“Complicado” collar

La muy coqueta se engalana para la sencilla y rutinaria ceremonia. Cuando el ascensor aguarda ya en nuestro piso, cuando apenas faltan unos breves minutos para el arranque de la misa, saca del joyero de cuero el temido y complicado collar. Me acerca suplicante ese mismo de gordas cuentas y aciagos recuerdos que tantas veces ha logrado acabar con mi paciencia. Los segundos se aceleran, la religiosa hora de las seis se acerca, pero yo respiro…

 

En ese vital momento el sacerdote puede aguardar, el mundo en realidad puede detenerse. Lo importante es concentrarse y acertar. La tarea no es fácil, pero tampoco estéril. Trato de recordarme que ya nada ha de ser como antes, cuando tan pocos instantes eran sagrados y las prisas nos ganaban. Intentando acertar con el difícil collar yo estoy en realidad honrando a todas las abuelas de la tierra, las estoy engalanado, las estoy colmando de aún más belleza… Sus cuellos de todos los colores y razas, colmados de tantas arrugas merecen las más brillantes cuentas. Sus delanteras que albergan agotados pechos, representan el origen de cuanto somos.

Vamos apresurados, pero felices a su obligación. Avanzamos todo lo rápido que dan sus piernas hacia la iglesia del barrio; ella engalanada con sus mejores joyas y yo por mi parte habiendo superado la prueba de la paciencia; después de haber rendido merecida honra a todas las entrañables abuelas de este mundo.

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