Catalunya en el corazón (IV)

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La cordialidad

La cordialidad antecede a la hermandad humana por la que trabajamos. La cordialidad es un puente imprescindible que todos deseamos. La cordialidad es necesaria construirla desde la dos orillas. A cada lado hay que poner ladrillos de respeto, de diálogo, de mutua comprensión… La cordialidad no es un brote repentino, no es fácil que despunte tras las porras, los banquillos, los obligados exilios… El rey de España merece todos los respetos, pero no menos que el señor Oriol Junqueras que lleva ciento diecisiete días privado de libertad sin poder abrazar a sus hijos…

Jamás faltaremos a ningún hijo de Dios, menos a un monarca que tanto significa para tantos españoles. Otro tanto merecen los dirigentes catalanes presos, exiliados, o pendientes de “causas”, que son continuamente vilipendiados en medios públicos y que tanto significan para tantos/as catalanes/as. Vamos a por la cordialidad tan anhelada y pendiente, pero por favor pongamos de una vez por todas esos ladrillos…

Himno de España

“Vuelvo a casa, a mi amada tierra…” reza el himno de España al que le ha acaba de poner letra Marta Sánchez . Todas las casas pueden sumar, todas las tierras amadas también. Todos lo cantos, todos himnos … podrían enriquecernos, partiendo del respeto, de la consideración… El problema es la sintonía que quiere despegar sobre las otras. El problema es la canción obligada que no termina de salir del corazón.

Mañana nuevos demócratas se presentarán ante el tribunal supremo y lo único que pueden conseguir quienes les juzgan y quienes están detrás de quienes les juzgan, es que las casas, las tierras, las culturas… se distancien. Lo único que conseguirán, si les imponen penas, es que el himno de Marta Sánchez suene aún más ajeno.

Volvamos a la casa común, a la amada tierra que también es España, pero con renovado espíritu de reconciliación, con voluntad de cerrar las heridas recientes, las llagas también más antiguas. Volvamos a la casa común, pero con humildad, con mutuo respeto, sin revanchismos e imposiciones, sin juicio, cárcel o exilio para los demócratas que ven España de otra manera. Volvamos a la casa común sin exhibición de hiriente fuerza de Estado.

La casa común sólo la amenaza las leyes que no caminan, las anacrónicas imposiciones, la falta de diálogo… La casa común que alude Marta Sánchez sólo se construye desde el escrupuloso respeto y consideración, desde la bilatelaridad, jamas con la humillación hacia auténticos demócratas. Así es como podrá un día surgir de nuestros corazones un mismo himno, un mismo canto, un mismo amor a una casa, a una tierra fraternalmente compartida.

El “radio” de la justicia

La justicia de la tierra tiene un radio de acción, más allá de ese radio hay otra justicia que opera. Puedes ser prófugo de una justicia y hallar amparo en otra. Hay otra Justicia de la que ninguno podemos ser prófugos. Las consecuencias de nuestros actos, ya de un signo, ya de otro, nos acompañarán allí donde nos encontremos. No hay avión, ni tren, ni nave… que nos permita sortearla. No hay ninguna Suiza donde refugiarnos, ninguna gigantesca montaña blanca en la que parapetarnos.

¿Podrán huir de la Justicia quienes ponen delante de la justicia la elemental disidencia? ¿Podrán huir de la Justicia con mayúsculas quienes reiteradamente se niegan al encuentro, al diálogo, quienes utilizan la porra y la persecución para acallar legítimas reivindicaciones? ¿Podrán huir de la Justicia quienes encarcelan personas honradas e inocentes, quienes obligan a salir de España a ciudadanos/s honorables…?

No trabajamos por levantar nuevas fronteras. La fraternidad humana es nuestro más alto ideal. Creemos firmemente en el principio de unidad en diversidad. El credo de Puigdemont no es por lo tanto el nuestro, mucho menos aún el de Ana Gabriel, pero seguiremos trabajando para que estas honradas personas, que no han cometido delito alguno, puedan disfrutar del calor de su hogar, de su gente, de su pueblo, para que ningún verdadero demócrata tenga que tomar en nuestros días, al igual que antaño, la triste senda del exilio.

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