Camus

Paradojas de la vida, feliz de que se acabe la batería, de cerrar el ordenador sin dolor de conciencia, de abrir el libro sin pesar por no seguir trabajando.

Debiera compensar más la escritura con la lectura, el compartir con el recibir, el pontificar con el aprender… Viajo en el tren de Barcelona a Donosti y todos en el vagón tienen sus pantallas abiertas, pero no envidio a nadie. Guardo a Albert Camus en el fondo de mi mochila.

Su gabardina “progre” y perenne cigarro no se ajusta a los cánones de profeta de la nueva era y sin embargo se prodigó en sentencias como ésta que no da lugar a dudas: “Incluso mis rebeliones estuvieron iluminadas por la luz. Fueron casi siempre, y creo que lo puedo decir sin engañar a nadie, rebeliones para todos, y para que la vida de todos se elevara hacia la luz”.

En el tiempo de la post-guerra, de las fuertes y escoradas ideologías Camus esgrimió valores. Siempre iremos en pos de quienes, antes que nosotros, buscaron por encima de todo, la belleza, la verdad y el compromiso. El hijo de los “pies negros”, el eterno inconformista, el valiente que se plantó ante Sartre, el enamorado del desierto… se aplicó con denuedo. Somos también deudos de su legado.

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