Ensanchar la fe

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¿Suficientes dedos para cubrir el pasmo en Su Rostro? ¿Algo más inconcebible en el  Nazareno que el temor a la fresca brisa fronteriza, al aire renovado? Triste liderazgo el del viejo miedo, triste imperio el de la torpe doctrina. ¿Si constreñimos la fe, no estaremos ahogándola? ¿Si limitamos la devoción, no estaremos apagándola?

Las bolas de un “mala” (rosario hindú) no son menos redondas que las de un rosario cristiano. Es el corazón que las acaricia el que les saca brillo. Un sentido rosario es también un noble ejercicio de “bhakti-yoga” o yoga de la devoción. La carta beligerante de los obispos vascos y navarro frente a otras espiritualidades pareciera fechada en edades más oscuras. Cuesta ubicarla en nuestros días de mutua, anhelada, gloriosa fecundación interna. El yoga, el reiki, la meditación… no pierden con sus condenas, pero sí ellos y su Iglesia atrincherada condenándolos. Si confrontamos a causa de los nombres, nos llegó bien poco de la Buena Nueva. ¿Es que Jesús no se retiraba del mundo a meditar, es que no extendía sus manos de otra carne para sanar…?

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El efecto Macron

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Algún día la hastiante e infructuosa disputa partidista nos acabará agotando. Un sistema basado en la perenne confrontación no puede ser sostenible. No sé si España ha de buscar desesperadamente a su Macron, pero más pronto que tarde deberá ceder en nuestro territorio esa actual enconada gresca entre las formaciones. Sería de agradecer la llegada al poder de dirigentes capaces de integrar en sus gobiernos las diferentes sensibilidades políticas.

Las ideologías dividen, los valores nos unifican. El tiempo de las ideologías estaba caducando, pero Emmanuel Macron ha llevado ese cuestionamiento más lejos que nadie. Era hora ya no sólo de proclamarlo, sino de intentarlo, de reunir a hombres y mujeres apropiados y capacitados para sus puestos de gobierno, sin que el color político fuera para ello determinante.

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Abandonar la razón

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Ahora sé que fue en balde sacar tanta artillería dialéctica, desplegar tanta argucia de confrontación mental. Lo que debía haber desplegado era el intento de comprender y situarme donde el otro. Escribo para olvidar que me he llevado la fría, la miope, la pesada razón, y sin embargo seguramente he perdido la preciosa, la única, la seguramente irrepetible ocasión de hacer un amigo. ¿Si la victoria me priva de la paz interior, para qué quiero la victoria?

Tras una larga discusión epistolar con fondo de política, seguramente me he llevado la razón, es decir no me he llevado nada, quizá menos que nada, el haber generado una tensión gratuita. Ahora regalaría esa razón, trocaría todas las razones por un abrazo con mi contrincante, pero ya es tarde. La razón no sirve para nada, sólo sirve nuestra capacidad de comprensión y de compasión para llegarnos al otro, para intentar ponernos en su lugar y circunstancias. Es cuando estamos en condiciones de acercarnos algo a la verdad, que no a la razón. La razón es muy menudo presa del ego, no así la verdad. Lo sabía y sin embargo mail, tras mail he batallado cual ciego ignorante.

El ocaso de la ideología

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Antes que de derechas o de izquierdas somos humanos, a secas, sin necesidad de apellidos. Nuestra humanidad nos hermana por encima de cualquier otra consideración, por supuesto  política. Esta condición humana entraña derechos y deberes que anteceden también a los de cualquier otro signo. Erramos cuando reducimos la esencia del humano a las siglas de su opción ideológica. Esta condición ideológica es pasajera, la humana no.

Las ideologías fueron en su día  necesarias para posibilitar los avances sociales en tiempos de serios quebrantos de derechos, pero hoy se han vuelto lastre en el progreso de la humanidad. El comunidad ideológica va cediendo a favor de una  comunidad más universal e integradora. Las fuerzas de progreso verdadero, la sociedad civil consciente e inquieta, se va conglomerando, ayudada por las nuevas tecnologías de la comunicación, en torno a valores transversales. El mañana reclama nuevas mayorías en torno a principios comunes, no vigencia de ideologías que parten las sociedades y que tan a menudo olvidan al humano.

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Almas desnudas, no ceremonias vacías

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Celebramos que ETA entregue las armas, pero celebraríamos más que ETA pidiera perdón porque durante demasiado tiempo las empuñó. Euskadi podría con esa solicitud de perdón cerrar capítulo, arrancar definitivamente nueva etapa. Seguramente algunas rejas se entreabieran. Ojalá de esa forma el resto de los presos  montaran en el furgón para acercarse más a “casa”.

Las armas  pronto estarán roñosas, pero la memoria sin embargo no ha envejecido. La memoria podrá dejar de doler en los corazones afectados, cuando los victimarios reconozcan que erraron. Las ceremonias pueden estar de más, si no hay contrición sincera. ¿Qué haremos con el hierro? No queremos el hierro, preferiríamos el reconocimiento de que éste nunca debió ser utilizado.   

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Esencia devina

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Vinimos a la Tierra para poder manifestar nuestra esencia verdadera que es amor; nos separamos del fuego divino para expresarnos en el mundo de la forma como luz y calor…, sin embargo aún andamos bajando a los metros y poniéndonos bombas, cogiendo poderosos vehículos y arrasando por las aceras, subiéndonos a los aviones y gaseando a los niños como los días pasados en Siria…

Nuestra alma tomó cuerpo para ensayarse en la síntesis, para vencer la tentación de la separatividad…, pero aún el hermano contra el hermano. Cuando explotan las bombas en los subterráneos, cuando de los escombros sacan los niños sin vida…, seguiremos creyendo en el humano. No perderemos la fe en medio de ninguna oscura y tóxica polvareda.

