Cacos

Las puertas siempre abiertas tienen su precio. La libertad y la confianza en la humanidad también. En los pueblos pequeños lo hemos venido pagando a gusto. A veces sin embargo llega abultada factura de repente; a veces cuesta asumir que alguien haga mal a otro con tanta ligereza, que le prive sin razón mayor de herramientas y materiales que le son de gran utilidad. Es entonces cuando se hace imprescindible recordar que libremente hemos asumido venir a un mundo de muy dispares evoluciones en el que es “natural” que ocurran estas cosas. Es preciso recordar que hemos decidido encarnar en un escenario en las que proliferan almas que recién inician recorrido de desarrollo humano.

El recuerdo habrá de ser acompañado por el desapego de las cosas materiales. En nuestro caso el robo ha consistido en material de cocina, de escritorio, iluminación, focos, proyectores y otros enseres (bancos, mesa plegable…), en su inmensa mayoría útiles que nos servían para el Foro Espiritual de Estella (www.foroespiritual.org) y el campamento que en breve iniciamos (www.pirinea.org).

 

Parto a dar cuenta a la Guardia Civil de Eulate. Por el camino me habré de repetir que somos almas que estamos en probación, que no irritarse ya es vencer la prueba. Me habré de recordar que estamos de paso y que las cosas materiales están también ahí para aprender a desapegarnos de ellas. La ventana del facebook tiene la ventaja de poder compartir nuestras pruebas personales y así ahuecar enfado. Eskerrik asko!

En el cuartelillo

Escuchó paciente y atento mi relato. Con sus dedos grandes tecleó mi historia pequeñita, pues pequeño es siempre aquello que concierne a enseres y materia, a cosas que faltan y a las que en exceso nos apegamos. Mientras que el agente ponía orden en la pantalla a mi denuncia, me dio tiempo a remontar el hayedo tras la casa, de alcanzar la cima de la sierra y divisar Alsasua. Me dio ocasión para pensar también en las montañas, a menudo igualmente soberbias y altaneras, que nos separan a los humanos.

Alsasua a escasos 20 kilómetros en línea recta, pero al marchar le hubiera dado a gusto un sincero abrazo después del tiempo y la amabilidad que me brindó. Le di sólo la mano, pero hubiera querido ser más efusivo. Tenemos que acercarnos los humanos. Estamos cargados de mutuas incomprensibles, de pasados que nos hipotecan.

Nunca sobran los abrazos. Toca ya allanar nuestras montañas humanas, reunir todos los dolores en unos corazones cada vez más esponjados. Libertad para los chavales Altsasu que hace tiempo que debieran estar en la calle, anudando ahora el pañuelo rojo al cuello, corriendo sin resbalar con la vida o tras el astado… Pero nuestros brazos también podrían ser más acogedores hacia estos hombres que tan generosamente nos ayudan en medio de nuestros apuros. Vayamos al punto de en medio, a reencontrarnos en nuestra humanidad más allá de clichés, colores y vestimenta…

Más humus y fertilidad en las geografías de afuera y adentro. Fue en la casa de la Guardia Civil de Eulate, en la soleada mañana del 9 de Julio, justo después de que el cielo descargara todos sus mares sobre nuestra tierra reseca.

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