Ya está aquí

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Ya ha llegado donde pensamos que nunca llegaría. Se ha sentado en el despacho que nunca creímos conquistaría. Ya está gobernando, ya asoma la mano de hierro por las mangas de seda. Trump, presidente de la nación más poderosa del mundo. El día que pensamos que nunca amanecería ya nos ha alcanzado. Ya ha jurado, sobre dos Biblias a falta de una y los cielos no se han abierto. Sólo una fina lluvia, nada de diluvio, nada de granizo. Sonaron hasta las músicas que tocan el alma, se agitaron todas las banderas. Los cañones dispararon sin catarro, ni rubor las “salvas”.

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Ofrendar el dolor

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Siempre podemos ser útiles al mundo. Aún hundidos entre las sábanas, aún tiritando de escalofríos, podemos ser factor de bien en favor de la humanidad. Cada mañana podemos ofrendar nuestros superiores deseos, aspiraciones, sentimientos…, podemos ser antena de irradiación de elevadas vibraciones. Sin embargo también podemos ofrendar nuestro sufrimiento, nuestro dolor, nuestra enfermedad. Somos ofrenda. Por encima de todo, somos donación. Todo es susceptible de ser ofrendado, si está debidamente enfocado y dirigido. Basta detrás del objeto de la ofrenda un empuje altruista, generoso.

Podemos ofrendar nuestro dolor para contribuir a liberar el dolor del mundo, podemos ofrendar nuestra enfermedad para contribuir a mermar la enfermedad del mundo. Ante el dolor y la enfermedad nos podemos revelar o los podemos aceptar. Por supuesto, sabedores de la ley de causa y efecto, sabedores de que nosotros mismos hemos sembrado lo que ahora cosechamos, lo positivo, liberador y sanador es aceptar. Sin embargo más allá de la mera aceptación, hay un paso ulterior que consiste en ofrendar.

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Alsasua, completar el círculo

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Escucho por televisión a la madre de uno de los guardia civiles agredidos en Alsasua y trato
de hacer mío su dolor. Escucho a los familiares y amigos de los jóvenes que están en prisión acusados de terrorismo por esa trifulca nocturna y trato de hacer mío su dolor. Ser puentes entre los dolores, entre los corazones magullados; abrazar el dolor del mundo, de los unos y de los otros, haciendo propias sus heridas…, es afronta difícil, pero de día en día más necesaria.
 
La emoción primaria nos polariza de forma inmediata con una de las partes y allí nos atrincheramos y desde ahí el conflicto se perpetúa. Superaremos la confrontación en la medida en que intentemos hacer nuestro el dolor de todas las partes; en la medida que caminemos los pasos de unos y otros, que nos asomemos con ellos a sus ventanas, que vivamos el latido de sus corazones, que sintamos el dolor en sus llagas… Sólo podremos salir del conflicto si empezamos a ver al enemigo como el “otro yo” que nació en un lugar diferente, que se crió en otras circunstancias, que cantó otras canciones y encumbró a otros héroes, que durmió otros sueños…, pero humano como yo al fin ya al cabo, con la misma nobleza y debilidades, con la misma sangre en sus venas y soplo divino en sus pulmones.
 

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