Prendados de la humanidad

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Acariciamos su piel de tantos vientos y soles. Nos bañamos en sus pupilas de tantos horizontes. Remontamos sus árboles de innumerables frutos. Corremos con sus hijos en las playas de sus bravos mares. Danzamos al sol cuando se acuesta, cantamos una canción nueva cuando amanece…

Estamos enamorados de la humanidad. No la humanidad de una nación, de una religión, de una cultura, de una clase social concreta…, sino de la humanidad en toda su más ancha expresión, la humanidad de todas las condiciones, de todos los ojos, cabellos y colores. Estamos por supuesto enamorados de la humanidad que empuja, que alienta el progreso hacia sus superiores metas al conjunto, pero ¿por qué no?, también de esa otra humanidad lastre, aferrada al pasado y los valores que la han significado de división y recelo. No haremos muro delante de esa otra humanidad que también somos.

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¿Dueños del “off”? (Sobre la eutanasia)

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Lo anunciaban esta semana los periódicos. La noticia venía con los titulares más grandes: se abre en el Parlamento español el debate de la eutanasia y la muerte digna. Es importante  acercarnos a las leyes  universales, a las máximas divinas que nos ayuden a formarnos un criterio cabal al respecto de estos  candentes temas de actualidad. Es importante considerar las leyes espirituales a la hora de  encarar debidamente estas cuestiones tan controvertidas. El derecho a la eutanasia es algo que no deseamos cuestionar, pero sí adentrarnos en la esfera de los deberes, siquiera más internos y vitales.

Es cierto lo que proclaman los defensores de la eutanasia en el sentido de que nadie puede obligar a nadie a vivir. La continuidad del aliento, el agotamiento  de la vida física o la precipitación del final, ha de ser una prerrogativa íntima. Con la eutanasia  ocurre algo muy  semejante al tema del aborto. En ambas delicadas cuestiones ha de prevalecer la suprema ley de la libertad. Esta ley es indispensable para  nuestra evolución. Es decir, sólo podemos evolucionar desde el más exigente libre albedrío, aún con el evidente riesgo de equivocarnos. No obstante es la voluntad de  atenernos a la ley del amor, al orden divino lo que nos permite hacer un uso positivo de esa libertad.  El creernos los dueños absolutos de nuestras vidas, supone en alguna medida obviar nuestra interrelación con las otras vidas, cuestionar esa trama oculta que a todos nos une, olvidarnos de la diversa sinfonía grupal que juntos componemos hasta en nuestro más deteriorado estado. Por lo demás, ¿es la casualidad lo que nos deja postrados y doloridos o es la vida la que nos limita a ese  estado?

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Salir del bar

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El pasado viernes se estrenó en las pantallas españolas la película “El Bar”. Por tierra, mar y aire nos bombardearán con esta nueva factura “snob” llena de “esperpento”, violencia y alcantarilla. A la vista del “trailer” de este nuevo producto cultural de cuestionable gusto, deberemos preguntarnos si uno de nuestros mayores problemas es la violencia espasmódica, brutal, aniquiladora o ese fondo de agresividad más permanente, mas aparentemente inofensivo en el alma colectiva.
 
Deberemos explorar si unos de los más serios desafíos que afrontamos es el terrorismo y sus golpes cobardes, sus atentados contra indefensos, o también el bar de las pelis, sus adláteres talleres de violencia, sus homologados tugurios donde física o virtualmente encerramos nuestros días; el bar, no como espacio de sana reunión, sino como metáfora del hábito que nos constriñe, de la “matrix” aprisionante, de los límites que ponemos a la expansión de nuestro alma o conciencia.
 

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Carta fraterna a un sacerdote combativo

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Querido amigo:
 
Lo intentamos en vano muchas veces. Quisimos afiliar a Jesús a una causa celota de la que siempre se mantuvo distante. Quisimos extraer hierro de un evangelio que no lo contenía. Pudimos abrazar una Teología de Liberación cuando no vimos otra salida, pudimos levantar el puño cuando aún no habíamos logrado aparcar la rabia. Pudimos equivocadamente clamar a favor del grupo violento de turno cuando nos cerraron tantas avenidas…, pero ya no es ese tiempo. Esa hora dura felizmente ya pasó. Ahora somos llamados a un ulterior paso. Se abren nuevos y luminosos cauces para acercar el mañana.
 
El nuevo mundo nace sin ruido como el amanecer prístino, el nuevo mundo no brota con fondo de batalla, sino con suave sinfonía aunada, con canción del alma. El nuevo mundo está emergiendo como la clara luz del alba, lenta y silenciosamente, cargado de promesa. El nuevo mundo está naciendo de la mano de quienes labran sano, con amor y sin química, en las escuelas donde ese cultiva el alma, no sólo el intelecto, en los bancos en los que se apuesta exclusivamente por el apoyo a empresas respetuosas de la Tierra y los trabajadores… El nuevo mundo está naciendo en las comunidades alternativas, en las ecoaldeas, en las cooperativas, en los centros donde se estudia cómo y por qué nace la enfermedad, cómo poder recuperar la salud por métodos naturales. El nuevo mundo nace allí donde prosperan los principios de solidaridad, de colaborar y compartir… El nuevo mundo rueda allí donde un ciclista pedalea, donde un constructor levanta con balas de paja, donde un agricultor llama a la puerta con una cesta de productos ecológicos, donde unas madres se preparan para un parto natural, donde unos niños amasan un pan con levadura viva… La nueva sinfonía se eleva desde todos los países, condiciones, sociales y razas. El nuevo mundo nace en tantas partes, en tantos lugares a la vez, que no tenemos tiempo, ni ganas para combatir a quienes velan para que el viejo sistema no se derrumbe. Lo viejo se desplomará privado de la energía que nosotros mismos le cedimos para que se mantuviera.

