A los Reyes de Oriente

 

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Nuestros corazones hierven de anhelos pero el Camino es largo y vuestros morrales limitados. De vuestro Oriente nos alcance la esperanza que tanto necesitamos; de vuestro lejano Levante, cuna de elevadas civilizaciones, nos venga también la fe en un mañana más luminoso y solidario. Que de vuestro inmenso desierto nos alcance colmada fe de eternidad que es prima hermana de la fraternidad. Que en la ancha arena cese el gobierno de los dictadores, que ceda el gobierno del miedo y el terror.
 
Que las civilizaciones se encuentren, que los credos se abracen, que nadie sea perseguido por la oración que esbozan sus labios, ni por el libro que guarda en su mesilla, ni por el altar ante el que se dobla su cuerpo. Que la libertad de credos se consagre. Que los talibanes y soldados del Isis y el extremismo islámico se postren a la Meca, pero no fuercen a nadie a hacerlo. Que se desnuden de todos sus explosivos, sobre todo de sus odios; que se acerquen a su forma, con sus barbas, con sus turbantes, con su Corán…, al círculo sagrado donde los diferentes ya nos estamos encontrando.
 

Jersusalem torne la capital de palestinos e israelíes, sobre todo la capital de la concordia y la amistad, la capital de los credos reencontrados. La Jersusalem de la Tierra empiece a tornar ya algo de la celeste. Que la paz sea por siempre en toda la faz del planeta. Que los niños de Damasco, de Homs…, de todas partes del mundo, miren al cielo en busca de sol, pájaros y cometas, nunca más con el terror de ver llover a la destrucción y la muerte. Calle el hambre en todos los estómagos. Pizarras y pozos en todas las aldeas, una razón para vivir, para colaborar y compartir en todos los corazones.
 
Que Trump suelte su smartphone y sus demoledores twiters y encienda una vela para meditar y serenarse; que no eche por la borda el valioso legado de Obama en relaciones internacionales, en paz, en política de inmigración, medio ambiente, cobertura sanitaria… Que cese la persecución de la disidencia en todos los rincones de mundo, ya sea en Siria, en Turquía, en Irán, en Venezuela… Que los Ayatollahs se retiren a los monasterios y dejen el poder al pueblo y a sus formaciones políticas libres.
 
Ya más en casa, que Europa se vuelva a hallar a sí misma, que se reencuentre y se valore. Que sus puertas se abran un poco más y pongamos más platos y hogares para los refugiados que huyen de la guerra y la miseria. Que el viejo continente vuelva a sentirse unido y solidario, que quienes desde dentro tanto lo cuestionan se asomen a la ventana de la historia y oigan el estruendo insoportable de todas las guerras del pasado.
 
Ninguna Diana Quer en la cabecera de ningún medio. Que la mujer vuelva a caminar sin temor por todas las calles y avenidas de este mundo. Que no haya ningún pasadizo, ninguna callejuela, ninguna sombra en la que el estómago se le encoja. Que retorne a su sagrado rol de madre, compañera, hermana…; nunca más al de objeto de deseo, ni siquiera en la pantalla.
 
Que Junqueras haga el petate de vuelta a casa, que Puigdemont tome vuelo y desembarque en la Generalitat, no en la Audiencia nacional; que todos podamos reparar más en lo que nos une que en lo que nos separa. Triunfen también aquí diálogo y acuerdo. Que la Ley grande camine a la par de los tiempos; que los pueblos de España hallemos amable encaje sin imposiciones, en pleno y bilateral acuerdo con la centralidad. Que nos embarquemos en un nuevo “procés”, éste de reintegración desde la libertad.
 
Que ETA desaparezca, que pase definitivamente a la historia, que sus presos abandonen lejanas sombras y vayan a cárceles vascas, a la vera de los suyos; que nuestra convivencia así se termine de normalizar.
 
Antes de volver a la Luna que brille Ella por entero. Veneremos absolutamente a todas nuestras madres, pero no con menos amor a la Madre de todas nuestras madres, a la Madre Tierra que nos da abrigo, belleza y sustento… La lista no se acaba, pero hay que terminar, hay que dejar también para el mañana su propio afán. No falten nobles anhelos para las sentidas cartas que siempre os seguiremos escribiendo, ya con un lápiz, ya con un móvil, ya con el solo y fuerte pensamiento… No nos falte el coraje para trabajar por un mundo definitivamente diferente en el que haya un lugar para todos.
 
Podamos seguir vuestra senda, acompañaros tras el Fulgor que nunca calla a través de nuestros desiertos, arenas y otros desafíos y dificultades. ¡Siempre unidos a los Grandes Iniciados de Oriente y de todas las latitudes, siempre tras vuestra genuina e irradiante realeza, siempre gracias!
 
Artaza 4 de Enero de 2018

 

 

 

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