A la búsqueda del equilibrio perdido

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Nos debemos a la Ley superior, nos debemos al punto medio, nos debemos a la mesura y a la ponderación. Las Leyes espirituales, las que están por encima de las leyes de la Tierra, proyectan su Luz sobre esta humanidad urgida y nos ayudan a leer el mundo, a interpretar el momento. Concretamente la “Ley de polaridad” nos invita a rehuir los extremos, a buscar el equilibrio, a hacer una síntesis de la aportación de uno y otro lado.
 
Las Leyes superiores, en pleno conflicto entre dos partes, siempre nos animan a buscar la victoria del medio, no de los extremos. Las leyes divinas nos hablan de encuentro, de diálogo y acuerdo. Gracias a Dios cada vez somos más personas las que queremos hollar ese camino intermedio. En lo que se refiere a la crisis catalana, cada vez somos más las personas que, evidentemente no nos identificamos con un 155 cargado de imposición y violencia, pero tampoco con una independencia que supone una decisión forzada, una declaración con la que, al día de hoy, hay un importante segmento de la población catalana que no se siente identificada. Cada vez somos más quienes visualizamos una mesa al fondo del túnel, quienes no dudamos de la necesidad de una salida negociada a un conflicto político.

Las cartas han vuelto a quedar al descubierto. La última hora habla con soberana claridad al respecto. Ese punto de en medio estuvo ayer a punto de consagrarse. De hecho ya lo anunciaron todos los medios: Puigdemont desechaba la DUI y convocaba elecciones autonómicas. De hecho ya se alzaban sobre el asfalto barcelonés los gritos de “Puigdemont traidor”, de hecho ya empezaban a rodar las “155 monedas” por las que se había “vendido” el president de la Generalitat, ya se daban los primeros abandonos de la formación de PDCAT… Sólo restaba confirmar que Moncloa desactivaría el 155. Pero esa confirmación no llegó, desde Madrid no se paralizaría el 155.
 
En el contexto actual muchos coincidiremos que ese punto de en medio estaba representado por el silente clamor “ni DIU, ni 155”. A la vista de lo acontecido vuelve a quedar claro quién se sitúa en el extremo y quién ha deseado hasta el último momento preservar la moderación, que venciera el “punto de en medio”, la no violencia y el civismo.
 
Las esperanzas se cayeron y hoy nos volvemos a situar a pie de tormenta. No nos conformamos con el “Dios reparta suerte”. Dios jamás reparte suerte. “La casualidad es el desconocimiento de la Ley”, reza el axioma hermético. El mismo Dios, que los hombres distintos llamamos con distintos nombres, siempre está detrás de los valores del moderación, de diálogo, de libertad, del mayor bien para el mayor número de personas. Nunca está por la imposición, ya venga ésta de cualquiera de los lados.
 
Ayer hubo un paso atrás, pero no tememos, nos temeremos siempre que cada paso que demos hacia adelante lo hagamos con impecabilidad, con pureza de intenciones, buscando equilibro y ponderación, en pos del beneficio mayoritario, de la consagración de la Ley superior de la Solidaridad universal, por encima de nuestro interés particular.
 
Artaza 27 de Octubre de 2017
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