Peregrinación por el camino baztanés

Baiona-Olague. 9-15 de Septiembre

Los amigos se encierran a menudo en largos vipassanas y retiros. A menudo también me tientan. Se ríen fraternalmente de mi “culo inquieto”. Cierta disciplina me convendría. Yo también debiera y sin embargo me asfixio entre paredes. Hay tanta y sublime Creación por descubrir, por contemplar y ensalzar ahí fuera. Hay tanta vida palpitando más allá de las paredes inciensadas.

Es con la mochila al hombro que la oración y la alabanza me brota más vívida. Es en medio de la Madre Naturaleza que el alma cobra todo el gobierno. Afloran las más altas emociones y las lágrimas resbalan incontenidas. Es en verdad cuando me quedo sin palabras y lleno de cándida poesía los cuadernos. Cada mirada es reverencia, cada paso agradecimiento.

 

 

Ya no cojo complejo como antes por no lograr anclarme por horas en loto. Ahora bendigo los caminos que la Creación nos regala y abre a nuestros pies. El lunes, si Dios, quiere me haré de nuevo al Camino, a la oración y alabanza sin fin. Cojo el autobús hasta Baiona. Quiero de paso explorar peregrinaje colectivo para el próximo verano. Hemos vivido con Peregrinea (www.peregrinea.org) tan bella experiencia colectiva que hay ganas de seguir caminando juntos/as.
Vacío desbordado, Silencio resonante volverán a asaltar en curvas y collados. No sé hasta dónde llegaré. Tan a menudo el espíritu quiere avanzar hasta donde este cuerpo cada vez más limitado, no alcanza… Prometo reportar. Es siempre un gozo compartir desde el alma.

Primear etapa. Baiona-Zouraide
A veces los perfumes de las plantas y las flores a la vera del camino son un túnel del tiempo. Te cogen de repente y te llevan para atrás, no se sabe hasta dónde. No sabes en qué estación te dejan abandonado. Sólo resta respirar hondo y agradecer esos instantes sin tiempo.
Casi me pongo a recoger las hojas caídas al borde del camino. Sorpresiva dentellada la de un otoño agazapado que ni siquiera da la cara. El paso del tiempo se cobra su cuota de herrumbre en las hojas de los árboles, sentencia un verano que ya no volverá. No hay verde a defender, no hay tiempo a detener.
Nos apegamos hasta de las sonrisas. A cada paso intento reunirlas todas. Fueron tantas y tan amontonadas en este intenso verano que ya se lleva la destemplada brisa. Sólo el largo río me asegura que nunca se acaba. Yo le creo y sigo hacia Ustaritz alegre caminando.
Me ha costado volverme a poner en modo peregrino. Me ha costado elevar la mirada en alabanza, por encima de todo deseo. Me ha costado disipar el enfado matutino después de que dos autobuses me dejaran en tierra por no disponer de billete electrónico. Ultreia et suseia.

Segunda etapa. Zouraide-Urdax
La plegaria no es bajo la lluvia, más bien es con la lluvia. Camino con ella en privilegiada unión. A menudo se aplica con fervor y sus gotas alcanzan la piel desnuda. Puede ser el cómodo dedo del pie o el atrevido cuello. A veces se une el hermano viento y entonces es sinfonía.
Llego a Ainhoa empapado de cintura para abajo. La garganta agradece el té caliente resbalando por ella. Bendita taberna. Cede la hermana lluvia y todo comienza de nuevo a cantar bajo un tímido sol. Mañana puerto de Otsondo y resulta que la tienda de Urdax está cerrada. La mujer se jubiló sin avisar. Por favor un cursillo online y acelerado sobre bayas y raíces comestibles…
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Tercera etapa. Urdax-Elizondo
Amaiur, antes peregrinábamos hasta aquí. Ahora paso por aquí. Ya no sé infla el pecho al llegar a esas ruinas tan cargadas de significados. Ya no hay patria que defender sino fraternidad humana a apuntalar.
Honro por supuesto a quienes defendieron la fortaleza y se entregaron a un noble ideal de entonces. Honro también a quienes la asediaron. Todo apunta además a que en nuestras muchas existencias, estuvimos a ambos lados de las murallas. Asaltamos y fuimos asaltados, matamos y también fuimos muertos…
Un poco de metafísica y filosofía para ocultar que lo que en realidad hoy me ha matado es el puerto de Otsondo y sus 500 metros de desnivel. Intentaremos seguir caminando….

Cuarta etapa. Elizondo-Berroeta
La queja ha de ser siempre razonada, bien sustentada, equilibrada y serenamente manifestada. Yo la había estado largamente rumiando a lo largo de toda la noche. Las sábanas de fibra artificial plagadas de bolitas negras, la suciedad reinante en la habitación, el calcetín del anterior inquilino colgando de una silla y un largo etc. la justificaban. Las palabras precisas y ponderadas ya estaban escogidas. Sólo restaba comunicarlas y rogar que fueran bien recibidas. Un eventual futuro huésped podría de esa forma hallar mejores condiciones que las mías.
A la mañana siguiente formularía la queja al dueño. No contemplaba de ninguna de las maneras una queja online de la que el establecimiento no se puede defender y puede salir mal parado y con graves consecuencias para el negocio.
Sin embargo, a la mañana siguiente la queja se quedaría en mis adentros. La barra en la que atendía el dueño estaba a rebosar de clientes y él sumido en gran ajetreo. No era pertinente cantar delante de toda su parroquia las deficiencias de su hospedaje. En realidad, respiré a gusto mochila al hombro cuando hoy entrada la mañana me hice de nuevo al camino en Elizondo. Las circunstancias me habían ahorrado un engorroso trámite. Probablemente alguna falta de ética también sembrada por mí en el pasado quedaba de esa forma también equilibrada.

Quinta etapa: Berroeta-Lantz
Sexta y última etapa: Lantz-Olague
La espesa niebla matutina se afana en borrar la larga cicatriz de asfalto, en tapar la larga vía del escándalo. El peregrino avanzará solitario por el hayedo sumido en sus adentros y de repente el ruido que todo lo tapa, el asfalto que todo lo hiere. Es la autovía de Velate. Lejos de maldecirla, habrá que pedir.
Nosotros también somos la autopista, su orgullo destructor, su humo, su escándalo. Nuestros alimentos y necesidades se trasladan en las grandes cajas de sus camiones. Viajamos rápido gracias al cómodo tránsito que procura la red de autopistas. No sea en balde el sacrilegio. El “progreso”, que a veces causa tanto daño a la Madre Naturaleza, pueda servir a superiores valores. La moderna “civilización” traiga cuanto menos su debida recompensa en forma de acercamiento entre los humanos, de consagración del ideal fraterno. El asfalto omnipresente sirva a la postre para el progreso de la conciencia de la unidad humana.

Cruje bajo los pies un otoño cada vez más envalentonado, pero yo ya clavé el sol y su verde del hayedo en la retina. Vuelvo a casa antes de que el frío viento termine de deshojar la arboleda.
Fin del Camino. La borrachera de la belleza acumulada me permita encontrar el familiar lecho desnudo de aventura y hojarasca.

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