Peregrino

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Su mirada venía cargada de la paz de muchas sendas sagradas. Me lo encontré el domingo bajando del Alto do Poio, cuando el Camino comienza a “falar galego”. Quiero pensar que fue envidia sana la que se apoderó de mí. No sé si la sentí por no poder cargar sobre mi espalda con tanta mochila, o sobre mi espíritu con tanta soledad… Son esos instantes en los que sueñas ser peregrino sin prisa, ni calendario, huella de infinitos caminos.
No sabe donde dormirá, si tiritará de frío a la noche, si probará bocado en el merecido descanso del mediodía…, pero su rostro desbordaba gozo. Partió de su casa en Hamburgo el pasado Junio. Marchó hasta Roma. De la capital cristiana a Santiago de Compostela y ahora vuelta rumbo a Alemania. No lleva dinero, ni el plástico salvavidas de la Visa. Duerme en una pequeña tienda de campaña que lleva consigo. Es una opción que ha hecho, no es una necesidad. En Hamburgo tiene su hogar y su familia. Trabaja en una fábrica de acero y ha decidido tomarse un año sabático.
Va recogiendo por limpieza los plásticos que encuentra en el camino. Le di naranjas y galletas. Debía traer mucha hambre, pues las empezó a tomar delante mío. Pena de un inglés más decente. Tantas cosas le hubiera preguntado…

“Podemos”, Lula y otras rosas mojadas

10497410_10203148730377147_7533620944344941264_oDemasiadas veces hemos soñado que la hora era llegada y sin embargo nunca terminaba de amanecer. Ahora sabemos que la hora tardará en llegar fuera. Alborea sólo cuando maduran y adquieren conciencia todos los adentros.
“Podemos” se desangra y Lula da Silva es acusado de corrupción. Todavía me acuerdo de la alegría de cuando aquel tornero se hizo presidente de un Brasil poderoso y emprendió su cruzada contra el hambre… Temprano se arrugaron las rosas y sus revoluciones. Pareciera que los iconos se hubieran puesto de acuerdo para declinar. Quizás esa caída era necesaria para terminar de enterrar la ideología y rescatar al humano y los valores de pureza y entrega. La culpa es nuestra y de cuando empezamos a correr detrás de las banderas rojas y moradas. La culpa es nuestra y de la sobrecarga de esperanza que depositamos en quienes revolucionan fuera, pero no se deciden a hacerlo por dentro.

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La pelea agotada de Otegi

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Hemos escrito muchas letras pidiendo la libertad de Arnaldo Otegi, encerrado durante seis años y medio por el “delito” de su importante contribución a la paz en el País Vasco. Nos alegramos de que el líder independentista esté con los suyos, fuera de una prisión en la que nunca debió haber entrado. Sonreímos con él, sonreímos porque la sonrisa es la mejor respuesta a la contrariedad, a la dificultad. Sonreímos pero no vamos a pelear, como él también nos recomienda, no vamos a ganar por lo menos sobre nadie, si es caso sobre nosotros mismos.
La prisión no ha agotado en el incombustible líder abertzale las ganas de pelear. Desde las puertas de la prisión llama a seguir la batalla, como si la sombra hubiera sido en balde, como si sólo hubiera sido un paréntesis. Dejando a un lado el hierro y el plomo, insisten que hay que seguir batallando. La salida de Otegi tiene ese sabor contradictorio. Nos alegramos de que uno de los últimos presos de conciencia salga en libertad, pero echamos en falta una autocrítica que llegue hasta el final, por supuesto que vaya acompañada de una exigencia de disolución de la organización violenta. Dada su autoridad moral en el entorno radical abertzale, esa exigencia no caería en saco roto.

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Amaneceres sin bombas…

12791085_10153456142052379_6270832449825166452_n.jpgVengan en tropel, cabalgando, todos esos amaneceres sin bombas, todos esos soles sin sangre, todas esas humanidades sin ira… Nuestro aliento sigue detenido, nuestra esperanza en vela, firme, insobornable. ¡Somos Siria, esa misma que hoy que asoma del refugio, se agarra al punto de luz y bendice la Vida!

Apretujarse junto a la llama

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“La crisis de los refugiados no se lleve por delante el sueño de la Europa unida y solidaria. El corazón del viejo continente llevaba décadas sin ser así interrogado. Toca apretujarse junto a la llama fraterna. El invierno es tiempo de encender fuegos y abrir puertas, no de sembrar alambradas, sin embargo el cielo de Alemania se nubla a menudo estos días. Es el humo negro de nuestro individualismo que sale de los establecimientos para refugiados ardiendo; es la oscura niebla de la incomprensión, del desconocimiento de que toda civilización que se precie no echa candados, no se acoraza.”

* Imagen de ayer mismo. Campamento de refugiados junto ala frontera de Macedonia. Fuente: “El País”

¿Ángela o demonio?

