Peregrino

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Su mirada venía cargada de la paz de muchas sendas sagradas. Me lo encontré el domingo bajando del Alto do Poio, cuando el Camino comienza a “falar galego”. Quiero pensar que fue envidia sana la que se apoderó de mí. No sé si la sentí por no poder cargar sobre mi espalda con tanta mochila, o sobre mi espíritu con tanta soledad… Son esos instantes en los que sueñas ser peregrino sin prisa, ni calendario, huella de infinitos caminos.
No sabe donde dormirá, si tiritará de frío a la noche, si probará bocado en el merecido descanso del mediodía…, pero su rostro desbordaba gozo. Partió de su casa en Hamburgo el pasado Junio. Marchó hasta Roma. De la capital cristiana a Santiago de Compostela y ahora vuelta rumbo a Alemania. No lleva dinero, ni el plástico salvavidas de la Visa. Duerme en una pequeña tienda de campaña que lleva consigo. Es una opción que ha hecho, no es una necesidad. En Hamburgo tiene su hogar y su familia. Trabaja en una fábrica de acero y ha decidido tomarse un año sabático.
Va recogiendo por limpieza los plásticos que encuentra en el camino. Le di naranjas y galletas. Debía traer mucha hambre, pues las empezó a tomar delante mío. Pena de un inglés más decente. Tantas cosas le hubiera preguntado…
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