Grandes teclas

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No le hables de washaps. Con su teléfono de grandes teclas no necesita nuevas tecnologías. Ella se sirve de su hilo para mantener cuanto puede unido, familia, amistades, relaciones… No sabe de nueva era, pero ella reporta, abraza, consuela puntual cada mañana. El ritual diario le demanda un banco y ninguna prisa. La lista de agraciados tiene su orden escrupuloso. Todos aprecian su sencilla ternura cuando les llega el turno. Una voz sola aún despistada y gastada, aún desmemoriada es capaz de horadar distancias y tiempo. Unida a ese hilo de cobre es aún más poderosa.

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Naranja 

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El principio de no ofensividad y no confrontación es clave de cara al nuevo tiempo que deseamos alumbrar. Confrontrar sólo las ideas, los proyectos, los postulados, nunca las personas. Es el terreno de la razón nuestro único ámbito de liza. Es la alternativa sugerente, bella, respetuosa, coherente, no el ataque, nuestro mayor activo.

Aceptación de la realidad no significa comunión con ella. Aceptar la realidad significa que buena porción de la humanidad está donde está y yo no me he de incomodar por ello. Se la puede sugerir, pero no exigir. Podemos, debemos ilusionarla, motivarla, pero nunca atacarla. Aceptar el estado de las cosas no significa que no voy intentar cambiarlo.

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“Chalet”

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El problema no es el “chalet”, sino el camino de barro hasta su entrada. El problema no es el deseo de paz y naturaleza a las puertas de la gran ciudad, si no el discurso que lo antecedió, las palabras con las que se faltó a otros que también la compraron. El problema de la izquierda no es su deseo de cambiar este mundo, pues ello le honra, sino su deseo, aún no trascendido, de arremeter contra este sistema que ya caduca, que ya se desmorona. No tiene futuro, sencillamente porque es insostenible, porque no se ajusta a la Ley de la solidaridad universal.

No hay que tirar el viejo orden, menos aún arremeter contra quienes lo sostienen. Caerá solo, por el propio peso de lo insostenible. Las fuerzas de lo nuevo que ya se anuncia, estamos llamados/as a ser compasión, creatividad, esperanza, alternativa…, nunca destrucción, nunca ofensa. La Luz que se abre y va triunfando por doquier, jamás pierde un instante en combatir la oscuridad que ya clarea.

¿”Minfulness”?

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¿Sería eso algo del popular “Minfulness”? ¿Ese anhelo de no estar ni adelante, ni atrás, ni en el futuro, ni en el pasado, sino en el puro, inmenso y embriagador instante, tendrá que ver con esa suerte de difundida meditación en acción? ¿El mágico bosque gallego me habrá ahorrado algún costoso curso de fin de semana? No, seguramente la pureza de mi silencio no alcanza para la titulación, pero en medio del singular bosque lucense, a la vera del río siempre cantarín, me llenó el instante único, hondo, feliz.

Si te proyectas en el mañana o el ayer, el presente se te va sin darte cuenta y no volverás a la oportunidad de ese instante sagrado, de ese momento particular y toda la carga de liberación que encarna. El intenso verano que aguarda, los pensamientos sobre el futuro, se esforzaban en callar la cercana y entrañable melodía del río, de sacarme del momento privilegiado. Remontando poco a poco el curso juguetón del agua, paso a paso, lograba anclarme dentro.

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“Solo un hasta luego… Para los que lloran la muerte de un ser querido”

Los/as amigos/as de Mindalia acaban de colgar en la Red la conferencia que impartí recientemente en Ecocentro (Madrid), con el título “Sólo un hasta luego. Para los que lloran la muerte de un ser querido”. Muchas gracias a la editorial “Isthar Luna-Sol” por organizar el acto, a Ecocentro por haber cedido el espacio y a Mindalia por haber grabado la conferencia.

Maestro árbol

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No sin cierto pudor, me presento ante él y tomándolo entre mis manos, recito sencilla oración. Le pido perdón por lo que me dispongo a hacer. No sin esfuerzo lo corto y él me muestra silente, sin dolor, sin grito, sin siquiera suspiro su larga hoja de servicios, que yo he desdeñado. Me muestra todos sus aros de vida. En la revelación de esa infinidad de aros concéntricos, me esta diciendo: “Yo he sido todo eso, durante tantos años. He dado sombra, agarrado la tierra, poblado el bosque, dado cobijo a pájaros y otros animales… ¿Te das cuenta lo que acaba de hacer con la sierra?”

 Estamos en la cumbre de la Creación, ¿pero cómo nos comportamos en esa cima, qué haremos desde esa jerarquía superiormente otorgada? Tenemos a nuestra administración el mundo mineral, vegetal y animal.¿Seremos capaces de cuidarlos, de gobernarlos con amor y así elevarlos? La misma compasión y el amor que nosotros derrochemos para con los Reinos que vienen detrás, es la misma que nos dispensarán desde los Reinos que nos anteceden.

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Punto de encuentro

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La resolución pacífica de un conflicto siempre reclama recorrido por las dos partes opuestas. Si no hay voluntad para ese acercamiento indispensable, no habrá tampoco vislumbre de arreglo. Antes que por el recorrido que ha de transitar el contrario, nos habremos de preguntar siempre por el que nos toca realizar a nosotros mismos. En esa valiente y exigente demanda interna es donde realmente arranca la genuina paz.

