Espiritualidad y socialismo en la historia

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Su intuición, sus visiones adelantadas les mostraron una fraternidad superior de otros mundos y quisieron, con mayor o menor suerte, aterrizarla en éste. En todos sus recorridos vitales una misma frustración, una misma impotencia de no poder caminar con los suyos, de tener que alejarse en solitario… Hemos visto el mismo relato en ya muy diferentes biografías: Annie Besant, Simone Weil, Jean Jaurés, Leon Denis… almas nobles entregadas por entero a la causa de emancipación de los últimos de la tierra, comprometidas con los movimientos emancipadores de su época, con las siglas de sus días y sin embargo latir en su interior con fuerza un alto ideal que no pueden satisfacer esos movimientos, esas fuerzas e ideologías pasajeras.

La dificultad para que las doctrinas pasajeras convenzan plenamente a las almas sedientas de eternidad es una constante a lo largo de la historia. Socialismo sí, pero primero socialismo de las almas, comunión profunda del espíritu que es lo que después posibilitará esa necesaria unión externa. Socialismo sí, pero sin los lastres de los humanos que no recelan de llevar al ámbito del compromiso y la militancia sus propias imperfecciones.

A esas almas avanzadas las veremos vagar por tierra de nadie y en esa tierra de inmensa soledad son probadas, de ese desierto son rescatadas. Son almas nobles fieles al Soplo que les habita por encima de todo. Observaremos cómo dicen adiós a sus camaradas con los que se han jugado la vida, con quienes han peleado codo con codo, corazón con corazón durante años. Su ideal de fraternidad no es de este mundo, ven más allá de lo que el resto de los humanos alcanzan a vislumbrar, porque ese sentimiento de fraternidad de unión con todo lo creado, habita ya en lo profundo de su ser.

Querrán ir más allá de lo que entonces se conocía por fraternidad, la fraternidad obrera, pero no tendrán ni pistas, ni referencia, ni mapa… Sólo una consigna, sólo una voz interior que les impide descansar, que les dice “más lejos”, “más alto”… El exilio será imprescindible para ser medidos en sus convicciones, en su fuerza de voluntad, en su anhelo superior. Tras la prueba insoslayable del exilio viene la tierra prometida, ya se llame esta Espiritismo, Teosofía, Escuela Arcana…, o cualquier otra corriente espiritual seria.

El socialismo se pudo dulcificar, se pudo nutrir de pureza, de más genuinos ideales, de iniciativas más integradoras y armonizadoras gracias a su participación, a su concurso, pero más tarde o más temprano vendrá el momento de la separación, la decisión de volcarse preferentemente en la regeneración del humano, antes que de las estructuras, habida cuenta de que la transformación social sólo será real a partir de esa transformación impostergable de la individualidad.

Todos sabemos en qué terribles abismos se ha despeñado un socialismo que no está gobernado por ideales puros. No nos detendremos en una evidencia con lamentablemente tantos ejemplos en la historia y en el presente. Por eso sabemos que nunca se equivocaron los Besant, los Weils, los Denis…, cuando se apearon. No es que cambiaran sus aspiraciones, el compromiso humano siempre irá con esas almas nobles. Se hicieron con un carnet de militancia sin siglas, sin color, ni número; aprendieron a confraternizar con una alianza sin tiempo, ni geografía. No cambiaron de bando, siempre al lado de los más humildes y desheredados, aprendieron a mirar más lejos y más alto.

El espiritismo cobra fuerza con la publicación del “Libro de los espíritus” de Alan Kardec en 1857, en plena expansión del socialismo en Europa. Tienen sobradas razones  para ir de la mano cuando el ideal socialista aún no está  contaminado. Así es como Leon Denis (1846-1927)  uno de los principales exponentes del espiritismo puede  afirmar:  “El Espiritismo es un poderoso medio de propagación y de realización de todas las ideas sublimes, generosas y humanitarias. Él ofrece al Socialismo una base y una sanción demostrando que los principios de solidaridad, de fraternidad y de justicia, que constituyen su propia esencia, se hallan inmanentes en las leyes universales y son la regla de los mundos superiores.”

El amor a la justicia invita  menudo a doblar la militancia, pero mientras las ideologías se marchitan, los valores e ideales espirituales permanecen eternos. El espiritismo es entonces denominado el moderno espiritualismo. Las almas libres axfisiadas por el “forces” mental de la ortodoxia, se nutren de su literatura.  Pero el Cielo, la Jerarquía  prepara una  renovada y    global revelación para finales del sigo XIX. El espiritismo cumplía su función de revelar a la humanidad la existencia de un alma evolucionante que no muere, la existencia de una pléyade de espíritus que nos ayudan en esa evolución. El espiritismo  anima al humano a pensar por sí mismo y a dejar de depender de la doctrina tantas  veces  alienante, sin embargo una humanidad  madura  necesitara de posteriores revelaciones más amplias y ordenadas que amplíen el campo de su conciencia, que ponga en orden en medo de esa pléyade de los “espíritus”. Tendrá que venir la siguiente revelación de alcance planetario de la mano de Madame Blavatsky para que la humanidad tome conciencia de la existencia de un Plan superior y de unas Grandes Almas que sirven a ese Plan.

La Teosofía se nutrirá también de ese socialismo que no termina de saciar a las almas más nobles y entregadas. La ideología por muy emancipadora que sea no podrá satisfacer al alma sedienta de eternidad. Una espiritualidad desbordada en las almas libres no podrá ser contenida ni en los estrechos márgenes de la religión, pero tampoco en los de la ideología. Las dos son hijas del tiempo y de sus condicionantes. Así veremos a una Annie Besant bregada durante decenas de años en las luchas sindicales, en el empeño emancipador de la mujer obrera, llamar a las puertas de la señora  Helena Blavasky en el Londres de 1889.

Somos muchas las almas que después de Annie Besant seguimos llamando a la misma puerta, a la misma hora del té. Cada vez irán llamando más, sencillamente porque lo pasajero no puede lidiar con lo eterno, ni lo visible con lo invisible, ni la ficción con luz de la verdad. La líder socialista  entrará en la sala de la huraña y misteriosa señora de origen ruso que había escrito tan singular y revelador libro, “La doctrina secreta”, tomará el té  y ya no saldrá de esa corriente de un compromiso más profundo en el que se volcará por el resto de sus días.

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