No sonará órgano en nuestra hora

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Esta vez nos falló el Santo Padre. La Iglesia nos  va a negar  funeral a quienes  expresamente  hemos pedido que se  esparzan nuestras  cenizas al llegar la hora. No nos duele  quedarnos  sin funeral, nos apena que la Iglesia de Francisco, la que tanta esperanza ha suscitado, imponga en su seno estos anacrónicos dictados.  Nos apena que este papado, que tanto hemos apoyado con tantas  letras, tome esas medidas, esté detrás de tan desafortunada condena.

No nos duele que no haya exequias católicas en nuestro nombre, nos duele esa desaprobación de lo diferente, ese culto cerrado a la tradición que rechaza a quien opta por otras prácticas. Lamentamos que Francisco sea partícipe de tan penoso retroceso. No sonará el órgano en nuestro funeral, pero sonará un día la hora de la libertad en que todos respetemos escrupulosamente las decisiones del otro, sobre todo cuando vienen avaladas por poderoso argumentario, cuando son defendidas por muy dignas tradiciones espirituales, por todo un elenco de grandes seres.

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Ser ofrenda

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Ningún pasillo me conduce a “caja” después de haber llenado mi cesta de setas, nueces y castañas. No veo la etiqueta en ninguno de los frutos de otoño que las ramas me ofrendan a la vera de casa. Por más que busco, nada en la naturaleza encuentro con código de barras. La Divinidad no puso ninguna aduana a la salida de ningún valle. Todos los peajes son invención, argucia humana. El universo entero es un acto supremo de infinito amor; toda la creación es donación, servicio sin medida. ¿Cómo poder ser nosotros igualmente donación, cómo universo generoso, cómo entrega sin fin? Como es en grande sea en pequeño, ¿cómo vivir dándonos sin medida, ni proporción?, ¿cómo no renunciar a estos ideales en un mundo de acumulación desigual y sin medida, de mutuos codazos y férrea competición?

Llega un otoño especialmente maduro en que la Vida nos acorrala con todos sus frutos, con todos sus gestos dadivosos y nos pregunta si ya nos hemos por fin enterado, si hemos alcanzado a comprender la razón última de nuestra presencia en la tierra. Acostumbrados a sacar la billetera en establecimientos y supermercados, podemos llegar a olvidar que todo está y estuvo a nuestra disposición. La Creación entera, todos los Reinos mineral, vegetal y animal se rinden a nuestros pies en un gesto de infinito altruismo. Cierto, todo era gratis, todo era “duty free”, pero a la vez todo era una invitación a ser nosotros también gratuidad.

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Latidos

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¿De qué estamos colmados? ¿Qué pensamientos llenan nuestra mente, qué sentimientos nuestro corazón? ¿Late el mundo en nuestro interior? ¿El latido de mis hermanos es mi latido? ¿Mi latido es el latido del mundo o bombeo por mi lado…? Sumemos latidos a otros latidos, al latido de la Madre Tierra, al latido de los hermanos animales, de los árboles, las plantas, las rocas… Sólo un latido, sólo un corazón, sólo una tierra, una humanidad…

Podamos decir que ningún latido nos es ajeno, sobre todo el latido de los hermanos que están bajo las bombas. Alepo, Mosul no nos son ajenos. Ningún dolor nos es ajeno. Está brotando un latido nuevo altruista, solidario. Si mi latido no es con tu latido, ¿dónde irá mi latido? Si mi suerte no es tu suerte, ¿qué será de mi suerte…? Ninguna bomba, por lejana que se desplome, nos es ajena. Caen las bombas sobre nuestras ciudades, sobre nuestros barrios y tejados. Ninguna guerra nos es ajena, en primer lugar porque todas las guerras de fuera son reflejo de nuestros conflictos de adentro, de nuestras cuestiones no resueltas.

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Un orden evolucionante, no cristalizado

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Sí, necesitamos un orden. No lo sabíamos antes, cuando todo nuestro interés estaba en tumbarlo, cuando salíamos a las calles para echarlo cuanto antes abajo,  cuando  reuníamos toda nuestra ira para golpearlo. ¡Cuán equivocados estábamos…!