En un mundo significado por una cada vez más profusa diversidad y por lo tanto eventual conflictividad, vamos tomando conciencia de la alteridad y de todo lo que ella implica. En su ancho y colorido espacio es preciso instalarnos y acomodarnos a largo plazo, levantar hogar compartido. Fuera de la alteridad sólo nos queda perpetuar la conocida y tantas veces reiterada dinámica de una confrontación más o menos virulenta. La alteridad en lo cultural y espiritual, por supuesto en lo ideológico y social…, constituye hoy uno de nuestros más importantes y decisivos retos.

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Se encuentren, no se maten

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¿Conocerá ese desierto algún día la primavera? ¿Cuánta sangre manará hoy? ¿Cuántos cuerpos caerán este martes doblados sobre esa tierra ardiente y disputada? ¿Conocerán las nuevas generaciones de uno y otro bando, un respiro, un oasis de paz? ¿Cuál habrá de ser el tamaño del dolor para que los humanos se encuentren y no se maten?

No más ruedas a las casas… ¿Para qué mover los edificios? ¿Qué más dará una embajada en un lugar u otro? Todos los lugares son sagrados, sobre todo si son compartidos, si sirven para el encuentro y no para la disputa. Cincuenta y ocho muertos sólo en el día de ayer es un caro precio para el último capricho de ese megalómano rubio que se considera tan poderoso…

¿Qué importa dónde ondea una bandera, qué vientos de abrasador desierto la marean? ¿Qué más da dónde duermen los edificios? Lo que importa es dónde y cómo viven los vivos. Cómo acaban con sus odios ancestrales, cómo comienzan a caminar unidos, cómo inauguran, de una vez por todas, un nuevo y anhelado tiempo de paz en esa Tierra tantas veces santa y bendita …

Artaza 15 de Mayo de 2018

“LÍO”

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Dicen buenas lenguas que Arriba todo era paz y armonía, que vinimos a la Tierra porque aquí había “lío” y lo buscábamos, lo necesitábamos; porque en mitad de los “líos” se forjaría nuestro altruismo, nuestra capacidad de ser cada vez más con el otro, sobre todo con el diferente.

Tiene razón Inés Arrimadas. Sí, es cierto que con Quim Torra viene “más lío”, pero los “líos” no se tapan, no se esconden. Los “líos” nos hacen crecer, si estamos dispuestos a afrontarlos con generosidad y amplitud de miras; si estamos en condiciones de ser un poco menos nosotros, de anclarnos menos en nuestra subjetividad y empatizar con el otro. Los “líos” se encaran, se resuelven, no se apartan. Los “líos” nos invitan a echar un guiño, a comprender un poco más al adversario, a dialogar con él, a hacer concesiones y llegar a acuerdos. Nos emplazan a desprendernos y sacrificar algo nuestro. La renuncia es consustancial al proceso de maduración.

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Abrir, dar, sembrar, compartir, aventar, difundir, expandir…, forma parte del Plan Divino para esta Tierra bendita; lo promueve, lo alienta. Cerrar, retener, guardar, esconder…, lo frena.

A veces la enseñanza es de simpleza aplastante. Nada puede frenar el futuro, nada puede detener la inclinación natural del humano a dar cada vez más. “Es dando como recibimos”, es dando como crecemos y evolucionamos, es dando como nos realizamos en nuestra verdadera esencia del alma.

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¿Mayo apagado?

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Los años han ido cambiando la forma de ver aquel Mayo del 68 y sus flores y su revolución que en un momento lo fue todo. La distancia, que se ha acrecentado con respecto a aquella primavera de nuestros sueños, no implica apatía, desengaño. Creíamos en aquella revuelta, suspiramos por ella. Hubiéramos dado tanto por estar en las escalinatas de aquella Sorbona, por haber caminado aquel París convulso, inundado de estudiantes de puño en alto. Ahora mucho ha cambiado y sin embargo no quiere decir que se apago el anhelo de cambiar este mundo injusto. A fuerza de clamar imposibles, no logramos cambiar la realidad. Hubo que modular esos reclamos.

Alejarse de la barricada no significa necesariamente hacerlo de la utopía. La distancia, que ha ido creciendo con respecto a aquel Mayo, no invita necesariamente a una adhesión al actual sistema. Margen con respecto a los primeros antisistema, no implica ser uno con lo que hoy impera. Más allá de ese paisaje de cascotes se ha abierto, a lo largo de las últimas décadas, una prometedora geografía en la que han comenzado a florecer cada vez más viables y sólidas alternativas. Lo que principalmente significa a la alternativa verde y solidaria a la que estamos entregados, es que no viene a confrontar, viene sencillamente a ofrecer. Está germinando una alternativa de futuro, cuya fuerza no arranca de un desquite, de un rencor, sino de una esperanza e ilusión cada vez más anchas y compartidas.

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Una nueva era

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Sólo recordar a quienes no pudieron gozar de este amanecer anhelado. Por quienes nunca lo vieron con su ojos de carne. Honramos en esta hora grande a las generaciones del pasado, a nuestros padres, abuelos…, que no conocieron la paz y que tanto suspiraron por ella. Honramos su legado cargado de anhelos.
 
Honramos a las generaciones del mañana que sobre esta tierra de paz, harán un futuro de sana convivencia, solidaridad y de hermandad; para que nunca tengan que contemplar de nuevo al humano matando al humano, para que se persuadan de que el más alto ideal no merece un solo aliento segado. Sobre todo por quienes, ya de uno u otro signo, aún guardan hierro en sus “zulos” de adentro, para que más pronto que pronto se liberen de la carga del rencor y así nos permitan dar el último paso hacia la total normalización en la sociedad vasca.

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