¿Dueños del “off”? (Sobre la eutanasia)

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Lo anunciaban esta semana los periódicos. La noticia venía con los titulares más grandes: se abre en el Parlamento español el debate de la eutanasia y la muerte digna. Es importante  acercarnos a las leyes  universales, a las máximas divinas que nos ayuden a formarnos un criterio cabal al respecto de estos  candentes temas de actualidad. Es importante considerar las leyes espirituales a la hora de  encarar debidamente estas cuestiones tan controvertidas. El derecho a la eutanasia es algo que no deseamos cuestionar, pero sí adentrarnos en la esfera de los deberes, siquiera más internos y vitales.

Es cierto lo que proclaman los defensores de la eutanasia en el sentido de que nadie puede obligar a nadie a vivir. La continuidad del aliento, el agotamiento  de la vida física o la precipitación del final, ha de ser una prerrogativa íntima. Con la eutanasia  ocurre algo muy  semejante al tema del aborto. En ambas delicadas cuestiones ha de prevalecer la suprema ley de la libertad. Esta ley es indispensable para  nuestra evolución. Es decir, sólo podemos evolucionar desde el más exigente libre albedrío, aún con el evidente riesgo de equivocarnos. No obstante es la voluntad de  atenernos a la ley del amor, al orden divino lo que nos permite hacer un uso positivo de esa libertad.  El creernos los dueños absolutos de nuestras vidas, supone en alguna medida obviar nuestra interrelación con las otras vidas, cuestionar esa trama oculta que a todos nos une, olvidarnos de la diversa sinfonía grupal que juntos componemos hasta en nuestro más deteriorado estado. Por lo demás, ¿es la casualidad lo que nos deja postrados y doloridos o es la vida la que nos limita a ese  estado?

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Salir del bar

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El pasado viernes se estrenó en las pantallas españolas la película “El Bar”. Por tierra, mar y aire nos bombardearán con esta nueva factura “snob” llena de “esperpento”, violencia y alcantarilla. A la vista del “trailer” de este nuevo producto cultural de cuestionable gusto, deberemos preguntarnos si uno de nuestros mayores problemas es la violencia espasmódica, brutal, aniquiladora o ese fondo de agresividad más permanente, mas aparentemente inofensivo en el alma colectiva.
 
Deberemos explorar si unos de los más serios desafíos que afrontamos es el terrorismo y sus golpes cobardes, sus atentados contra indefensos, o también el bar de las pelis, sus adláteres talleres de violencia, sus homologados tugurios donde física o virtualmente encerramos nuestros días; el bar, no como espacio de sana reunión, sino como metáfora del hábito que nos constriñe, de la “matrix” aprisionante, de los límites que ponemos a la expansión de nuestro alma o conciencia.
 

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Carta fraterna a un sacerdote combativo

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Querido amigo:
 
Lo intentamos en vano muchas veces. Quisimos afiliar a Jesús a una causa celota de la que siempre se mantuvo distante. Quisimos extraer hierro de un evangelio que no lo contenía. Pudimos abrazar una Teología de Liberación cuando no vimos otra salida, pudimos levantar el puño cuando aún no habíamos logrado aparcar la rabia. Pudimos equivocadamente clamar a favor del grupo violento de turno cuando nos cerraron tantas avenidas…, pero ya no es ese tiempo. Esa hora dura felizmente ya pasó. Ahora somos llamados a un ulterior paso. Se abren nuevos y luminosos cauces para acercar el mañana.
 
El nuevo mundo nace sin ruido como el amanecer prístino, el nuevo mundo no brota con fondo de batalla, sino con suave sinfonía aunada, con canción del alma. El nuevo mundo está emergiendo como la clara luz del alba, lenta y silenciosamente, cargado de promesa. El nuevo mundo está naciendo de la mano de quienes labran sano, con amor y sin química, en las escuelas donde ese cultiva el alma, no sólo el intelecto, en los bancos en los que se apuesta exclusivamente por el apoyo a empresas respetuosas de la Tierra y los trabajadores… El nuevo mundo está naciendo en las comunidades alternativas, en las ecoaldeas, en las cooperativas, en los centros donde se estudia cómo y por qué nace la enfermedad, cómo poder recuperar la salud por métodos naturales. El nuevo mundo nace allí donde prosperan los principios de solidaridad, de colaborar y compartir… El nuevo mundo rueda allí donde un ciclista pedalea, donde un constructor levanta con balas de paja, donde un agricultor llama a la puerta con una cesta de productos ecológicos, donde unas madres se preparan para un parto natural, donde unos niños amasan un pan con levadura viva… La nueva sinfonía se eleva desde todos los países, condiciones, sociales y razas. El nuevo mundo nace en tantas partes, en tantos lugares a la vez, que no tenemos tiempo, ni ganas para combatir a quienes velan para que el viejo sistema no se derrumbe. Lo viejo se desplomará privado de la energía que nosotros mismos le cedimos para que se mantuviera.

