del mundo? La pregunta nos perseguirá allí donde vayamos. ¿Qué podemos hacer para que la tormenta no monte en cólera, para que la Madre Tierra no se desperece violenta? ¿Qué podemos hacer para que Irma, José… sigan siendo nombres de inocente pila, no de desoladora destrucción? ¿Cómo podemos solidarizarnos con cuántos temen que en estos mismos instantes sus casas salgan volando? ¿Qué podemos hacer para apaciguar el sufrimiento de nuestros hermanos encerrados en búnkeres y sintiendo amenazados sus hogares, sus cultivos, sus arboledas, sus paisajes…?

La realidad de la Naturaleza oculta y sus sorpresivos fenómenos se nos irá revelando en el curso de los próximos tiempos. Por lo que sabemos y sabemos muy poco el mundo angélico o dévico está detrás de todos los fenómenos atmosféricos. Podemos realizar sencillas prácticas de invocación de las entidades dévicas, establecer un diálogo de amor con el viento, con el fuego, con la lluvia…, pero sobre todo podemos establecer un permanente relación de amor con la Madre Tierra y con el reino dévico creador y sostenedor de todas las formas y fenómenos.

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Nuestra propia investidura

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No tanto predicar contra la contaminación, sino intentar que nuestros días discurran con la menor huella ecológica posible. No tanto criticar esta civilización tan individualista y materialista, sino comenzar a cocrear, en la medida de nuestras posibilidades, enclaves compartidos, responsables. Las ecoaldeas, los asentamientos comunitarios y sostenibles aumentan el sentimiento de adhesión a una comunidad global y son capaces de imbuir en nuestro interior algo de ese propósito superior.

La vida es una constante llamada al compromiso, pero la vida amenazada redobla si cabe esa necesidad de abrazar responsabilidades. Al XIX Encuentro ibérico de Ecoaldeas vinieron de toda la península, también de comunidades y ecoaldeas de Europa y América. Se acercaron con sus testimonios inspiradores, con su variado bagaje de experiencias prácticas, con su corazón henchido de cercanas alboradas. La cita era en la comunidad de “Amalurra” en Arzentales en la comarca vizcaína de las Encartaciones, en los últimos días de Agosto. El objetivo, arrojar miradas juntos al mañana, intercambiar información, alentar nuevas y prometedoras realidades… Más allá de todo ello, seguramente lo más necesario afianzar nuestro sentimiento de pertenencia a un movimiento global, acogedor, integrador y tan cargado de esperanza.

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Rendidos a la Creación

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No sólo la bendita leche materna, no sólo ese néctar sin par con más de doscientos azúcares… No sólo el blanco lícor de la suprema e inigualable ternura, en realidad ningún alimento natural se puede sustituir, ni emular y es muy bueno que nos vayamos dando cuenta. Es así como vendrá la rendición, es así como nos alcanzará el agradecimiento desbordado.

Ya hemos jugado a dioses más de la hora. Toca alejarnos de la errada tecla del “copy-paste”. No sólo la leche y los alimentos, en realidad nada que Dios y su infinita cohorte de devas y elementales haya creado, puede ser sustituido y a nosotros nos corresponde contribuir humildemente a ensalzar esa Creación, a cantarla, a protegerla, nunca a dañarla.

Hoy es portada en “El País” que la sabiduría de la Creación es infinita, mañana sea también primera plana que respetaremos por siempre esa Creación, que seremos con Ella, que la cuidaremos y glorificaremos por los siglos y los siglos.

“Renacidos”

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Sólo fotografía y paisajes sobrecogedores, nada más. Sólo una nueva historia de rencor y lucha a muerte, la historia millones de veces contada y filmada de un odio antiguo entre humanos. No nos termina de ganar esa ecología de Leonardo di Caprio, que deja tantos residuos contaminantes en la esfera emocional humana. No nos termina de convencer ese universo blanco teñido de tanta sangre. ¿Para qué queremos esos inmensos paisajes vírgenes, si después de todos esos kilómetros arrastrándonos por la nieve, no damos con un fuego de fraterna acogida?
 
La venganza culminada nunca será un buen final de ninguna película, ni su relato nos dejará satisfechos al encenderse las luces. “Renacemos”, no cuando sobrevivimos a las cataratas heladas, vencemos al oso feroz y nos escapamos de los indios salvajes, sino cuando ganamos la partida a ese odio bruto y ancestral que aún nos habita.
 
* Fotograma de la película “Renacido” (“The revenant”), estrenada el pasado fin de semana en España

Piedra y memoria

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No es musgo, es húmedo, salvaje, preciado envoltorio. No son ruinas, son legado. Recoger la herramienta, tomar relevo, continuar la Obra. Sumar sudor al sudor. ¿Será entre las piedras antiguas de O Couso que tomamos más precisa noción del Divino Plan, de la Sagrada Trama? Esos muros gigantes parecían preparados para los vientos venideros, para las tormentas que los compañeros ni siquiera imaginaron. No construyeron para ellos, levantaron para el futuro. Herramienta en mano debieron intuir nuestros pasos, apreciar nuestro anhelo.

Acariciar la piedra es volcar de una la memoria, traer sus “gigas” al instante. No concebimos presente que no honre el legado, en cualquiera de sus formas y manifestaciones, de quienes nos precedieron. Nunca se acaba el reemplazo. ¿No será ese Plan que nos desborda, sino una conciencia del relevo? Es al obviar la firma cuando en verdad ensanchamos la Creación, contribuimos a Su infinita Gloria.

