¡Ultreia et suseia. Deus adjuva nos!

Alto da Portela (400 mts.) Inmediaciones de Rubiaes-caminho.jpg

Apuntes peregrinos. 22 de Septiembre-13 de Octubre

Otros recogerán los regalos del otoño entre la primera hojarasca, regarán la ya poca huerta cuando el sol se rinda tras la montaña… Cerramos la puerta sin pena. La Senda siempre guardará su innato poder regenerador. Salimos al Camino cojos, tullidos, encorvados…, apenas con un palo, unas avellanas y un pan dulce. Salimos porque queremos renovarnos, ser mejores personas. Salimos porque hemos errado mucho, tal vez demasiado y queremos, aún en esta vida, siquiera miopes y cojos, empezar de nuevo.

Sana el polvo y el sudor del Camino… Saldremos cuantas veces haga falta, cada vez que arranque en nuestro interior la fuerza de dejar todo atrás, el coraje de ser personas más comprensivas y compasivas, más generosas y amorosas. ¡Ultreia et suseia. Deus adjuva nos!

No tener otra cosa que hacer que inundar al paso los ojos de belleza. No tener otra cosa que hacer que agradecer infinitamente el Origen de esa belleza. No tener otra cosa que hacer, sino intentar ser nosotros también esa belleza, esa armonía, ese bien supremo… ¿Será eso el Caminho…? No tener otra cosa que hacer que mover unos pies renqueantes que atrapar un alma desbocada…

Primera etapa.  Sao Pedro Rates (aledaños de Oporto) – Barcelos

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Unirme a esa devoción popular, es lo que deseaba a primera hora de la mañana en la iglesia mayor de Barcelos. Unirme a cada una de sus palabras que a duras penas, solo adivino. Unirme a ese rosario matutino, a esa alma colectiva, a ese pueblo sencillo, humilde, rendido en el más elevado sentido de la palabra, rendido a lo Alto.

Unirnos siempre unirnos, por encima de las razas, los pueblos, las religiones, las formas de intentar alcanzar el Misterio o lo que es lo mismo sumergirnos en nuestro profundo.

Unirnos no importa ante qué altares abigarrados, no importa qué oración musiten nuestros labios resecos; unirnos incluso a costa del “ruega nosotros pecadores…”; unirnos profundamente y ayudados por la fatiga del camino, por un instante siquiera, desaparecer en ese Uno.

Segunda etapa. Barcelos -Lugar do Corgo

La higuera lanza por doquier sus ráfagas de perfume almibarado, las primeras nueces se estrellan en el suelo reseco, las vides ya listas para el cubo flanquean los caminos… y sin embargo los grandes calores aún no han partido. El sol se esconde entre las viñas como si fuera otra uva grande más entre el viñedo maduro. Dulce vino de otro embriague… El sol se excusa y se marcha a dorar otras lejanas vides y sin embargo a esas extrañas horas el cayado del peregrino resuena aún por el camino.

Al fin y al cabo qué representa el camino, sino esa posibilidad que se nos brinda de bendecir todo aquello que nos sale al paso, ya sea la fuente, el río, la sombra, la fruta caída…; Ya sea la sed, la fatiga, la ampolla…. Nos hace mucho bien agradecer, bendecir y sin embargo tan poco lo hacemos en una vida cotidiana siempre apresurada.

Adandonarse al instante y a sus hitos. Sólo unos ojos buscando las flechas amarillas, sólo un alma con patas torpes y mochila pesada buscando la Fuente. Nada más. No correr por el refugio, abrazar la Providencia y lo que ella depare…. Los albergues están llenos, siquiera por una noche sus camas ya tienen dueño, ya tienen su sueño. Siempre habrá un suelo bajo cubierto, un sofá libre para el peregrino cansado. Pido por la gracia de poder seguir mañana caminando, de seguir bendiciendo y agradeciendo…

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“Pequeñas y secas…, pero Dios manda y hay que aceptar…” Me dice la aldeana sonriente desde la escalera, pero su sonrisa grande y fresca vale más que la cosecha de todas sus viñas. Benditas estás mujeres del campo, que mantienen vivas las vides, que guardan la fe y la vida. Me regala un gran racimo. Una a una hacen el camiño más dulce hasta Ponte de Lima.

* Tercera etapa. Lugar do Corgo -Ponte de Lima

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… Y si el sonido del cayado nunca callara. Atrapa cada día un poco más el gozo del Camino, hasta el punto de desear que las flechas amarillas nunca se acaben, que la Senda no tenga su fin, su Santiago… Quisieras conocer cada día nuevas gentes, nuevos paisajes maravillosos, sobre todo descubrir un poco más una geografía siempre poco conocida de adentro.