Han pasado los años y ya nos hemos puesto el debido casco de bomberos, ya no somos  incendiarios. Reparamos por fin en que el orden es un valor superior, imprescindible para la perpetuación de la vida y su armonía. El orden está a la altura de otros valores que llenan nuestra boca con más facilidad como libertad, justicia y hermandad. Si  no hay orden, no quedará ni rastro de los otros valores superiores.

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Cal muerta

14725661_10154032306507379_6658530581086013787_n.jpgCada tramo próspero, feliz de la historia se sustenta sobre una base de sana convivencia y mutuo perdón. No es posible edificar un mañana grande sin sólido cimiento de reconciliación. De eso sabemos algo las dos España que convenimos en el difícil, exigente, pero siempre necesario abrazo. El abrazo de los setenta debiera perpetuarse. No es nostalgia del “espíritu de la transición”, es convencimiento de que la cultura del acuerdo ha de extenderse y renovarse cada día. No es que la transición fuera modélica, es como mejor lo supimos hacer. No debiéramos perder memoria de los abrazos. Tendremos que renovarlos, mientras que la convivencia no se termine de armonizar.

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Monstruos

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No dormiremos tranquilos la noche del cinco de noviembre. No podemos. Hay un monstruo a las puertas de la Casa Blanca. No sabemos cómo ha saltado todos los obstáculos, cómo ha podido llegar hasta ahí, pero el caso es que está a su vera, aguardando el asalto final. Puede ser el siguiente presidente de los EEUU. Ya hay otros monstruos a la cabeza de las más poderosas naciones. Al frente del Kremlin hay otro monstruo que ni le tiembla la mano al ordenar día a tras día el bombardeo de las mujeres, lo niños y ancianos de Alepo…

Como es arriba es abajo. Han vuelto los tiempos de los monstruos e indudablemente nos tendremos que preguntar por nuestra falta de humanidad, por nuestro coeficiente de barbarie en sangre. Si fuera han llegado tan lejos, si se pueden hacer con los resortes del poder mundial, ¿qué nos habrá sucedido por dentro?

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Los límites de la amabilidad

2_200.jpgShimon Peres fue protagonista de la política israelí durante seis décadas. Ocupó los cargos de primer ministro y presidente y le dio tiempo a ir a Oslo a recoger el Nobel de la Paz por sus esfuerzos por sellar un acuerdo con los palestinos. Acaba de morir a los 93 años, dejando a Israel sin el último de sus padres fundadores.
Es cierto que con la partida de Shimon Peres se esfuma la faz más diplomática del Israel de nuestros días. El anciano político estaba a favor de los dos Estados y apostó por ceder territorios a cambio de paz. Es de ley reconocer sus aciertos en la intentos de acordar una paz definitiva con los palestinos, sin embargo, hay momentos en los que la amabilidad se queda corta si no la habita también generosidad y valentía para crear bases sólidas de entendimiento. El líder laborista fue la cara amable, pero quizás hacia falta algo más que amabilidad para reconducir una reciente historia, en alguna medida, fallida.

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Alepo olvidada

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Siempre hay que temer de los mandatarios que quieren hacer “grandes” a sus naciones. Trump así lo quiere, Putin ya lo está haciendo… “Make great America again” es su lema fundamental de campaña. Con él desea encandilar a los americanos que aún no han digerido Vietnam y que desean sumar nuevas “victorias” imperiales. El problema de los populismos nacionalistas, hoy lamentablemente tan en alza a uno y otro lado del Atlántico, es que quieren hacer “grandes” a sus naciones a toda costa, aún a costa de un terrible sufrimiento ajeno, aún a costa de ciudades destrozadas y población civil masacrada… Esa es la “grandeza” de Putin. Hay un pueblo mayoritario que gusta de esa exhibición de músculo belicista, no importa a quién aplaste la maquinaria, no importa para qué se utilice el poderío. Rusia no se entera o ha perdido el alma. Rusia ha perdido la memoria o ha perdido la dignidad, la memoria de cuando eran ellos los que estaban bajo las bombas, de cuando eran sus madres las que sollozaban…

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