Otoño partido

 

atardecer-en-donosti-11-2-2015-2-copia.jpgCamino las calles de mi ciudad en medio de este otoño dulce por fuera, amargo por dentro. Agradezco esta balsa por nombre Euskadi. Agradezco a los líderes que nos han llevado hasta esta calma orilla que antes ni siquiera soñáramos. Cataluña nos ha enseñado que para ir más lejos hay que ir más juntos, es preciso más consenso. Esta vez la gresca es en el otro extremo, donde muere el Ebro, por más que quisiéramos que no lo fuera en ninguna parte.

No nos inmutaremos ante los tambores que quieren movilizarnos para nuevas batallas. Quedan definitivamente atrás. “Gure esku dago”, sí en nuestras manos está ir “más lejos”, pero también parar aquí, en seco, en esta estación florida que otrora jamás disfrutáramos; en seco aquí donde se derrumbaron las barricadas, donde nuestra integración y convivencia se han fortalecido tanto.

Hacen falta más corazones y voluntades unidas para correr hacia adelante. Siempre hay que intentar ir todos o casi todos juntos. Sólo así el conflicto merma y el ideal gana en pureza. Ambiciosos objetivos reclaman necesariamente altos consensos. Duele este otoño partido en dos grandes mareas humanas. Toca sentarse y vislumbrar juntos un nuevo horizonte, construir una plaza aún más inmensa en donde puedan desembocar ambas mareas. Toca construir un nuevo cielo de mutuo respeto en el que nadie ose grabar el deseo de prisión de su hermano.

Lo dijimos al comienzo de este otoño dolorido: más importante que ganar era saber administrar la victoria. Había que haber gestionado de otra forma el indiscutible triunfo moral del 1 de Octubre. El día 2 había que haber echado freno. (Artículos al respecto: “¿Por qué sólo hasta aquí?” y “Administrar la victoria” en mi web) La apuesta por la independencia no puede tener tanta gente en contra.

¿Tenían derecho a vivir sus minutos de gloria tras todos los mamporros en la espalda…? Mejor apostar por una gloria que no marchita y perdura. Las repúblicas no marchan, aguardan pacientes en la siguiente página de la historia. Mejor haber enfriado más el champán, de lo contrario se agría pronto. El desbordado entusiasmo debió haber sido congelado en las mentes de un liderazgo con obligación de discernir y no de esprintar por mucho que anhele otro horizonte diferente.

Nuestra apuesta era por las libertades, por un mayor grado democracia y por una salida negociada al conflicto. Sólo en el punto de en medio la victoria. El Norte de “ni DUI, ni 155” sigue por lo tanto vigente. No, no había que ir precipitadamente a por la independencia, ¿pero era necesario ese grito en el cielo, ese 155 con todos sus severos resortes activados? ¿Por qué ese escándalo mayúsculo ante una nueva República sin fronteras, sin ejército…?

Duelen unos días que se acortan, una noche que se alarga. Duele una próxima semana que aún no ha nacido. Duele inmensamente el dolor que aún no ha llegado. Duelen las puertas de las cárceles que aún no se han abierto, los candados que aún no se han cerrado. Duele la fuerza de un Estado que se prepara a dar un golpe desproporcionado. Duele en la nuca hermana el aliento del “a por ellos”.

Donosti 29 de Octubre de 2017

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