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No privarles de la Santa Misa

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He vuelto al templo, en realidad lo he hecho a menudo a lo largo de los últimos años. Voy de acompañante, primero de un padre, ahora de una madre en edad de agradecer filial compañía. Acompaño pero también canto a pleno pulmón, me arrodillo, doy la mano en señal de paz y me arranco sin dudar a comulgar cuando suena aquello de “Tú has venido a la orilla…” Lo paso peor con una “señal de la cruz que nos libra de nuestros enemigos…” y cuyos gestos lamentablemente ya he olvidado.
 
También he orado, con no menos fe, en los templos budistas, hinduistas, en sinagogas, en mezquitas…, sobre todo en templos universales de los diferentes continentes. En los templos de unos y otros países viví similar devoción, en todos observé gentes rendidas al mismo Dios “que los hombres distintos llamamos con distintos nombres, pero que es el Uno, el Único y el Mismo…” (Lanza de Vasto) De vuelta a mi ciudad natal, he visto a tantas personas de edad y buena voluntad remontar con sus bastones las escaleras de la parroquia del barrio, que me he visto inundado de un hondo y reconvertido aprecio por su íntima esfera religiosa. Deseo en este sentido expresar mi disenso ante la solicitud de “Podemos” de retirar la misa de la programación de TVE.
 

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Carta fraterna a un sacerdote combativo

17218485_10154455391292379_3233943511330828038_o.jpgQuerido amigo:

Lo intentamos en vano muchas veces. Quisimos afiliar a Jesús a una causa celota de la que siempre se mantuvo distante. Quisimos extraer hierro de un evangelio que no lo contenía. Pudimos abrazar una Teología de Liberación cuando no vimos otra salida, pudimos levantar el puño cuando aún no habíamos logrado aparcar la rabia. Pudimos equivocadamente clamar a favor del grupo violento de turno cuando nos cerraron tantas avenidas…, pero ya no es ese tiempo. Esa hora dura felizmente ya pasó. Ahora somos llamados a un ulterior paso. Se abren nuevos y luminosos cauces para acercar el mañana.

El nuevo mundo nace sin ruido como el amanecer prístino, el nuevo mundo no brota con fondo de batalla, sino con suave sinfonía aunada, con canción del alma. El nuevo mundo está emergiendo como la clara luz del alba, lenta y silenciosamente, cargado de promesa. El nuevo mundo está naciendo de la mano de quienes labran sano, con amor y sin química, en las escuelas donde ese cultiva el alma, no sólo el intelecto, en los bancos en los que se apuesta exclusivamente por el apoyo a empresas respetuosas de la Tierra y los trabajadores… El nuevo mundo está naciendo en las comunidades alternativas, en las ecoaldeas, en las cooperativas, en los centros donde se estudia cómo y por qué nace la enfermedad, cómo poder recuperar la salud por métodos naturales. El nuevo mundo nace allí donde prosperan los principios de solidaridad, de colaborar y compartir… El nuevo mundo rueda allí donde un ciclista pedalea, donde un constructor levanta con balas de paja, donde un agricultor llama a la puerta con una cesta de productos ecológicos, donde unas madres se preparan para un parto natural, donde unos niños amasan un pan con levadura viva… La nueva sinfonía se eleva desde todos los países, condiciones, sociales y razas. El nuevo mundo nace en tantas partes, en tantos lugares a la vez, que no tenemos tiempo, ni ganas para combatir a quienes velan para que el viejo sistema no se derrumbe. Lo viejo se desplomará privado de la energía que nosotros mismos le cedimos para que se mantuviera.

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Sobre el fracaso

 

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El fracaso es imprescindible, tanto o más que los laureles. El fracaso forja en nuestro interior esa suerte de imprescindible acero. Hay un abismo entre fracaso y desesperación. El fracaso es sólo una coma, las desesperación tantas veces un punto final. El fracaso es necesario, la desesperación nunca. Cada día se alza el sol y el Misterio jamás nos abandona. El fracaso abre los ojos, nos detiene, nos permite dar con lo que erramos. La desesperación nos ofusca, nos ciega; no ayuda a nada, ni a nadie.

Ser feliz

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No hay vuelta para atrás. Hoy he decidido no esperar a nada, ni a nadie, sobre todo no esperarme a mí mismo para ser feliz. He decidido solemnemente no aguardar a que luzca el sol, a que calle la lluvia, a que broten las flores y llegue la primavera, para ser feliz. Mi felicidad no depende de los campos de nuevo perfumados y coloreados.

No me otorgaré nuevas y engañosas prórrogas. No retrasaré más un instante que puedo inaugurar ahora. No he de tomar lujoso crucero, no he de volar a las playas de Balí, no he de moverme de donde me hallo para ser feliz. He decidido no aguardar a que me toque una lotería que no juego, no esperar a disfrutar de jacuzzi, a conducir un deportivo, a ser millonario…, para ser feliz.