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Ceremonia de Hermandad y Luz en Aralar (Navarra). 1º de Mayo 2014

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De tantas ganas que teníamos de musgo y de bosque a poco acampamos bajo la lluvia incesante… ¿Cuántos años ya sin cerrar el sagrado aro a la vera de las hermanas hayas…? Será que hemos de consumir toda la rebeldía hasta que en el primero de Mayo vuelva a brillar el sol sobre la montaña. ¿Qué es lo que nos sigue atando a ese frío frontón que tan gentilmente nos ceden en la verde ladera?

A veces nos llueven para que brotemos belleza en medio de los más inhóspitos recintos, a veces nos jarrean para prenderla en mitad de la gélida nada… Por eso las mujeres se colocaban rosas en su pelo y los niños acercaban margaritas al altar…; por eso cantamos con todo el pulmón y oramos con todo el corazón. Tantos años refugiándonos bajo cobertizos, carpas y toldos, que ya no recordamos cuando el sol templaba nuestro círculo sagrado junto al dolmen. No olvidamos el brillo del Astro, sólo opositamos a su eterno abrazo, algún Mayo allá en las alturas.

* Amplia galería de imágenes de la edición de este año, así como historia y significado de la ceremonia en http://www.aralar.es

Leña seca

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Recojo ramas caídas en el corazón del bosque antes de que se acerquen las copiosas lluvias anunciadas. Lo de apretar un botón y empezar a sentir calor es sólo cosa de nuestros días. Llevamos una vida tan sedentaria que después nos quejamos de los achaques. Ayer teníamos que ir a los bosques, sumergirnos en sus mágicos corredores y acarrear el hatillo de leña para calentar el hogar, para cocinar nuestra cena.

Lo acabamos de ver en la India. Al atardecer los caminos se inundaban de mujeres, cada una con su “sari” más colorido y bello, su movimiento más elegante, digno y grácil; cada una con su pesado hatillo de leña en la cabeza. Allí, cena caliente es igual a largo sendero en pos de ramas caídas. Ahora a miles de kilómetros de distancia, trato de tomar ejemplo. Recojo leña y agradezco a cada árbol el regalo que me proporciona para calentar mi hogar. Agradezco también la generosidad de la Madre que me ofrenda astillas de todos las formas y tamaños para poder encender mi fuego.

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Mujeres valientes, no brujas

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Sin memoria no somos nada. Si nos roban la memoria, nos quitan todo, nos privan de nuestro anclaje, se quedan con nuestro futuro. Paseo los inmensos hayedos desde Etxalar hacia Zugarramurdi intentando atrapar algún fugaz susurro de esa memoria desilachada. Nuestra memoria se esconde bajo las hojas del otoño, en el canto de los ríos, en el viento de nuestros valles… Se refugia silente en la llama del hogar, en la semilla del granero, en el corazón de la montaña… Nuestra memoria rueda también en el asfalto de la plaza. La encontraremos en los labios que balbucean nuestra lengua antigua, en los mayores que protegen en su corazón el legado.

Nuestra memoria se une a otras memorias y juntas conforman el acerbo común de los cantos de los ríos, de los soplos de los vientos…; el tesoro planetario de las lenguas antiguas, de las nanas de las madres y las artes y costumbres de los mayores, de las formas diferentes de ver e interpretar el mundo… Nuestro canto a la Madre Tierra-Amalurra, se suma a otros cantos y juntos elevan una misma alabanza a la Creación entera. A la memoria no llegamos a través de la cultura subyugante y desnortada, ni tras bombardeo de “novedades” groseras… La Madre creadora y sostenedora sostiene también el hilo de la memoria. Encontraremos ésta igualmente en la suma de contenidos y valores elevados que no cedieron, que no cayeron en el “tsunami” de la uniformización, que no tragó la globalización alienadora.
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La Gran Playa

Todavía un chapuzón en una cala desierta y salvaje de nuestro litoral antes del campamento (www.pirinea.org). Siempre el gozo de compartir la nueva vida, las nuevas olas que nos alcanzan… Me apresuro al monitor antes de olvidar la magia de esos baños purificadores al amanecer. ¡Feliz verano pleno de aprendizaje y realizaciones afuera y adentro! ¡Feliz y nutritivo chapuzón para todos/as vosotros/as con todo sentimiento!
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Rumbo a tierra pura

De repente todo aparenta funcionar. El tren, el metro y el autobús llegan a la hora exacta. Las máquinas devuelven el cambio preciso y dentro del vagón las mujeres acunan en su regazo criaturas que duermen plácidamente. El rimel embellece aún más los ojos somnolientos de las 7 de la mañana. Todas las ruedas ruedan. Todas las luces se encienden. En el vagón reina sepulcral silencio, pero seguramente algunas mejillas guardarán aún el calor reciente de un beso franco.

A esas horas, no hay atascos en la M40, ni en la M50, quizás ni siquiera en la M30. No hay aglomeraciones en las estaciones y la gente regalará generosamente los “buenos días” al llegar al trabajo… ¿Será que este mundo tiene cuerda, que erramos al desear su caída precipitada? ¿Será que pretendemos tumbar un orden cuando éste funciona al minuto? ¿Será que aún no hay recambio, que la nueva civilización aún necesita engrase en sus rodamientos?Seguramente nos podemos acostumbrar a todo, podemos sobrellevar el asfalto inmenso, morar en su enjambre vida tras vida. ¿Pero se trata sólo de rodar o podemos pedirle más a la vida? ¿Más magia, más revelación, más conciencia…? Sí, la magia de lo natural puede llegar a aflorar en la megaurbe, pero más allá de ella, seguramente se multiplica. ¿Cuánto asombro, cuánta maravilla, cuánto de enseñanza y genuino alimento deseamos inyectar en nuestras vidas? ¿Podemos realmente sobrevivir lejos del viento que sacude, del pájaro que canta y de este otoño que explota y nos deja sin habla?

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