Nunca sobra el perdón

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El presidente de México, López Obrador, independientemente de su mayor o menor acierto en la solicitud de que el rey Felipe VI pida perdón por la conquista de México hace 500 años, nos ha acercado una reflexión necesaria. Nos ha dado la oportunidad de recapitular colectivamente, de repasar y repensar la asignatura del pasado. Nos ha predispuesto a reconciliarnos con nuestra propia historia. El máximo mandatario de la nación hermana nos ha presentado la oportunidad de rescatar nuestra responsabilidad en el tiempo en que fuimos los más poderosos. Pero, ¿hasta qué punto somos responsables de los errores de nuestros antepasados?

La tradición oculta nos habla de que existe un “karma” o responsabilidad personal, pero también de que existe un “karma” o responsabilidad colectiva. La responsabilidad colectiva se adquiriría desde el momento en que constituiríamos un alma colectiva diferenciada. A partir de esta premisa no sobraría el perdón, la oportunidad de acercarnos a otra alma colectiva, otrora adversaria. Avanzaríamos en conciencia admitiendo que no utilizamos acertadamente ese mayor poderío, reconociendo excesos, no eludiéndolos. La humanidad gana con plus de perdones, pierde con su déficit.

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