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Sabiduría compartida

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Cuando estudio me sumerjo en una sabiduría compartida y en mi interior no puede brotar sino un sentimiento de profundo agradecimiento para quienes sumaron a esa sabiduría de todos y de nadie, para quienes contribuyeron desde tantas escuelas, circunstancias y geografías a engrandecer nuestro acerbo colectivo, para quienes en definitiva lo dieron todo para que no se apagara jamás la llama del Conocimiento y el amor fraterno.
En mi voluntad no puede estar sino el alentar hoy también esa sabiduría sin dueño. En mi ánimo pujaré igualmente por el principio de socializar, de compartir, de incluir, que subyace a esa sabiduría sin tiempo. He conocido muchas escuelas serias, muchos grupos, muchos maestros. Siempre he deseado y desearé fervientemente que sumen, que dejen de trabajar para su particular progreso, que atiendan al llamado superior de empezar a trabajar unidos. Cada vez somos más los que no nos adherimos a una escuela concreta, pero sí nos casamos, si estamos firmemente comprometidos con la suma, con las diversidades que conforman unidad.

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Por una democracia verdadera

 

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Un político auténticamente demócrata, con el que, dicho sea de paso, no comparto sus aspiraciones independentistas, va a ser juzgado hoy en Barcelona. Su “delito”: consultar a la ciudadanía, sacar las urnas a la calle. Para muchos poderes fácticos no es suficiente el mayúsculo atropello de sentar a Artur Mas en el banquillo. El segundo periódico de el país, “El Mundo”, demanda hoy lunes en su lamentable editorial medidas más drásticas. Es difícil a estas alturas entender tanta nostalgia de la Brunete y sus tristes tanques…

Estamos por supuesto por la unión humana fraterna y al mismo tiempo libre, no por la retención forzada. La fábrica centralista de independentistas no para de auspiciar separación con su actitud represiva. Siempre, siempre el diálogo, jamás la imposición es el camino. Sólo un Estado con serias deficiencias democráticas juzga a todo un presidente democráticamente elegido de una Comunidad por haber consultado a la ciudadanía.

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Ofrendar el dolor

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Siempre podemos ser útiles al mundo. Aún hundidos entre las sábanas, aún tiritando de escalofríos, podemos ser factor de bien en favor de la humanidad. Cada mañana podemos ofrendar nuestros superiores deseos, aspiraciones, sentimientos…, podemos ser antena de irradiación de elevadas vibraciones. Sin embargo también podemos ofrendar nuestro sufrimiento, nuestro dolor, nuestra enfermedad. Somos ofrenda. Por encima de todo, somos donación. Todo es susceptible de ser ofrendado, si está debidamente enfocado y dirigido. Basta detrás del objeto de la ofrenda un empuje altruista, generoso.

Podemos ofrendar nuestro dolor para contribuir a liberar el dolor del mundo, podemos ofrendar nuestra enfermedad para contribuir a mermar la enfermedad del mundo. Ante el dolor y la enfermedad nos podemos revelar o los podemos aceptar. Por supuesto, sabedores de la ley de causa y efecto, sabedores de que nosotros mismos hemos sembrado lo que ahora cosechamos, lo positivo, liberador y sanador es aceptar. Sin embargo más allá de la mera aceptación, hay un paso ulterior que consiste en ofrendar.

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Alsasua, completar el círculo

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Escucho por televisión a la madre de uno de los guardia civiles agredidos en Alsasua y trato
de hacer mío su dolor. Escucho a los familiares y amigos de los jóvenes que están en prisión acusados de terrorismo por esa trifulca nocturna y trato de hacer mío su dolor. Ser puentes entre los dolores, entre los corazones magullados; abrazar el dolor del mundo, de los unos y de los otros, haciendo propias sus heridas…, es afronta difícil, pero de día en día más necesaria.
 
La emoción primaria nos polariza de forma inmediata con una de las partes y allí nos atrincheramos y desde ahí el conflicto se perpetúa. Superaremos la confrontación en la medida en que intentemos hacer nuestro el dolor de todas las partes; en la medida que caminemos los pasos de unos y otros, que nos asomemos con ellos a sus ventanas, que vivamos el latido de sus corazones, que sintamos el dolor en sus llagas… Sólo podremos salir del conflicto si empezamos a ver al enemigo como el “otro yo” que nació en un lugar diferente, que se crió en otras circunstancias, que cantó otras canciones y encumbró a otros héroes, que durmió otros sueños…, pero humano como yo al fin ya al cabo, con la misma nobleza y debilidades, con la misma sangre en sus venas y soplo divino en sus pulmones.
 

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Aquel Refugiado

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En su precario refugio nadie estampó las siglas de UNHCR (Acnur), pero debieron igualmente ir de puerta en puerta pidiendo acogida. No tomaron cayuco, no se apiñaron en ninguna barcaza destartalada, no se vendieron a ninguna mafia sin escrúpulos, pero huían de la violencia de los poderosos. No soñaron con una Europa, entonces aún salvaje y desintegrada, pero eran también refugiados.

La disyuntiva de las puertas abiertas o cerradas, de la acogida o el blindaje no es de nuestros días. La violencia siempre ha empujado al humano a hacer atillo o maletas y escaparse apenas con lo puesto. El desierto es ancho y Belén no dista mucho de Alepo. ¿Qué es la Navidad sino la fiesta del pequeño Refugiado que nacía a un mundo convulso para inundarlo de amor?

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Vieja ermita gallega

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Parece que siempre hubiera estado allí, tal es su sólido anclaje, su perfecta simbiosis con el paisaje de hojas caídas. Tras largo paseo a la vera del mágico río, la ermita hizo el resto, terminó de ensanchar nuestros corazones. Las piedras cargadas de musgo y memoria nos sugieren volcar hacia el pasado. No en vano la historia quedó apresada y encerrada en el remoto lugar, entre los guardianes robustos de los árboles.

