Cal muerta

14725661_10154032306507379_6658530581086013787_n.jpgCada tramo próspero, feliz de la historia se sustenta sobre una base de sana convivencia y mutuo perdón. No es posible edificar un mañana grande sin sólido cimiento de reconciliación. De eso sabemos algo las dos España que convenimos en el difícil, exigente, pero siempre necesario abrazo. El abrazo de los setenta debiera perpetuarse. No es nostalgia del “espíritu de la transición”, es convencimiento de que la cultura del acuerdo ha de extenderse y renovarse cada día. No es que la transición fuera modélica, es como mejor lo supimos hacer. No debiéramos perder memoria de los abrazos. Tendremos que renovarlos, mientras que la convivencia no se termine de armonizar.

Con Felipe González la España moderna dio todo lo que daba de sí entonces. Mucho debemos a aquel tiempo y a la gran mayoría de sus protagonistas políticos. Nos acompañaron de la larga noche al alba, nos sacaron de la dictadura y nos metieron en la Europa democrática y unida. No murieron de éxito, los nuevos gobernantes también erraron. Tanto plomo despertó al “Estado gangster”. Atravesaron con nocturnidad y alevosía la frontera con Francia, también los límites de la ley. La venganza se hizo carne de gobierno y habitó entre nosotros. Una guerra sucia se sumó a otra que ya lo era. No sólo los del puño y la rosa, otros tantos nos mancharíamos, o cuanto menos salpicaríamos, en ese tiempo turbulento.

Reconciliación no es olvido, es reconocimiento de la parte que nos incumbe en los tropiezos del pasado. Reconciliación no es “borrón y cuenta nueva”, porque siempre estaremos a la caza de las imprescindibles enseñanzas que nos pueda deparar la historia. Reconciliación es voluntad de remontar la noble y generosa cima que a todos, sin excepción, nos habita, es la deuda siempre pendiente con las generaciones que están llegando.

A la vuelta de esas décadas convulsas nos aguardan, como no podía ser de otra forma, nuevos abrazos. Abrazo del centro a la periferia, (no sólo deseo de sujetarla); abrazo de los que tenemos hogar a los que llegan nadando; abrazo del progreso con la Tierra nuestra Madre, abrazo de los que más tienen con los que menos… Nos resta mucho por abrazar. En realidad sólo la perenne disposición al abrazo podrá dispersar los fantasmas del futuro. Por eso nadie debería aventar cal viva en el Congreso. A los universitarios más inquietos tampoco procede facilitarles gasolina verbal. Consumado el jaleo antidemocrático, una censura a tiempo hubiera salvado el tipo a los dirigentes de “Podemos”. Cada día nos reinventamos, cada día comienza un tiempo nuevo. No procede sacar a pasear los viejos fantasmas, si en verdad deseamos sentar las bases un nuevo escenario político.

Si desenterramos todas las “cales vivas”, ¿qué será de nosotros y de nuestra convivencia? Nada debiera impedir a Felipe González disertar en la Universidad. En algún momento será preciso pasar página, abrir capítulo. Tuvimos en nuestra cuadrilla de jóvenes de Donosti un amigo que se nos acercó a compartir salidas a la montaña, Ramón Oñederra de Azkoiti. Desbordaba humor y ganas de vivir. Lo acribilló los GAL en la barra de un bar de Baiona donde después serviría. No seré de los que desentierren “la cal viva”. El GAL fue un mayúsculo error, pero la ETA de los “años de plomo” no lo fue menos. Vamos a enterrar las cales vivas de uno y otro lado. Vamos a plantar la bandera del “nunca jamás” sobre la colina de nuestros errores colectivos. Vamos a abrir las tribunas a todos los oradores.

“Podemos” se hunde desenterrando esos pasados. Nosotros pensábamos que era una fuerza que miraba al viento, que apostaba por el futuro… “Podemos” se pierde abriendo heridas. Sólo triunfarán, en el nuevo marco político, quienes se acerquen con voluntad de cerrarlas. Podemos ser ungüento, no sal sobre nuestras heridas colectivas. Podemos seguir buscando cal por las cloacas, por los páramos de la oscura historia, o reencontrarnos con la nueva esperanza que aquí y ahora está naciendo. La cal ya estaba bajo tierra, la hemos ido enterrando a cada gesto de acercamiento al contrario; la cal ya estaba muerta, como muertos políticamente estarán quienes se empeñen en aventarla.

  • En la imagen, abrazo matutino en nuestro campamento de Urbasa 2016
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