Círculooo…!” Breves apuntes de Pirinea 201

La fraternidad no es sólo un sueño de místicos, para eso están las lonas, los toldos, las anchas tiendas… Para intentarla montamos allí arriba, en Asolaze, campamento de montaña. Nos dieron un valle lejano, un prado con escasa sombra, unos caños de agua… para ensayarla. Nos dieron veinte días para anclar aquellos sueños. No sabemos si lo logramos, pero las estrellas brillaron casi todas las noches y el río no callaba y nuestro canto era con él y nuestro asombro con ellas. No sabemos si lo logramos, pero aquella paz, aquella armonía grupal permanece en nuestros corazones. Suena aún la guitarra y las sonrisas. Alguien sigue gritando “¡círculooo…!”, cada mañana en nuestros adentros, como un llamado que no cede, como un desafío que aún nos emplaza… Con los nuevos calores volveremos a intentarlo. El valle se aleja, la campa ya está vacía, pero queda el recuerdo, el eco en el bosque, la huella en nuestra memoria.

La fraternidad no es sólo un sueño de místicos, para eso están las lonas, los toldos, las anchas tiendas… Para intentarla montamos
No sabemos si alcanzamos esa fraternidad de altura. Quizás algo de ella acariciamos pues cantamos mucho, reímos otro tanto. Y en los círculos se abrieron los corazones y en las veladas un crear adormecido. Nos sinceramos y comprendimos un poco más, mujeres y hombres, adultos y jóvenes… La fuerza de la montaña, la fuerza del grupo, la sobredosis de grano y legumbre…, no sabemos lo qué fue, el caso es que nadie quería marchar, el caso es que quienes se iban, aparecían de nuevo un amanecer apretando sus manos en el círculo… No sabemos lo que fue, el caso es que se tejieron lazos y queremos seguir caminando juntos/as hasta ese Campamento que nunca se acaba, hasta esos toldos que nunca se arrían, hasta esa Hermandad que nunca caduca…No sabemos lo que fue, el caso es que dolía dentro cada compañero/a que anunciaba en el círculo de la noche su partida. Lo de Allí Arriba, quizás sea algo de eso, de esos círculos que nunca se cierran, de un compartir que nunca cede. Lo de Allí Arriba, quizás sea algo de eso con un sol menos implacable, con unas fuentes que nunca se secan, con unas cumbres que no derrotan… Sigue leyendo
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A la búsqueda del grano perdido

Breve reporte vacacional

Gusto de teclear de nuevo tras un verano ausente de la pantalla. Placer de compartir buenas nuevas otra vez aquí, junto a la ventana, junto a estos bosques que ya mudan y anuncian sus cercanos ocres, sus próximos amarillos. Compartir mientras el recuerdo sigue vivo, mientras el invierno no borre lo que tejimos bajo el sol; compartir anchos y luminosos días, combatir el fantasma cercano del frío y su olvido. Si el Cielo nos da alguna facilidad ante las teclas, lo propio es seguir pulsando, seguir dando constancia del pálpito de la vida, de la esperanza insobornable allí donde se geste sobre la tierra. La esperanza es una sola, ya adopte cualquier forma y color, porque el Plan es también uno solo, uno el Esfuerzo y el Trabajo colectivo en sus infinitas manifestaciones, en su más variadas contribuciones.

Seguramente hay más formas de servir a ese Plan Divino de Amor de las que nos imaginamos. El joven nórdico que al anochecer cabalga las olas en la playa desierta de Zarautz en una comunión absoluta con el océano infinito y en la danza sobre su hábil plancha agradece silente…; el grupo que se abraza al amanecer al abrigo de las altas cumbres pirenáicas, colmado de gozo por la fraternidad estrecha que lo une con todo… ; el chef de cocina que rehoga feliz buenas dosis de salud y nueva vida en las anchas cazuelas de su centro en Saint Gaudens…; la joven de Milán (ver imagen) que agarra con tanta fuerza como cariño al joven Down que tiene a su custodia en Lourdes…, participan seguramente de la misma conspiración del Amor sobre la tierra. Algo de todo ello pudimos testificar a lo largo de todo este intenso verano, algo de ello, concretamente de las experiencias en “Cuisine et Santé” y Lourdes, deseo, siquiera someramente, reportar ahora.Encontramos al grano y su universo entero y su filosofía de vida plena en Francia, a los pies del Pirineo central. Encontramos el grano y su cocina simple, sabrosa y natural y lo masticamos bien y lo deglutimos y lo disfrutamos. Junto al fuego, siempre vivo de las cocinas, gentes diferentes; al cortar las verduras con delicadez y nueva lógica, diferentes idiomas; al caer la tarde, enseñanzas de esas que se quedan para siempre, de ésas que piensas cuánto han tardado…

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