Un solo aire

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Si ellos están enfermos en sus pulmones, nosotros lo estamos en nuestra humanidad. Duele al alma contemplar esas mascarillas en boca de quienes llevan como identificativo tantas estrellas.¿No será que de lo que más urge protegernos es de nuestros propios miedos?

Son un oprobio para nuestros hermanos refugiados. Esas mascarillas que vemos todos estos días en los escenarios de la crisis debieran estar prohibidas. Ahora las llevan los funcionarios y policías que han ido a la operación de deportación de los refugiados. Esos hermanos que huyen de las bombas no están apestados. Podemos respira su mismo aire, sobre todo podemos solidarizarnos con su misma suerte. Esas mascarillas son ofensa, son distancia, son abismo… Representan precisamente todo lo que deseamos superar.

Nos corre una misma sangre, caminamos sobre la misma tierra y bajo el mismo cielo, llenamos nuestros pulmones de un mismo oxígeno…, ¿a qué viene ese faltar, ese desprecio, esa actitud tan censurable? No nos cansaremos de decirlo, la cuestión de los refugiados no es un problema a achacar a los gobernantes en exclusiva, es una cuestión más íntima, es parte de nuestro reto de sentirnos uno con nuestros congéneres, de compartir su mismo aire, de hacer nuestro su contrariado destino.

Como dice nuestro amigo Antonio Alvarez: “‘¡Contamíname…!, una canción preciosa. A veces en unos cuantos versos va un tratado entero de solidaridad y sabiduría.”

* Imagen de “El País”

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