Somos también esas manos pacientes, esos callos curtidos, ese sudor antiguo, esa pasión por las piedras reunidas y sumadas en lo profundo del valle. Somos los hermanos constructores que se dieron por entero levantando el escondido templo del bosque. La talla continúa. Somos el cincel y martillo, la roca y la melopea de oración. No renegamos de nuestra tradición, menos aún cuando se abre el castañal y nos revela esa obra generosa, ese testimonio vivo de fe y entrega que encarna la vieja ermita. No renegamos de nuestra tradición, menos aún en el corazón de la arboleda, en medio de esa inmensa alfombra de hojas acalladas. A lo sumo añadimos nuevos santos sin sotana, nuevos rosarios sin viacrucis, nuevo Nazareno sin cruces… Olvidamos “vísperas” y “maitines”, mas no renegamos del cristianismo, a lo sumo una nueva canción, una palabra actualizada, una fe reinventada y sin doctrina…

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Nace solounhastaluego.org

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Sólo preparamos el día en que veamos partir a nuestros seres queridos con naturalidad, sin desgarramientos. No pretendemos frenar la lágrima que brota de los ojos mojados. Tiene todo el derecho de deslizarse mejilla abajo. Sólo presentamos argumento para contribuir a deshacer la angustia que pudo haberla empujado. En el futuro nuestra identificación con el alma o núcleo inmortal irá disipando el temor a la muerte; la conciencia de la inmortalidad de el alma nos reconciliará con ese sólo aparente ocaso.

 

http://www.solounhastaluego.org

Claves para la comprensión del ascenso de Trump y del populismo en general

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Tras la caída, recomponerse; después del golpe, el imprescindible análisis. Entre otras poderosas razones porque puede no ser el último golpe, porque el populismo puede tomar el gobierno de otras democracias asentadas a este lado del Atlántico. Le Pen está ya al acecho del Eliseo, como Trump lo estaba de la Casa Blanca. Vamos a intentar enumerar algunas razones más ocultas que nos pueden servir para explicar el ascenso de este fenómeno arrasador del populismo. Son ya demasiado los golpes cómo para no ahondar en él. Entre otras muchas “sorpresas”, citar las más llamativas, primero la del referéndum del Brexit, después la de la consulta de la paz en Colombia y ahora la del amargo resultado de las elecciones norteamericanas…
 
Los medios de comunicación nos sirven ya las razones evidentes de ese ascenso del populismo como puedan ser el paro, la crisis económica, la inseguridad, el aumento de la inmigración, el fenómeno creciente de la presencia de refugiados… Todas estas razones repliegan a buena parte del electorado hacia posiciones defensivas e incluso hostiles con respecto a lo que son políticas de progreso, de apertura y de solidaridad. Así buena parte del electorado se echa en brazos de quienes prometen defender sus muy particulares intereses. Hasta aquí nada nuevo. Hasta aquí las razones primeras y aparentes, vamos a intentar explorar, aún con riesgo de equivocarnos, en otras más profundas; vamos a intentar ahondar algo más allá en el análisis.
 

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No sonará órgano en nuestra hora

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Esta vez nos falló el Santo Padre. La Iglesia nos  va a negar  funeral a quienes  expresamente  hemos pedido que se  esparzan nuestras  cenizas al llegar la hora. No nos duele  quedarnos  sin funeral, nos apena que la Iglesia de Francisco, la que tanta esperanza ha suscitado, imponga en su seno estos anacrónicos dictados.  Nos apena que este papado, que tanto hemos apoyado con tantas  letras, tome esas medidas, esté detrás de tan desafortunada condena.

No nos duele que no haya exequias católicas en nuestro nombre, nos duele esa desaprobación de lo diferente, ese culto cerrado a la tradición que rechaza a quien opta por otras prácticas. Lamentamos que Francisco sea partícipe de tan penoso retroceso. No sonará el órgano en nuestro funeral, pero sonará un día la hora de la libertad en que todos respetemos escrupulosamente las decisiones del otro, sobre todo cuando vienen avaladas por poderoso argumentario, cuando son defendidas por muy dignas tradiciones espirituales, por todo un elenco de grandes seres.

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Un orden evolucionante, no cristalizado

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Sí, necesitamos un orden. No lo sabíamos antes, cuando todo nuestro interés estaba en tumbarlo, cuando salíamos a las calles para echarlo cuanto antes abajo,  cuando  reuníamos toda nuestra ira para golpearlo. ¡Cuán equivocados estábamos…!

Han pasado los años y ya nos hemos puesto el debido casco de bomberos, ya no somos  incendiarios. Reparamos por fin en que el orden es un valor superior, imprescindible para la perpetuación de la vida y su armonía. El orden está a la altura de otros valores que llenan nuestra boca con más facilidad como libertad, justicia y hermandad. Si  no hay orden, no quedará ni rastro de los otros valores superiores.

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Los límites de la amabilidad

2_200.jpgShimon Peres fue protagonista de la política israelí durante seis décadas. Ocupó los cargos de primer ministro y presidente y le dio tiempo a ir a Oslo a recoger el Nobel de la Paz por sus esfuerzos por sellar un acuerdo con los palestinos. Acaba de morir a los 93 años, dejando a Israel sin el último de sus padres fundadores.
Es cierto que con la partida de Shimon Peres se esfuma la faz más diplomática del Israel de nuestros días. El anciano político estaba a favor de los dos Estados y apostó por ceder territorios a cambio de paz. Es de ley reconocer sus aciertos en la intentos de acordar una paz definitiva con los palestinos, sin embargo, hay momentos en los que la amabilidad se queda corta si no la habita también generosidad y valentía para crear bases sólidas de entendimiento. El líder laborista fue la cara amable, pero quizás hacia falta algo más que amabilidad para reconducir una reciente historia, en alguna medida, fallida.

