Más allá de Plaza Colón

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Sumaríamos hoy a gusto nuestro corazón en Plaza Colón o Estación de Francia, caminaríamos felices este sábado casi primaveral por la avenidas de Madrid o Barcelona. Como no podría ser de otra forma, nosotros/as también apostamos por “la convivencia y la unidad”, ambas constituyen nuestros más sentidos anhelos. Sólo deseamos que por favor se comprenda algo sencillo, cabal y cardinal.

Las Leyes con mayúsculas, las que operan en todo el Universo infinito y también en nuestra península, rezan con lógica elemental y aplastante que la convivencia sólo es desde la libertad y la unidad desde la voluntad de las partes. Desde Arriba sólo se concibe la unidad en diversidad como el más excelso fruto del libre albedrío. No hay vías rápidas, no hay atajos, tampoco el atajo número 155. Por eso no podemos estar hoy ni en Colón, ni en la Estación de Francia. Por más que lo deseáramos, no podremos echar allí a rodar nuestro corazón. La imposición nunca puede ser el medio para alcanzar ni la convivencia, ni la unidad. Vendrán nuevas generaciones que felizmente traigan ya la App de las Leyes incluidas en su programación. ¿Cuánto dolor, cuánta amargura, cuántos años aún para interiorizar este evidente postulado? El sufrimiento sólo viene del desconocimiento y por lo tanto no aplicación de la Ley, la Ley divina que nos habla de la imposibilidad de una evolución sin libertad.

No se puede apostar por la convivencia, por la unidad y a la vez por las porras, los banquillos, la prisión y el exilio para quienes entienden España de otro modo. Urge dar acogida a otras comprensiones, a otras atalayas de la periferia. Ahí comienza la convivencia, pero hoy Colón no será lamentablemente “km. O” de esa imprescindible andadura colectiva.

Urge reunir nuestros sueños y visiones. Dejen de brillar para siempre al sol nuestras espadas. Urge sentarnos y hablar de nuestros diferentes modos de entender España. El encuentro, el diálogo y mutuo enriquecimiento es señal inconfundible de las humanidades maduradas. El Supremo Arbitro siempre demandará acercamiento, renuncias y acuerdos. El “ordeno y mando” jamás será la vía para una convivencia y unidad sanas, verdaderas y de eterno recorrido y nosotros/as, con nuestras fallas innumerables, con nuestra legión de errores y torpezas, trabajamos para la eternidad.

Más allá de Plaza Colón, en la intersección de nuestras culturas, de nuestros pasados y futuros, de nuestros pálpitos y pulsares, sobre todo en la confluencia de nuestros cielos y arcoiris, seguro nos encontramos.

Arteixo 17 de Marzo de 2018

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