NUNCA IMPONER

22448222_1882262965124096_1775001706956038213_n.jpgNunca imponer nada a nadie. La imposición no tienes sentido mientras haya uso de razón, mientras no haya perjuicio ajeno. La libertad es la primera Ley del universo, todas las demás son subsidiarias.

Es su mesilla, son sus noches, es su intimidad, sus gustos. No deberé nunca objetar esa Agatha Christie que ella devora con placer. Nada debe impedir que salga tras el criminal todas noches que quiera… Debajo de las novelas policiacas yacen los libros de autoayuda, los libros míos que le he ido regalando. Sus lecturas son más sagradas que las que yo le quisiera imponer. No soy quién para alterar sus preferencias, por más que quisiera otros libros en sus manos, otra narrativa en su mente, otras inquietudes en su corazón…


Ella tiene todo el derecho a acompañar a Hercules Poirot en sus pesquisas, a ir enterrando los libros que su hijo le ha traído. Es la ley superior del libre albedrío, ante la cual se rinde el resto de las leyes. Les puedo quitar polvo a los libros que le he regalado, pero poco más. No soy nadie para decidir con qué ha de acostarse, las páginas que ha de llevarse a las cama.

Como es abajo es arriba. Nunca, bajo ninguna excusa, imponer, ni en los pequeños, ni en los grandes universos. Tampoco a las personas y a las sociedades que se quieren libres y que Dios los ha hecho libres. Deberíamos observar todos este precepto tan sencillo, tan universal. Es una ley elemental, es una Ley superior que no conviene, bajo ningún concepto, contradecir.

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