No todo estaba perdido…

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¿Quién dijo que todo estaba perdido…? En las horas más difíciles venimos a ofrecer nuestro corazón, nuestras manos, nuestra fe, nuestra esperanza… Nunca pensamos que el luctuoso titular de “Trump presidente” osaría ocupar una tormentosa mañana nuestra pantalla.

Pienso en los contextos de crisis y conflictos donde la diplomacia sostiene delicados acuerdos como en Irán. Pienso en ese pretendido e ignominioso muro del Sur donde la nada arenosa, la valiente osadía y la alambrada. Pienso en las minorías, en los hermanos musulmanes, homosexuales, “ilegales”…, pienso en quienes en medio del apuro echarán mano al bolsillo y se encontrarán sin seguro médico…; pienso sobre todo en la Tierra nuestra Madre que no tiene boca, ni voto, ni manos para llevar pancarta, ni piernas para patear, ni estómago para dejar de comer en señal de desacuerdo. Pienso en Quien nos nutre y nos sostiene de nuevo devuelta a la condición de simple objeto de explotación y depósito de contaminación y basuras. Los acuerdos de París contra el cambio climático ya son cuestionados desde las filas del magnate. Hay quienes a duras penas aún pueden esperar, pero la Tierra era precisamente la que necesitaba más apremiado tratamiento.

Recibimos un golpe muy duro la mañana del pasado miércoles, pero no nos hemos caído, no nos caeremos. Trabajamos, no por un color, por una marca, por una ideología particular…, laboramos por ideales sin tiempo, ni caducidad, por valores que nunca se desmoronan porque son parte de nuestra alma colectiva que ha esperado y esperará paciente el tiempo que haga falta. Trabajamos a corto, pero sobre todo a largo plazo, por las futuras generaciones que disfrutarán de nuevos y prometedores tiempos curados ya de espanto y de populismos tan individualistas y primitivos.

Llegamos a perder amigos en nuestra defensa del honorable presidente Obama a lo largo de ocho años y muchas líneas de argumentario. Dijimos hasta la saciedad que él simbolizaba lo máximo que era capaz de alcanzar la conciencia norteamericana. ¡Ojalá nos hubiéramos equivocado! ¡Ojalá esa conciencia de su ciudadanía media diera más de sí! Sabíamos muy al contrario que había una sombra agazapada, atenta al asalto de la Casa Blanca. Lo que nunca creímos es que esa sombra pudiera llegar a ser tan cerrada.

El discurso de la inquina y el odio, del “nosotros siempre los primeros…” puede salir puntual y raspadamente airoso en unas urnas, pero nunca vencer a largo plazo, simplemente porque no es sostenible. Un hombre indigno, indecoroso pasa a ser el primer líder mundial, pero no hemos perdido la fe en el día en que los humanos, a la vuelta de todos los Trumps aún inevitables, no querrán hacer grandes a sus naciones a costa de las otras, sino grande a toda una humanidad entera, por fin unida, por fin fraterna y solidaria.

Corra rauda la noche con su gélido aliento, con sus imperios ajados, con sus estrelladas banderas sin Vientos… Corra rauda esta oscura noche que bajo la espesa hojarasca de un futuro otoño aguarda agazapada, tiritando la mañana clara y luminosa.

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