Unión en libertad

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La crisis no ha hecho más que empezar. La situación no es fácil y su solución requerirá de la generosidad y voluntad de acuerdo por las dos partes enfrentadas. Es preciso un poco de recogimiento para no dejarse envolver en las bajas emociones que pujan por hacerse con nosotros. Deseo buscar ese mayor recogimiento. Hay precios, en forma de deterioro de relaciones humanas, que uno se resiste a seguir pagando. Para quienes no quisieron leer, leyeron a medias o leyeron a su interés, desde el principio hasta la mañana de hoy, la apuesta de quien suscribe fue por las libertades y por una segunda transición hacia una más verdadera democracia. Tal como se ha constatado estos días, sigo creyendo que no se han conquistado plenamente.

 
Mis letras, y me veo ya incómodamente obligado a repetirlo por enésima vez, nunca, nunca lo han sido en pro de la independencia y la separación de Catalunya, con todos los respetos que me merece esta opción, sino por dar a los catalanes, como es de Ley superior, la plena libertad para decidir sobre su futuro.
 
Tienen derecho a querer ir más lejos, a querer avanzar en pos de más anchas libertades, siempre que lo hagan con respeto, con no-violencia, con diálogo, con la razón y con los brazos abiertos, tal como lo están intentando hacer ahora, aún con todas las dificultades que para ello encuentran. Tienen derecho a seguir caminando más a su modo, simplemente porque necesitan más aire y menos asfixia. A la vuelta de todas estas trifulcas nos volveremos a encontrar los pueblos y las personas que ahora nos hemos separado. Es la Ley superior de la fraternidad, es la Ley de la Unidad y la Solidaridad Universal a la que estamos destinados y que obra en el Plan Superior de Amor para esta Tierra bendita. Nada puede detener ese avance, más o menos acelerado, hacia nuestro fin único e incontestable, hacia esa entera comunión humana, sin fisura de ningún orden. Nos volveremos a encontrar en unión libremente asumida, en unión florecida en diversidad, unión que absolutamente nada, nada podrá fragmentar.
 
Estamos en las manos de Dios. En ellas deseo de nuevo entregarme esta mañana. En estos tiempos convulsos estamos siendo especialmente medidos y graduados. Esta hora la miraremos en la recapitulación final con particular lupa. En las manos de Dios está el discernir quienes hicieron más por la fraternidad humana, por la unión de los pueblos de España: quienes tutelaron la puerta de salida o quienes creyeron que debía permanecer abierta aún con todas las consecuencias. Quienes apostaron por mantener el estatus quo actual, con lo que ello conlleva de forzamiento, con leyes promulgadas en otro contexto y circunstancias, quienes apostaron por dar más importancia a ley antigua que al latido de ahora o quienes creyeron y creímos que el otorgar plena libertad a quienes quieren ejercerla, aun con riesgo de equivocación, es la única garantía para poder abrazar un día de forma indisoluble a otras gentes y pueblos, de asumir por propia y no ajena voluntad, el principio de verdadera unidad y fraternidad.
 
Clareará un brillante amanecer tras estos días confusos. Cada vez hay más voluntades por el diálogo, aumenta el consenso en favor de la reforma de la Carta Magna y ello es alentador. Aunque tímido, ello ya es un primer paso. No perdamos jamás la esperanza.
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