“Red nose”

Después de la actuación era un motivo para encontrarnos con cada uno de los niños. Era una forma de bendecirles, de conjurar el espíritu de la desdicha, de invocar que nunca jamás las bombas pendieran sobre sus cielos, las guerras amenazaran su futuro. “¡You are a great clown…!”, les coloreábamos de rojo la punta de la nariz y marchaban felices, tocados con el halo de una silenciosa alegría. Era la ocasión de sintonizar con su Real Inocencia, con su Sagrada Presencia sin origen, ni estigma; sin bandera, ni geografía. Era el momento de depositar a la orilla de su amenazado futuro, los más elevados sueños. Era el instante sagrado para contribuir a liberarles del ayer y abrirles la puerta de un mañana diferente. 
“Red nose” sólo era la excusa. Era la forma de encontrarnos de alma a alma, tras el jaleo, los tropezones, las caídas… Era decirles que se merecen un futuro digno, libre de amenazas y huidas. Era el instante para compartirles que habría un hogar de paz para ellos en algún lugar del mundo, para contagiarles la esperanza de que alguna frontera se abriría y ellos pasarían y tendrían su cuarto, su mesa, su pizarra…, su mañana cargado también de oportunidades. Han sido sin duda los instantes más felices, me atrevería a decir sagrados de todo el viaje. En realidad hubiéramos estado todo el tiempo saludando a esos niños tan agradecidos, pintando sus narices rojas, coloreando y alumbrando su futuro.

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