Es entonces cuando te asalta inevitablemente la idea de cómo servir al mundo con un bastón en la mano y una mochila al hombro; cómo ser servicio en la condición de mero peregrino; cómo ser útil con unos simples pasos. Quizás sea la mirada altruista, generosa, que podemos prodigar por doquier; quizás sea la intención que imprimimos a esos pasos, el propósito que le damos a cada momento y muy especialmente al amanecer de ese caminar.

No es preciso que la oración alcance y mueva los labios, basta la mirada embelesada, admirada, siempre, siempre agradecida. Nos acercamos a la frontera española. Hoy caminaremos en silencio, en solitario con clara intención de ofrendar ese placer y ese dolor, esa dicha y ese cansancio…

* Cuarta etapa:  Puente de Lima- Valenca

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Opositamos a los Cielos, pero con qué facilidad nos atamos a la tierra. El Camino bien nos sirve de espejo, bien nos revela cuánto de cielo y de tierra albergamos dentro.

Las sombras de los robles, las orillas de los ríos, la lectura apacible, las notas del Camino…, me impiden llamar a una hora temprana a las puertas de los albergues. Hoy como el resto de los días, los compañeros peregrinos ya están en destino. !Ojalá quede alguna cama! Peregrinar nunca es competir por más que ello implique renuncia a un descanso blando. Poner la mente en “modo comida” o en “modo cama” es malograr el camino. Ya he echado a perder demasiados kilómetros de esa forma.

Si bien es verdad que la mayoría de las noches la espalda no ha disfrutado de colchón bajo sus huesos, ninguna pernocta fue a la intemperie. No me ha faltado cobijo para el descanso. Si la mente se llena de cama apacible con vistas, o de bocata de tortilla…, es probable que haya otra Mesa en la que no tengamos sitio…

La mirada siempre puesta en lo más Alto, aunque no sepamos donde tiraremos los huesos, aunque el ayuno no calculado se imponga… Confiar en la Providencia, en que seremos asistidos, en que nunca nos faltará de nada esencial en nuestra senda; confiar en que pese a todo, siempre estamos en las manos de Dios… He ahí íntimo reto.

–  Quinta etapa: Valenca- Porriños

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Las estrellas no se apagan cuando nosotros queremos. El alba no raya a nuestro antojo, sin embargo antes de clarear el día, servidor andaba aporreando los cielos. Demandaba luz. La oscuridad omnipresente se tragaba las imprescindibles flechas amarillas. El amanecer no está a merced de nuestro capricho. Sus ritmos poco tiene que ver con nuestra impaciencia.

Unos cercanos y estentóreos ronquidos y un despiste por el cambio de la hora ya en España, me pusieron en la carretera sin luz, despistado, sin ver por dónde iba el camiño. No amanece cuando nosotros queremos. El día no se prepara en un instante. No se precipita ningún parto, no se acelera el alumbrado de la vida, tampoco el de la conciencia. El humano no se realiza, sino al cabo de muchas vidas y prolongado intento… Vestiremos carne una y mil veces hasta clarear la perfección.

Seguiremos buscando flechas amarillas en medio de la oscuridad, antes de rayar ese definitivo Alba. Avise por favor quien divisé las primeras luces…

* Séxta etapa: Porriño- Redondela

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“No pain, no glory…” Sudor y esfuerzo sí, pero las espinas ya no debieran ser necesarias. ¿Lograremos quitarnos de la mente esa programación inmemorial, ese sino que nos ha perseguido hasta el presente, ese mural a la vera de nuestros caminos?

¿Seremos capaces de desafiar la sentencia en el futuro, de invertir el rumbo de la historia? Osaremos alcanzar esa gloria por el camino de la conciencia, ya nunca más por el del dolor. La máxima lacerante se encuentra a la salida de Porriño. Me viene en realidad persiguiendo a lo largo de todo el día.

El sufrimiento puede dejar de ser nuestro compañero inseparable, por más que nos amenacen a la salida de las ciudades, por más que nos lo recuerden los muros de caduco granito…

* Sétima etapa: desde Redondela hasta las proximidades de Pontevedra. Aprovecho para agradecer de corazón la tan cálida y fraterna acogida que me dispensaron ayer en su casa de Vigo, José Antonio y María Asunción González.

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No había conexión wiffi entre la arboleda, pero sí conexión con las estrellas, alguna rayita también de conexión vacilante con la magia del otro mundo intangible. En su seno acogió mi sueño. Es cierto que la máquina no daba para más, que después de ocho días de peregrinaje el cuerpo reclamaba pronto descanso, pero también es verdad que ese bosque solitario a la luz del atardecer, atrapaba con su encanto irresistible.

Estaba a las puertas de Pontevedra y sin embargo no tentaba la ciudad, menos aún el polígono industrial a atravesar. No tentaba un refugio colmado de ronquidos, animado por despertadores que empiezan a sonar a las cuatro y media de la mañana.

