Lo siento, no me alegro

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Los ánimos de gran parte de la población están justificadamente exasperados ante una violencia contra la mujer que no cesa, pero pareciera queremos acabar de repente, a golpe de maza, con un problema que subyace en lo profundo de la psiquis humana. ¿Son “las sentencias ejemplares” la sola arma para atajar esa gravísima lacra, o lo es sobre todo la promoción de una nueva relación entre hombres y mujeres que contribuya a desterrar el pernicioso, y a veces letal, machismo aún imperante? ¿Qué pueden hacer quince años que no hagan diez? La vía penal, sin dejar de ser necesaria, no debiera ser la única.

Llueven “whashaps” con el escueto “me alegro”, pero lo que personalmente me agradaría es el arrepentimiento, no el escarnio. No me sale alegrarme por el mal de ningún ser humano. El principio de compasión universal, al que a duras penas trato de ser fiel, me lo impide. Creo firmemente en la ley superior de la evolución, creo que en todo ser humano habita un alma más o menos desarrollada, creo que esa alma es siempre susceptible de crecer y evolucionar. Nuestro deber es auspiciar de la forma más eficaz posible ese necesario progreso.

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“Thermomix”

sabor_chuncano_chuncania.jpgPor más que dicen que lleva altavoces y pantalla incorporada, no me veo compartiendo oración íntima con la famosa “Thermomix”, esbozando mi plegaria antes de desvainar los afilados cuchillos, en compañía de ese motor doméstico que hace furor por toda Europa.

Los robots ya han traspasado muchos umbrales. No es preciso que llamen a la puerta de la cocina. Estamos cocinando en silencio y a fuego lento. En realidad todo en nuestras vidas lo quisiéramos hacer a fuego un poco más lento. Cucharas de duro boj y ollas de más frágil barro en nuestras vidas, viejas recetas que se trasmitan de anciana boca a joven oído. La omnipresente wiffi no tiene por qué acabar con todos nuestros secretos.

Deshielo

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Puedan mañana ladrar con poderoso eco, ante un sólido paisaje que retumbe por fin esperanza. Hielo debajo de sus patas, futuro delante de nuestra mirada. Debían caminar sobre una inmensidad más blanca, nosotros debíamos avanzar también sobre un terreno más firme, hacia un horizonte menos acuoso. Nos faltó cuidado entre nosotros, cuidado y ternura para con la Tierra nuestra Madre.

Deseamos chapotear sólo en las playas de fina arena. Aspiramos a un panorama menos líquido. Aún estamos a tiempo… Puedan esos perros un día volver a correr por el puro, blanco y duro hielo; puedan conocer las nuevas generaciones algo del glorioso paraíso que fue en su día este planeta querido. ¡¡Así sea!!

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“LAS DIVORCIONETAS”

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Nada de reciclar aquellos labios reunidos, aquel instante eterno. El matrimonio también era de usar y tirar. Las promesas de por vida ruedan también con el veloz carrito de la compra-venta. La felicidad que nos quieren mostrar también era de plástico. “Divorcio al alcance de todos” rezan las “divorcionetas” de Carabanchel, Leganés y Getafe. Tiempos de gangas, en los que es fácil vender nuestras más sagradas responsabilidades. Tiempos de “low cost” en los que “si te he visto ya no me acuerdo”.

150 euros y volver a empezar. Barato “adiós”, barato nuevo intento… 150 euros y por fin “vía libre”. Conviene sacar a la sagrada pareja del escaparate de los saldos. Buscamos imposibles que de hallarse en algún lugar, se encuentran en lo profundo de nosotros mismos, en nuestras carencias emocionales, en nuestra falta de Centro.
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El abrazo de los muertos

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El paso del tiempo tiene la virtud de desapasionar la lectura de la historia. Los aniversarios pueden traer su recompensa en forma de análisis sosegado y balanceado, de reflexión con perspectiva de tiempo. En este conveniente repaso desapegado del acontecer colectivo, hemos contado entre nosotros con eminentes maestros, tanto en lo que se refiere a su mirada, como a su pluma.

En Euskadi también tuvimos nuestro particular Dionisio Ridruejo, esa suerte de privilegiada alma capaz de vibrar con los dolores de todos los bandos. Se llamaba José de Arteche y su libro “El abrazo de los muertos” marcó mi primera noche de adolescente insomnio. Arranqué con él porque entre sus cuestionadas páginas, aparecía mi tío. El hermano de mi padre ejerció de médico en el frente de Elgueta con el bando de los alzados. Después, ya adentrado en la vorágine de la contienda norteña, no pude soltar el relato. El libro más importante del escritor vasco tuvo un “parto difícil”, pues la censura no le permitió ver la luz hasta 1970.  Antes de “hacerse a la mar”, el biógrafo de nuestros más insignes marinos y navegantes sufrió por partida doble, por los que habían caído de uno y otro lado en nuestra guerra fraticida. No terminamos de ver un ideal en sumar al franquismo, sin embargo él, en la pura noche de la post-guerra dedicó su libro a “todos los que murieron luchando por un noble ideal”.

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