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No privarles de la Santa Misa

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He vuelto al templo, en realidad lo he hecho a menudo a lo largo de los últimos años. Voy de acompañante, primero de un padre, ahora de una madre en edad de agradecer filial compañía. Acompaño pero también canto a pleno pulmón, me arrodillo, doy la mano en señal de paz y me arranco sin dudar a comulgar cuando suena aquello de “Tú has venido a la orilla…” Lo paso peor con una “señal de la cruz que nos libra de nuestros enemigos…” y cuyos gestos lamentablemente ya he olvidado.
 
También he orado, con no menos fe, en los templos budistas, hinduistas, en sinagogas, en mezquitas…, sobre todo en templos universales de los diferentes continentes. En los templos de unos y otros países viví similar devoción, en todos observé gentes rendidas al mismo Dios “que los hombres distintos llamamos con distintos nombres, pero que es el Uno, el Único y el Mismo…” (Lanza de Vasto) De vuelta a mi ciudad natal, he visto a tantas personas de edad y buena voluntad remontar con sus bastones las escaleras de la parroquia del barrio, que me he visto inundado de un hondo y reconvertido aprecio por su íntima esfera religiosa. Deseo en este sentido expresar mi disenso ante la solicitud de “Podemos” de retirar la misa de la programación de TVE.
 

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Carta fraterna a un sacerdote combativo

17218485_10154455391292379_3233943511330828038_o.jpgQuerido amigo:

Lo intentamos en vano muchas veces. Quisimos afiliar a Jesús a una causa celota de la que siempre se mantuvo distante. Quisimos extraer hierro de un evangelio que no lo contenía. Pudimos abrazar una Teología de Liberación cuando no vimos otra salida, pudimos levantar el puño cuando aún no habíamos logrado aparcar la rabia. Pudimos equivocadamente clamar a favor del grupo violento de turno cuando nos cerraron tantas avenidas…, pero ya no es ese tiempo. Esa hora dura felizmente ya pasó. Ahora somos llamados a un ulterior paso. Se abren nuevos y luminosos cauces para acercar el mañana.

El nuevo mundo nace sin ruido como el amanecer prístino, el nuevo mundo no brota con fondo de batalla, sino con suave sinfonía aunada, con canción del alma. El nuevo mundo está emergiendo como la clara luz del alba, lenta y silenciosamente, cargado de promesa. El nuevo mundo está naciendo de la mano de quienes labran sano, con amor y sin química, en las escuelas donde ese cultiva el alma, no sólo el intelecto, en los bancos en los que se apuesta exclusivamente por el apoyo a empresas respetuosas de la Tierra y los trabajadores… El nuevo mundo está naciendo en las comunidades alternativas, en las ecoaldeas, en las cooperativas, en los centros donde se estudia cómo y por qué nace la enfermedad, cómo poder recuperar la salud por métodos naturales. El nuevo mundo nace allí donde prosperan los principios de solidaridad, de colaborar y compartir… El nuevo mundo rueda allí donde un ciclista pedalea, donde un constructor levanta con balas de paja, donde un agricultor llama a la puerta con una cesta de productos ecológicos, donde unas madres se preparan para un parto natural, donde unos niños amasan un pan con levadura viva… La nueva sinfonía se eleva desde todos los países, condiciones, sociales y razas. El nuevo mundo nace en tantas partes, en tantos lugares a la vez, que no tenemos tiempo, ni ganas para combatir a quienes velan para que el viejo sistema no se derrumbe. Lo viejo se desplomará privado de la energía que nosotros mismos le cedimos para que se mantuviera.

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