El bosque de castaños, que me acogió en las proximidades de la ciudad, no me pedía datos, ni sellos, ni profesión de santa fe católica como requiere la compostelana. Me cedió gratuitamente un colchón de hojas secas y helechos. Sólo apartar las bolas de espinas y tirar el saco. Bendita, generosa y digna de agradecer la labor de quienes regentan albergues, pero a veces la necesidad de naturaleza y silencio puede superar a la de compañía, techo y ducha.

Cae la noche bajo los soberbios árboles en fruto, se desploman de vez en cuando las pelotas de castañas con todos sus pinchos sobre el catre improvisado. Se desprenden para recordarme que mañana aguarda otra andariega y preciosa jornada, para hacerme observar que aún no he alcanzado descanso eterno…

* Octava etapa: aledaños de Pontevedra, aledaños de Caldas de Rey

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Si el cuerpo aguantara no dejaría nunca de caminar. El sonido del cayado nunca callaría, todas las tardes lavaría y colgaría de cualquier cuerda los viejos y agujereados calcetines, ojos y alma se irían agrandando a golpe de eterna admiración…

Lástima de íntima confidencia con el río hoy avanzada la tarde. No sé si en buena hora, me aclaró que el Camino es búsqueda, pero también huida… ¿Llevaré ya nueve días huyendo?

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Hoy en día los tesoros ya son para compartir a manos llenas, para el beneficio de mayor número de seres, nunca para enterrar. A ello somos invitados con el concurso de las nuevas tecnologías.

Sólo las nombraré, porque de lo contrario no me quedo tranquilo. Tenemos la obligación de compartir aquello que colma el alma. Debiera hacer un comentario más serio, pero aquí con la torpe tablet, en un alto del camino, no da para más. A mí me han hecho mucho bien y sólo espero que a alguien también le sirvan.

Son las novelas espíritas que vengo devorando desde hace meses. Vienen ahora conmigo en el camino. Todas las noches se me hacen cortas, me quedo dormido con ellas. En Barajas leí hasta que alzaron vuelo los primeros aviones de la mañana. En los refugios me reconozco poco sociable. Mi pobre inglés y mis ganas de esconderme en el saco y encender ese libro luminoso, me convierten en hombre de pocas palabras. Los descansos los estiró, las sombras las busco para seguir sumergido en la última historia.

Sólo diré que las novelas espíritas están desbordadas de valores. Te familiarizan con el más allá, con la vida eterna. Te invitan a despegar del mundo material, a llevar una vida noble, generosa, altruista… Son relatos reveladores que animan a la constante recapitulación de nuestros días. He aquí los títulos que he leído. Los mento de memoria y por lo tanto están sujetos a error. Los podéis encontrar todos en la Red, en formato PDF, accesibles deforma gratuita. Sobre la gesta heroica de fraterno amor de los primeros cristianos en medio de un mundo sumamente cruel: “Pablo y Esteban”, “Ave Cristo”, ” 50 años después”, “Hace 2000 años”… Otros títulos “Marietta”, “Nuestro hogar”, “El caballero de Numiers” “La dama de Bretaña”, “La vorágine del pecado”… Por último las novelas y ensayos de la abnegada escritora sevillana Amalia Domingo Soler y del francés León Denis. Por supuesto también del fundador de todo el movimiento Allan Kardec.

Tras el espiritismo, la Jerarquía vertiría sobre la humanidad avanzada más completas y ordenadas revelaciones, como pueden ser la Teosofía, las enseñanzas de Alice Bailey, del Maestro Omraam, Thích Nht Hnh y otros tantos otros. Sin embargo todos estos grandes legados de Sabiduría dirigidos al humano con anhelo de evolucionar, lejos de confrontar, se complementan. Debo por último hacer patente mi agradecimiento a la responsable del grupo espírita de Coruña, que fue quien me facilitó los primeros títulos espíritus.

* Novena etapa: aledaños de Calas de Reis – Pino

* Décima jornada: aledaños de Padrón-Faramello.

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Eterna espalda sin llaga que se hará a tantas mochilas y fardos. Otras Ciudades de Luz nos aguardan. Las fachadas de cristalina piedra costará más alcanzarlas. Los Santiagos de más puntiagudas y esbeltas torres constituyen nuestros verdaderos desafíos.

Sólo fue mascar un poco de polvo de soleada tarde, saborear gloria de inolvidable amanecer. Sólo fue un breve entrenamiento, un cobrar fuerza y coraje interior para el auténtico peregrinaje sin fin. Seguimos buscando perdidas flechas amarillas, caminando siempre unidos por estos campos de vides, sudores y estrellas. !Fuerte abrazo desde Santiago!