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Alepo olvidada

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Siempre hay que temer de los mandatarios que quieren hacer “grandes” a sus naciones. Trump así lo quiere, Putin ya lo está haciendo… “Make great America again” es su lema fundamental de campaña. Con él desea encandilar a los americanos que aún no han digerido Vietnam y que desean sumar nuevas “victorias” imperiales. El problema de los populismos nacionalistas, hoy lamentablemente tan en alza a uno y otro lado del Atlántico, es que quieren hacer “grandes” a sus naciones a toda costa, aún a costa de un terrible sufrimiento ajeno, aún a costa de ciudades destrozadas y población civil masacrada… Esa es la “grandeza” de Putin. Hay un pueblo mayoritario que gusta de esa exhibición de músculo belicista, no importa a quién aplaste la maquinaria, no importa para qué se utilice el poderío. Rusia no se entera o ha perdido el alma. Rusia ha perdido la memoria o ha perdido la dignidad, la memoria de cuando eran ellos los que estaban bajo las bombas, de cuando eran sus madres las que sollozaban…

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En defensa de la familia, en defensa de la comunidad

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No está de moda defender a la familia, no es precisamente lo más “in”, lo más “progre”, pero nosotros no pretendemos ir con las modas, ganar moderna feligresía, sino acompañar los valores que no caducan, argüir en favor de conceptos y sistemas que consideramos, si no eternos, sí cuanto menos de muy largo recorrido.

¿Cómo abordar el tema de la familia y hacerlo desde una posición abierta, respetuosa, integradora? ¿Cómo defender esta institución tan cuestionada desde diferentes frentes y a la vez no echarnos en brazos de la fuerzas conservadoras, de las que pretenden infructuosamente detener la historia? Es cierto que la Iglesia es un de los pilares más importantes de la familia en los tiempos en que ésta ha entrado en crisis, sin embargo hay familia también fuera del ámbito de la Iglesia.

La familia va unida a los valores de fidelidad y de compromiso, pero estos valores no son privativos de esas fuerzas sociales conservadoras. Estos valores tienen el recorrido que les queramos dar cada uno, tienen el recorrido que les quieran dar también las fuerzas progresistas, los movimientos emancipadores. La fidelidad es la que permite que el linaje perdure, que el eslabón de amor trasmitido de generación en generación se perpetúe. Sin compromiso y por lo tanto fidelidad, no hay sistema, no hay familia. La fidelidad no cotiza al alza en los “parkets” de valores de nuestros días, pero seguramente nosotros tampoco somos buenos vendedores.

La evolución humana se afianza con el servicio, el compromiso y la responsabilidad. Hay muchas áreas de servicio a nuestra disposición, pero sin duda uno de los más elevados servicios que puede acometer el humano es el de crear una familia, el de formar una pareja que permita que nuevas almas puedan tomar cuerpo en el mundo. Los hijos no pertenecen a los padres, de hecho son ellos los que eligen a los padres entre un elenco de posibilidades que les son presentados. Sin embargo los padres encuentran en los hijos una oportunidad de plena realización.

Lo mejor que unos padres pueden ofrecer al hijo reencarnante es un entorno de paz, armonía y cariño. Es en ese espacio cuidado en el que los hijos pueden crecer y desarrollarse, es en ese marco protegido donde los hijos pueden a su vez llenarse de espíritu de servicio y voluntad para luego derrocharlos en el mundo. Es igualmente en ese entorno, cuando llegada la hora, los padres ya convertidos en abuelos, encuentran su protección y acompañamiento garantizado, encuentran igualmente su posibilidad de transmitir sabiduría y buen hacer a las nuevas generaciones. Hemos inventado el concepto de familia desestructurada porque no sabíamos cómo llamar a esa falta o merma de compromiso, a esos desarreglos que tan a menudo surgen de forma inevitable entre las parejas de hoy.

 Orden

Estamos habituados a contestar el orden en general y por lo tanto también a criticar a la familia que constituye el primer sistema basado en ese orden. Agobiados por un orden tradicional impuesto que mermaba nuestras libertades, hemos abrazado el libertarismo y la anarquía, sin reparar en que una suerte de orden es inherente a la existencia. Agobiados por un orden que cercenaba nuestras libertades, nos hemos echado a los brazos del caos, creyendo ingenuamente que ahí íbamos a encontrar una clave de futuro. Sin embargo sin orden no hay futuro, apenas hay presente.

Somos porque crecemos y nos desarrollamos en el marco de un infinito orden cósmico, en el marco de unos sistemas perfectamente organizados y armonizados. Somos gracias a ese orden y armonía que el Misterio ha impreso a su creación. Sin ese orden, sin esa armonía no nos podríamos desarrollar. La familia es parte de ese orden superior, su primer eslabón humano. La familia no es creación humana. No es invento de un creativo en una larga y aburrida noche de verano.

Hay un orden que subyace a todo lo creado, aunque a menudo ese orden no se nos manifieste a primera vista. En tanto que continuadores de la labor creadora divina, somos invitados a extender ese orden imprescindible. En la familia subyace ese orden superior. Ésta no deja de ser un sistema, una pequeña galaxia. Alrededor de los padres gira la descendencia. Crear familia es crear un sistema donde el sol de los progenitores acoge, irradia, alimenta, viste, educa, protege…

El orden cósmico se instaura en el marco íntimo de la familia. La familia lo perpetúa. Las galaxias más o menos grandes se complementan entre sí, se ajustan unas con otras. Somos porque nuestros antepasados se comprometieron, porque generación tras generación quisieron, de forma más o menos inconsciente, sumar al orden, al progreso, a la vida. Así hasta nuestros días de gran desorientación, en que se cuestionan los compromisos y pretendemos amoldar todo a nuestros intereses. Así hasta en que se nos antoja inventar lo que no existe en el orden cósmico, lo que no hallaremos en la naturaleza. La vida quiere seguir, perpetuarse y nosotros estamos llamados a darle continuidad, por eso hemos de sumar a ese orden si queremos garantizar su continuidad.

