Mística de la corresponsabilidad

globe-csr.jpg¿Sabrán hoy la inmensa  mayoría de los rusos que  al introducir  su voto de apoyo a Putin están  envenenando la disidencia  en remotos hoteles de nuestro Occidente? ¿Sabrán  que  están  apretando el botón  para que sigan cayendo más y más  bombas sobre las madres y los niños de un Guta indefenso?

¿Sabrán quienes otorgan a Trump su confianza que están con su papeleta envenenando la Madre Tierra, expulsando a sus hermanos latinoamericanos a quienes tanto deben, haciendo de este planeta un mundo más agresivo e inseguro?¿Quienes producen películas y vídeos violentos sabrán que ellos  sostuvieron las escopetas de asalto que han acabado con la vida de tantos jóvenes en las aulas norteamericanas? ¿Quiénes cotizan en la “Asociación del rifle” sabrán que esos asesinatos llevan también su rúbrica? ¿Sabremos quienes compramos “Made in China” que estamos contribuyendo a la explotación de trabajadores de la potencia oriental, carentes de unas mínimas y dignas condiciones laborales?

Sólo deseamos poner de relieve el tan olvidado como ancho campo de la corresponsabilidad colectiva. Xabier Meloni nos habla de una nueva y necesaria “mística” en la que por fin concluiremos que todos somos verdugos y víctimas, que no hay un nosotros y ellos, sino un único nosotros. Dice el entrañable jesuita catalán que “esta percepción no desresponsabiliza a nadie ni justifica nada, sino que, al contrario, nos hace más corresponsables.”

Ofender será siempre más  fácil que mirar para adentro. ¿Quienes insultan a “la bruja” de Níjar, cuando asoma esposada rumbo a la prisión, querrían explorar sus vidas anteriores? Todos hemos cometido en el pasado sonadas barbaridades. ¿Quienes en España sostienen determinadas siglas políticas, no estarán dando vueltas al cerrojo que encarcela a prisioneros políticos que tienen el solo “delito” de mirar a España de otra forma diferente? ¿No estarán impidiendo que esos padres encarcelados puedan abrazar a sus hijos? ¿La sangre de tantos hermanos tan brutalmente vertida en Euskadi y en el mundo en los últimos años no hallará en mi interior alguna responsabilidad? ¿En mi inconsciencia, sobre todo juvenil, no habré yo también apretado algún gatillo? Todavía resuenan en mi interior mis propias palabras colmadas de fatal ignorancia, insensatez y perverso orgullo, cuando Aldo Moro fue hallado muerto en un maletero.

La corresponsabilidad no nos debe llevar a la insensibilidad ante el atropello, ni a dejar de poner en relieve las más cercanas responsabilidades, pero tampoco a eximirnos de todo y a elevarnos a los altares.  Corresponsabilidad no es justificar el error, es sólo democratizarlo un poco, hallar nuestra contribución siquiera en una diminuta medida, bien ahora, bien en algún momento de la historia; es estar dispuestos siquiera a susurrar “mea culpa”, a dejar de señalar siempre a “las brujas” fuera y revertir también en algún momento hacia el pecho el dedo acusador.

Será preciso olvidar al yo inmaculado, sobre todo si tomamos conciencia del feroz campo de batalla que ha constituido nuestro planeta hasta hace bien poco. En ese tiempo convulso no vacacionábamos en Marte. El campo mental individual personal se desenvuelve en un campo mental colectivo. ¿Cuánta agresividad no ha emanado de nuestra mente por las más nimias razones? Toda ella ha sumado a la agresividad colectiva, al egregor de violencia grupal. Hay un karma personal y hay  un karma colectivo, pero ambos están estrechamente relacionados.  El devenir de la humanidad  no es ajeno al devenir propio. No somos aislados del prójimo, fuera del mundo, menos aún nuestro campo emocional o mental. Participamos de un destino colectivo y estamos llamados a alcanzar por lo tanto un sentido de imprescindible corresponsabilidad.

Nuestra responsabilidad será mayor o menor en razón de nuestra distancia del hecho, del sentimiento o del pensamiento en cuestión, ya sea de una índole positiva como de lo contrario, pero no convendrá en cualquier caso adherirnos a una responsabilidad “0”. El sentimiento de corresponsabilidad es poner a nuestras espaldas el dolor del mundo, concebir que, siquiera en una pequeña medida, desde mi ignorancia yo también soy causa y origen. Ese imprescindible sentimiento de corresponsabilidad es señal clara de madurez, acicate de evolución colectiva, garantía de un futuro de más armonioso y en paz.

Arteixo 18 de Marzo de 2018

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