Día del Orgullo

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Todos los humanos son hermanos más allá del género de calor que busquemos entre las sábanas. Nadie puede perseguir a nadie por su condición sexual. El sagrado respeto al otro en su condición es el primer signo de civilización. A partir de ahí orgullo, no tanto de nuestra condición sexual de un signo o de otro, sino de nuestra capacidad de amar en olvido de nosotros mismos; orgullo de amar sin que deba necesariamente mediar sexo, de nuestra capacidad de entrega sin ninguna contrapartida.
 
 
Orgullo si en verdad un día lo conseguimos, pero orgullo íntimo, silente. Nadie se tiene que enterar de que hemos alcanzado las más puras y nevadas cumbres, de que hemos tomado pleno gobierno de nosotros y nuestras pulsiones.
 
No tanto el orgullo lanzado a los cuatro vientos que nace fundamentalmente del deseo, sino orgullo callado, discreto que nace de la blancura del alma y de los triunfos de desinterés personal, sacrificio y altruismo que va cosechando.
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