A menudo ocurre que decimos sí a la vida, que queremos darle continuidad y sin embargo nos resistimos a asumir el valor de orden. Ello simplemente no es posible. Vida y orden van indisolublemente unidos. El orden de las sociedades desarrolladas no es un orden impuesto, sino por el contrario libremente asumido. Cierta alergia al orden deriva de que, tan a menudo, éste ha venido de fuera y ha sido impuesto de forma forzada, cuando no violenta. Nuestro reto evolutivo es generar un nuevo orden libremente asumido.

Decir que la familia es de Dios, inmediatamente ello nos puede retrotraer a la época del nacionalcatolicismo, pero intentemos por un momento abstraernos de contextos históricos y seguramente concluiremos que hay algo de verdad en esa afirmación. Queremos decir con ello que la familia pertenece al orden de la creación y es su primer eslabón, su pilar. Si falla este primer eslabón de la familia, el resto se tambaleará. Nos estamos refiriendo a la comunidad (tribu), la biorregión, la nación, la confederación de naciones…

Decir que la familia es de Dios es afirmar que ésta no pertenece a un tiempo, a una geografía, a una coyuntura concreta, sino que es inherente a nuestra condición humana. El individuo nace de la unión de un hombre y de una mujer y es ese marco de unión, de protección, de estabilidad, de amor que proporcionan los padres que posibilita el feliz desarrollo de la criatura. Así lo ha dispuesto la ley, así progresa la vida, así deseamos vivirlo.

 Otras familias

La familia tradicional, no está llamada a criticar, menos aún juzgar otro tipo de familias. Ése no es para nada su cometido. Por lo demás las familias diferentes están llamadas a coexistir. El principio de libertad está por encima de la ética subjetiva. Cada quien es muy libre de establecer el tipo de relaciones, de conformar el tipo de familia que desea mientras que no se cause ningún perjuicio a nadie. Por eso nunca nos podremos identificar con las modernas “cruzadas” que emprende la Iglesia en favor de la familia. En estos momentos una de esas grandes cruzadas está teniendo lugar en México, donde todas las fuerzas conservadoras, se han unido, no para defender a la familia, sino para condenar a las otras maneras de hacer familia. La familia tradicional en lo que se refiere a su composición no habrá de batallar con las otras familias a fin de perpetuarse. La familia no puede hallar su identidad contra nada, ni nadie, sino por lo que ella misma representa. Si la familia confronta, la familia muere porque por su naturaleza la familia es amor y ese nicho nunca puede ser trinchera.

En España tampoco han comprendido las fuerzas de la reacción, la Iglesia recalcitrante que el nido no puede ser barricada. Flaco favor hacen a la familia tradicional quienes a toda costa tratan de imponer su modelo. Nada impuesto puede prosperar, porque la evolución sólo es de los seres y las colectividades libres.

Hemos de ser exquisitamente respetuosos en lo que respecta a la libertad del humano de organizarse como desea. Sólo la evolución y el tiempo que ella entraña presentarán un panorama de mayor claridad al respecto. Cada quien somos hijos de nuestra naturaleza particular, de nuestras circunstancias, en base a ello diseñamos también nuestros sistemas. Así ha de ser. Por más que nosotros estemos convencidos que la familia tradicional se ajusta más a la ley natural, deberemos apurar respeto al extremo. Eso es lo que adolece nuestro mundo, acogida al otro aunque se exprese, se relacione o vea el mundo de forma diferente. Este es el escenario humano en el que estamos llamados a convivir. No se trata simplemente de tolerar, se trata de abrazar al otro y su opción aunque sea diferente a la nuestra, aunque su forma de relacionarse y organizarse humanamente no nos parezca lo más adecuada.

Su opción es tan legítima como la nuestra. La civilización se eleva cuando alcanza la capacidad de integrar y acoger a lo diferente. La civilización se hunde cuando no es capaz de hacerlo. La familia tradicional se fortalece cuando convive, se reúne, coopera, festeja… con otro tipo de familias. La familia tradicional se hunde cuando se cierra en banda y no es capaz de dar acogida a otro tipo de familias. El creernos en la senda de lo verdadero no nos da, de ninguna de las maneras, derecho para arremeter contra otras opciones tan legítimas como la nuestra. El problema de la verdad es que tan amenudo se ha aliado con quienes se han creído en el derecho de imponerla. Ya de eso hemos aprendido mucho, ya estamos de vuelta de ello.

Seguramente uno de los mayores daños que se pueden infligir a la familia tradicional es el querer imponer su modelo a toda costa. No creemos en el futuro a largo plazo de otro tipo de matrimonios, no pensamos que se ajustan a la ley de género que nos habla de la necesaria unión de los polos opuestos, de lo femenino y lo masculino, de la mujer y el hombre para engendrar la vida y por lo tanto para crear la familia. No pensamos que el marco de la familia que forma una pareja homosexual sea el más adecuado para el desarrollo integral de los niños, pero sin embargo estamos dispuestos a “batallar” todo lo necesario, por el derecho de dos hombres o dos mujeres para formar pareja, matrimonio o familia.

Familia y comunidad

Hay una importante corriente de progreso que no considera a la familia como primer eslabón sistémico sino que interpreta que lo es la comunidad o la tribu. En esta línea encontramos a comunidades tan grandes, influyentes y significativas como son Tamera en Portugal y Damanhur en Italia. En nuestra humilde opinión no son dos sistemas excluyentes, sino por el contrario complementarios, no obstante primero ha de ser la familia, para que después el conjunto de familias puedan dar vida a la comunidad. Olvidamos que la tribu, la comunidad es porque lo es primero la familia.

