Vulnerables

El sentimiento de vulnerabilidad nos acerca al Alma. No hay nada que sea más importante que acercamos a nuestra Esencia. La vulnerabilidad tiene a bien revelarnos nuestra verdadera identidad, nos aproxima a lo que realmente somos. Hace caer nuestras capas más superfluas, nos familiariza con nuestra Real Presencia.

La vulnerabilidad ralentiza la vida de fuera y sin embargo acelera la de dentro, acelera los procesos interiores. Es importante reconocernos vulnerables, pues así nos estamos acercando a la Fuente que nos habita, que todo lo habita. Reconocernos vulnerables, no es reconocernos heridos. Nada, ni nadie nos puede herir, sólo nosotros mismos. Cuando reconocemos que nada externo nos hiere, es que hemos iniciado ese Sendero que ya no tiene vuelta atrás, ese Sendero al que nos entregaremos en cuerpo y alma durante vidas.

 

Reconocernos vulnerables es reconocernos inmensamente agradecidos aún al borde del abismo. Es rendir todas las armas y argucias del ego. Es sentirnos y sentarnos a la vera de Dios, hallarnos como bien dice el venerable Maestro Thích Nhất Hạnh “en casa”. Reconocernos vulnerables no es sentirnos desprotegidos. Que me falte aliento, no quiere decir que falte el Aliento, es sólo que estoy aprendiendo a respirar.

Reconocernos vulnerables es tomar conciencia de que ningún sufrimiento es en balde. Es también reconocernos en proceso de pago, de equilibrar las cuentas. Es asumir y agradecer la Ley, que nunca nos ahoga, que nos dará siempre las mil y un oportunidades de volver a empezar.

Reconocernos vulnerables es sentirnos habitados en un cuerpo con fecha de caducidad, pero conscientes de que la Vida verdadera nunca caduca. Es descansar en el aquí y en el ahora, que es una de las modalidades de la eternidad. A la postre vulnerabilidad era reposo en la eternidad. La eternidad a veces no tiene otro remedio que abrirnos las puertas por medio de una enfermedad, un accidente, un contratiempo.

Pasarás la noche tosiendo, ardiendo entre sabanas mojadas, pero tú Ser estará tranquilo. Por encima de los días y las noches amargas siempre verá un resquicio, siempre contemplará a lo lejos algo, siquiera una pequeña ranura, del horizonte inmenso de la eternidad.

Recelaremos de los exilios que necesariamente hemos debido transitar. Reconocernos vulnerables es dar un paso más hacia nuestra autenticidad, hacia nuestra humanidad, también hacia nuestro verdadero Hogar; en definitiva es tomar plena conciencia de nuestra condición de hijos e hijas de Dios, infinitamente queridos, celosamente amparados por su Amor que todo lo inunda.

Artaza 25 de Julio, “Día sin Tiempo” de 2109

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