* Undécima jornada: Santiago

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Ellos oficiaban la misa, pero ella conmovía las almas. Ellos la primera fila, los suntuosos hábitos, el sermón de masas…, pero en realidad ella gobernaba el acto. Riguroso y sencillo hábito marrón oscuro vestido por una mujer muy joven, sumamente humilde. Cantaba y se ocultaba tras una columna, como si su presencia debiera cronometrarse, como si ese éxtasis que contagiaba estuviera racionado. Apenas movía la mano al cantar y elevaba a feligreses y peregrinos hasta la más altas esferas.

Era la Voz, la Voz de otro mundo prestada circunstancialmente para premio de quienes coronan Camino. Ví innumerables mejillas mojadas al sólo abrir ella la boca y traer las melodías de las esferas. Su semblante reflejaba una tristeza que contrastaba con el gozo sublime con que inundaba el interior de tantos peregrinos.

Sería que ya venía de vuelta, que su Voz había abierto ya las puertas de los Cielos; sería que tenía que bajar de vez en cuando a secar el sudor de los peregrinos, a empujarles más lejos, más arriba (¡Ultreia et Suseia!), a sugerirles un Santiago más celeste, más supremo.

* Fue ayer, fue en la misa del peregrino de la Catedral de Santiago. El peregrinaje apacigua. He venido más humilde del Camino, menos rebelde, pero algo aún me empuja a evocar unos altares que estén también presididos por nuestras mujeres. No es feminismo, es elementalidad, cabalidad.¿Cuándo no sólo hombres en el ara mayor? ¿Cuándo nuestras queridas hermanas presidirán las más significativas celebraciones? ¿Hasta cuándo esa anacrónica relegación…?

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A cada punto y aparte estiraré unas piernas ya algo entumecidas, respiraré más hondo y abriré la ventana de la chimenea. Me aguarda un libro ya comprometido. ¡Ojalá fondo y márgenes luminosos, ojalá pueda ser útil a un mundo aún apesadumbrado! Muchas horas junto a los primeros leños ardientes que sacrificará este otoño.

Mientras tanto sigo caminando. Hoy arranco en Fonsagrada,  camino primitivo. Me he inventado nuevas flechas amarillas. Voy por montes y valles con una brocha que pinta nuevos senderos. No sé si apuntan a la ciudad del apóstol. Santiago no representa sólo la osamenta enterrada de un misionero del amor fraterno, no es únicamente el km “0” de tantos Caminos, es también excusa de mayores rodeos para llegar junto a una ventana, junto a una leña ardiendo cargado de más recorrido, tibios soles y gratos recuerdos.

Creo que seguiremos caminando hasta que las huellas sean en blanco, hasta que la nieve entierre el ocre de las hojas de roble a lo largo del sendero. Creo que seguiremos caminando hasta agotar el pan de centeno y las almendras lentamente tostadas en el fondo del zurrón gastado, hasta que los labios se agoten en la eterna oración de agradecimiento, hasta dormir debajo de cada una de las estrellas… Creo que seguiremos caminando hasta que las piernas se rindan y los dedos se pongan a teclear sobre los ya helados cielos

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Fresco como me encontraba en la primera jornada de este nuevo peregrinaje, trotaba ligero por las alturas, apartando nubes. Lugo, Galicia, Camino en estado puro, sin romerías masivas, sin bares, sin tráfico… Bosques estrenando otoño y cumbres cortejando cielos, pequeños senderos solitarios y soberbios molinos de viento. Dando gracias a cada instante. En toda la jornada sólo encontré tres peregrinos.

Ofrezco este camino, que únicamente podrá ser de tres escasas jornadas, a un amigo que atraviesa horas bajas. Me he peleado con él una y mil veces. Seguramente me seguiré peleando, pero hoy cada uno de mis pasos son para él. Para que salga del agujero, para que coja el cayado, para que sonría al sol y a las estrellas, que ni aún en nuestras horas más aciagas dejaron de brillar para todos.

Primera etapa: Fonsagrada- Cadavos

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La magia siempre impondrá riguroso silencio. Oración sin labios, cayado que golpea suave para no espantarla, es la hermana niebla. Ayer apartaba las nubes, hoy me rindo a la niebla. La abrazo, camino con ella. Ayer el sol en la cara, hoy la suave lluvia calando hasta las entrañas. Ayer corría por los cielos, hoy me entierro en el corazón del bosque mojado. Es el momento de peregrinar hacia la niebla de dentro…

No hay que dilapidar el éxtasis de las alturas por los valles húmedos, tierra adentro. Al igual que las vituallas, hay que saber administrarlo. Será preciso guardar los rayos de sol en los bolsillos del peregrino, en el fondo de la retina, en los pliegues del alma… Nunca se sabe que deparará el alba.

Segunda etapa:  Cadavos- Lugo

Tercera etapa: Lugo-San Román

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