“Sólo un hasta luego”

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He terminado con él a las cinco de la tarde. He sacado la hamaca y me he tumbado a dormir una siesta merecida al sol. “Sólo era un hasta luego”… , pero me ha costado un año y medio de trabajo. Después de varios repasos, hoy lo he dado por concluido. “Sólo era un hasta luego”, pero estuvo en mi mesa, en mi ordenador, en mi mente, creo que también en mis sueños…, durante todo este tiempo.

La culpa la tuvo el océano infinito. Él me invitó, más bien ordenó a escribir este libro. Nadie se chive a la DGT: lo inicié al volante en la autopista de la costa, con una grabadora en mi mano libre. Venía de enterrar a mi padre, cuando cerca de Santander divisé el Cantábrico y algo despertó en mi interior. A veces las órdenes vienen con sabor a salitre, no con aire de trompetas. Las olas que una y otra vez retornaban, me reconfortaron en la esperanza tras el luto. Gracias a Dios, en los modernos teléfonos tenemos también una grabadora, o lo que es lo mismo un confesor siempre operativo. Galicia estaba lejos y los secretos fueron muchos. Ahora todos los que conté al aparato, están en este libro.

 

He tratado de hacer asequible el mensaje de los Grandes Seres a propósito de la llamada muerte. El libro que me quise haber encontrado, es el que me he afanado en escribir. Pienso en el deber que tenemos para con las próximas generaciones, en el compromiso de hacerles más comprensible el misterio, en despejar el espejismo y los temores.

Me he dado por entero y aún y todo creo que es mejorable en diversos aspectos. Uno sólo puede entregar hasta lo que comprende y ello siempre es poco. Uno sólo puede compartir la llama que sostiene y ésta aún es tan tímida. Por lo demás, en algún momento había que poner el punto final. Han sido casi dos años de escritura, pero muchos más preparándolo. En realidad creo que me he estado toda la vida preparando para escribir “Sólo un hasta luego. A los que lamentan la muerte de un ser querido”. Todos los libros anteriores desembocan en este libro.

Pueda tener recorrido si es merecedor, si en verdad es portador de seria y necesaria información, de anhelada buena nueva. Por los árboles que no planté, por los hijos que no engendré, estaba en deuda y voy alumbrando algún libro. Por la vida que no traje, aporreo el teclado noche y día. Que sus páginas pregonen superiores valores y contribuyan a que seamos mejores personas; que el libro sirva para alumbrar otros pasos, que ayude a mis semejantes, que nos acerque siquiera un poquito más a la genuina felicidad, a la verdadera Vida en luz y fraternidad, es mi más profundo deseo.

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