De plegaria y humildad

23754639_10155164673617379_5337018508934852039_n.jpgTodos debiéramos rezar, no sólo el dirigente de ERC. Todos debiéramos sincerarnos en nuestro interior y preguntarnos cómo hemos podido caer tan bajo en el desprecio de la disidencia. Estamos poniendo el grito en el cielo porque unos señores y señoras han clamado pacíficamente sus aspiraciones desde una escalera gótica y sin embargo nadie se inmuta cuando una juez les llama “criminales”, cuando los articulistas de los mayores periódicos de España ridiculizan a uno de ellos, hombre de fe sincera que discreta y silenciosamente se arrodilla cada día en la cárcel y reza.
¿Cuánta soberbia no cabe en esa “España grande” y cuestionablemente unida de la que tanto nos empezamos a cansar? Hace falta toneladas de humildad en la política, la judicatura y la comunicación, so pena de no saber hasta dónde caeremos. Hace falta una nueva y más honda “apertura”, una nueva transición hacia una más altruista mirada colectiva. Quizás todos debiéramos arrodillarnos con “Fray Junqueras”; debiéramos tomar su rosario y meditar sobre cómo hemos podido llegar hasta aquí, cómo hemos podido alcanzar esta altanería, cómo dado rienda a este ultraje vejatorio del otro humano, cómo por ejemplo el insulto hacia el político catalán se ha elevado sin pudor a la categoría de gesta valiente.

“Más dura será la caída” se dijo desde las oficinas de quien ya no está. ¿Cuándo comenzará el respeto por el sufrimiento ajeno, cuándo la debida consideración para con quienes acertadamente o no, todo lo han entregado, hasta su libertad, hasta el último céntimo de un sueldo que ya no disponen?
Por lo menos consideración en la era en que las filas políticas se colman de personas que buscan medrar y enriquecerse.
Todos debiéramos rezar y antes que españoles reparar en nuestra condición humana, en nuestra naturaleza inherente de hijos de Dios obligados a la mutua deferencia por encima de inflamados sentimientos patrióticos. Yo sí me uno a Oriol Junqueras en su oración, yo también soy un “meapilas” y toda la caterva de insultos que le han caído al dirigente catalán, tan injustamente preso, por recogerse diariamente en su interior.
Quede para siempre atrás la mofa hacia quién no respira como nosotros, máxime si se encuentra entre rejas. Queremos a España, pero habrá que rehacerla de nuevo. España sólo será unida desde la libre y sagrada voluntad de las partes. España sólo será grande desde la humildad, desde el supremo respeto al otro, cuando termine de abrir su corazón generoso, cuando acabe para siempre con su pasado de tan pertinaz intolerancia. ¡Amén!
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