Desapegos (II)

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“Te doy las gracias por todo lo que me das y por todo lo que me quitas. Tan sólo tú, mi Dios sabes lo que es lo mejor para mí y tu gloria! Te amo, Dios mío! Amén.” Jacob. La pena no alcance la punta de los dedos que teclean. Escribir para liberar otras angustias, no el nudo propio. Escribir para servir, jamás para lamentar. Aceptación es conciencia de que la Suprema Inteligencia que rige las vastas galaxias, los infinitos universos, sabe también lo que más le conviene a tu minúscula galaxia y universo. Busca el alivio del otro, nunca el propio, por más que de paso lo encuentres. Reste el recuerdo que vivifica, no la nostalgia que ahoga. Nada se pierde y menos aún si la donación fue verdadera. Regala, renuncia, olvida, sacrifica. Atrévete a explorar más allá de lo que conociste por amor, quizás un amor que no abraza cuerpo, que no busca lecho, que esconde las anotaciones de los débitos.

Atrévete por fin a amar como se ama de verdad, sin una caricia en tu piel, sin un susurro en tu oído, sin unos ojos que derritan tu mirada. Atrévete de una vez a amar como aman las grandes almas, sin esperar nada, nada a cambio. Aúlla fuerte, pero en la soledad del bosque. Cuida que sólo repiquen las fieras, que no te oiga nadie. Suelta, ríndete, muere. No cantes a una muerte que no eres capaz de vivir en vida.

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Frío en el cuerpo, pero belleza sin par ante la mirada. Caminar el blanco para llenar también nuestros prados y montañas interiores de blanco, de pureza. Caminar el blanco para barrer apegos y egoísmos, para ser nosotros también un día sin barro, ni mácula.

Con la nevada el bosque nos obsequia nueva leña. El peso de la nieve derriba las ramas de los árboles a nuestro paso. El paseo ya calentó los pies gélidos, nos colmó de su noble blancura. Un sol cansado de echar pulso al frío se rinde sobre el duro lecho de la sierra.
Hoy más dosis de cúrcuma y jengibre. Es hora de preparar la sopa de calabaza y llamar a los amigos. Es momento de encender un poderoso fuego en el interior de la cabaña.

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“Cuanto más uno vive por sus semejantes, tanto menos temor debe tener en morir.” Helena Petrovna Blavatsky.

El mensaje de las grandes almas no caduca a nuestro antojo. Las claves de ayer siguen vivas hoy. Los profetas de los nuevos tiempos nos ayuden a desempolvar algunas esenciales como son renuncia, entrega y sacrificio. Pocos osan nombrarlas. No les bajemos la barrera, no prohibamos su entrada en nuestros cómodos tiempos.

Cierto…, renuncia, entrega y sacrificio puedan ser cada vez con más alegría y deleite. La superación del sufrimiento gratuito, el abrazo del gozo son también claves de nuestros tiempos, pero no siempre es el gozo… A veces el sol esconde a posta su caricia; a veces nos mide y gradúa, juega a esconderse tras nubes más o menos oscuras.

Olvido siempre de nosotros mismos. No sea que de tanta crema importada y potinge de cara lata, de tanto atendernos a nosotros, de tanto cuidarnos la vieja piel del alma, se nos quede tan fina, tan vulnerable, que no podamos hacernos a los vientos.

  • Imagen de la comunidad de O Couso (Lugo), desde donde escribo algunas de estas líneas.
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