Una vez más hemos de buscar en el maravilloso libro de la naturaleza claves imprescindibles para dirimir nuestras dudas. La naturaleza nos muestra que es el conjunto de células el que da vida al órgano. Ambos son parte de un todo, ambos son imprescindibles. Por eso nos cuesta comprender cuando los líderes de esas comunidades en sus textos, restan o anulan la importancia del primer eslabón. Es como si dijéramos que en nuestro cuerpo lo importante son los órganos, olvidando que éstos han sido creados a partir de las células.

Defendemos firmemente la comunidad, es el eslabón perdido que estamos llamados a recuperar. La comunidad ensancha a la familia, la aleja del peligro de su endogamia, del riesgo de enroscarse en sí misma. La familia urge de la comunidad, pues en algún lugar se ha de volcar cuanto en ella se aprende. La comunidad crea un espacio más amplio para el compartir y el colaborar, pero el primer espacio de ese compartir y colaborar, la primera escuela de esos valores superiores sería la familia.

La familia proporciona suelo, da base a la comunidad, le posibilita asiento, raíz imprescindible. La comunidad proporciona aire, espacio a una familia que puede deteriorarse o incluso morir de asfixia, si no se abre a un sistema más abarcante. En la comunidad la familia vuelca su aprendizaje, su fuerza acumulada. En la familia la comunidad halla su fundamento, su origen. Por eso nuestra defensa es de las dos por igual. No concebimos la una sin la otra y viceversa.

Reconozco que encierra su considerable paradoja que escriba sobre la familia quien no la ha creado. Seguramente sería más certera la visión de quien la ha alumbrado. No lo niego. Yo no la he formado. Mi visión puede ser más irreal, pero contemplemos también que un ideal no marchitado pueda mantener de esa manera su original fuerza irradiadora. No he formado familia, pero he vivido en ella. La fuerza en la defensa de la familia la debo en exclusiva a mis progenitores. Crearon sin manual, ancha, alegre y unida familia. Lo hicieron sin pistas, pero con mucho amor, entrega y dedicación. Por eso salieron más que airosos de la prueba, por eso puedo ahora escribir estas líneas.

 

Bergondo a 24 de Septiembre de 2016

 

Soledad colmada

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Lo he puesto al mínimo, pero yo creo que terminaré apagándolo. Sólo oigo el motor del frigorífico. ¿Será esto algo de la soledad habitada, de la soledad colmada… ? Estoy en una cabaña humilde. He estado todo el verano rodeado de gente, pero ahora estoy solo en una pequeña casita de campo en mitad de la verde Galicia. Estuvo maravilloso entonces, está maravilloso ahora. Los cantos del verano no se han ido, tampoco todo el calor de fraternidad acumulado. Seguimos unidos aunque el otoño ya acorte los días y cargue con su dicha tantas ramas…

En realidad no estoy solo. ¿Cómo, si estoy junto la higuera que me proporciona el más dulce fruto cada mañana? ¿Si estoy junto al castaño que ya empieza a rodar su carne con espinas por toda la pradera, si estoy junto a la huerta desbordada de puerros y calabazas? ¿Cómo, si estoy junto a una creación que especialmente nos colma con su generosidad estos días? Un perro ladra muy lejos recordando una alianza que se extiende por supuesto a los hermanos que no leen, ni teclean.

¿Cómo estaré solo, si ella puede venir en cualquier momento y abrazarnos con cariño y traer noticias de los amigos e inundar la cabañita con su sonrisa? ¿Cómo estar solo, si escribo en el teclado y puedo hablar contigo y nos podemos comunicar de alma a alma, que en definitiva es lo que importa?

¿Cómo estar solos si tratamos de servir al mundo, si formamos parte de una familia enorme, maravillosa, multicolor, sin siglas, ni marca, que trabaja por unir a toda la humanidad, por encarnar el supremo espíritu de la fraternidad, por traer el Reino de Dios a esta bendita Tierra…? Es en realidad en la soledad cuando estamos más acompañados, más cerca de todo. Es la llamada soledad la que nos permite respirar a fondo, sentir con intensidad, acariciar esa ancha Comunión que no tiene nombre, que no conoce fronteras.

También en nuestros altares.

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No me preocupa especialmente ese trasiego de que quienes suben o bajan de los altares. Cada quien tiene sus retablos, sus cielos. Cuida de ellos con particular afán. Cada quien sabe sobre qué testimonio llover sus pétalos, a los pies de qué mayúsculo ejemplo colocar sus inciensos. Cada quien sabe qué recuerdo perfumar. La Iglesia también tiene sus propios y monumentales altares y eso es digno de gran respeto, comulguemos o no con su elenco de almas escogidas. Quienes, cruz en pecho, dieron su vida por los superiores valores de libertad y la justicia en aquella guerra fratricida nunca conquistaron hueco en el santuario vaticano, sí por el contrario muchos del lado de quienes creyeron haber “vencido”. Pero también eso es preciso respetar.

Los baremos del otro han de ser tan dignos de respeto como los nuestros. Quizás no procedía dar la mano a los dictadores manchados de tanta sangre, quizás su particular moralidad pueda ser objeto de debate. Se puede comulgar o no con sus criterios de asistencia sanitaria…, pero lo que nadie podrá poner en duda es su entrega absoluta, rotunda. Seguramente ése es un criterio ampliamente compartido a la hora de otorgar puntos de ascenso a una gloria consensuada.

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