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 Seguramente ninguna de las dos cosas, seguramente un interrogante en el camino para la reflexión impostergable. Quizás debamos pensarlo dos veces antes de lanzarle a la canciller Merkel nuestro siguiente dardo más o menos lacerante. La crisis de los refugiados le ha generado un importante descenso en la estimación del voto favorable, pero ella parece más pendiente de otros números, está más interrogada por el aumento de las cifras de quienes huyen del horror y plantan sus tiendas “quechua” en mitad del barro y la nada.

 La crisis de los refugiados no se lleve por delante el sueño de la Europa unida y solidaria. El corazón del viejo continente llevaba décadas sin ser así interrogado. Toca apretujarse junto a la llama fraterna. El invierno es tiempo de encender fuegos y abrir puertas, no de sembrar alambradas, sin embargo el cielo de Alemania se nubla a menudo estos días. Es el humo negro de nuestro individualismo que sale de los establecimientos para refugiados ardiendo; es la oscura niebla de la incomprensión, del desconocimiento de que toda civilización que se precie no echa candados, no se acoraza. Al fin y al cabo, el dilema del común hogar europeo más o menos abierto, no se dirime sólo en el Bruselas de allá lejos, también en nuestro propio y personal gobierno, más íntimo, más de adentro.

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Convivencia de Semana Santa

Del 24 al 28 de Marzo del 2016 en Artegoxo (Artaza-Navarra)

Compartimos lo muy poco que vamos comprendiendo, la exigua luz que nos alcanza no la retenemos. No sentamos cátedra, contagiamos corazón e intuición, atisbos de superior sabiduría. Nunca la última palabra, sí la que nos llega y nos llena hasta el punto de querer derramarla…

Ensayaremos fraterna convivencia en Semana Santa, en medio de un bosque que comienza a despertar tras su letargo invernal. Al calor de una chimenea abriremos en círculo de palabra. Nos reunimos para compartir los atisbos de superior sabiduría que nos van alcanzando.

Experimentamos igualmente la vida comunitaria. Compaginaremos los círculos de enseñanza con danzas meditativas y del mundo a cargo de Selene. La convivencia la completarán los paseos meditativos por el hayedo y los cantos. Todo ello en un ambiente de cooperación y colaboración en las labores.

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Día de la mujer

 

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Por ellas y su latido que en el vientre bombeó esperanza. Por ellas, por sus labios que al alba nos dieron ternura, por sus pechos que nos dieron vida, por sus sudores que nos dieron pan… Por ellas, por sus sonrisas que hoy nos siguen dando alas, por sus guiños que siguen tentando eternidad…

Por las que son aquí, por las que nunca han partido, por las que están llegando… Por ellas y sus derechos incontestables allí donde aún son pisoteados. Por ellas y las veces que nosotros no fuimos esperanza, ni ternura, ni promesa, ni alas, ni vida… A ellas siempre, siempre gracias.

8 de Marzo. Día mundial de la mujer trabajadora.

  • Imagen: Tata Momo posa en la cocina de su restaurante en Bouake (Costa de Marfil).  THIERRY GOUEGNON (REUTERS) Origen: El País

El mayor desafío

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El mayor desafío que atiende el ser humano es la superación del ancestral paradigma de la confrontación. No conviene entregar nuestra energía, nuestra fuerza, nuestro corazón a quien alimente cualquier género de humana contienda. No conviene otorgar nuestro apoyo a quienes hacen causa de la disputa con sus congéneres.

Nuestra causa es la hermandad humana, nuestra máxima es la unión de todos los seres por encima de sus credos e ideologías. No nos dejaremos seducir por el renovado llamado a las batallas en las que ya participamos. Esas batallas han muerto para siempre. Enterramos en el mismo agujero banderas y nostalgias. La inercia del pasado no tomará las riendas de los nuevos días. Hemos renacido a una nueva vida y nuestra causa es ahora la de la no ofensividad, la de las correctas relaciones, la del cooperar y el compartir.

Sí, es cierto que Jesús sacó a los mercaderes del Templo, pero su firmeza era ante la usura, su ira no era para con los usureros. No nos confundamos. No arrimemos al Cristo a nuestra particular “kale borroka”. Él jamás concibió barricadas. Si para algo vino, fue precisamente para desmontar todas las barricadas humanas.

Así no “podemos”…

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Las verdades caminan solas, se bastan con toda la fuerza inconmensurable que llevan dentro. No necesitan malas compañías. No requieren del rencor, la ira, menos aún de la falta de respeto o el insulto. El debate bronco que tuvo lugar ayer en el Parlamento no tiene que ver con nosotros. Temprano se nubló la primavera, temprano madrugó el desencanto. La fuerza en la que habíamos depositado ciertas dosis de esperanza, en su primera gran alocución nos ha, en gran medida, desilusionado.
Me resisto a creer que lleváramos tanta ira dentro, tantas ganas de desahogarnos en medio de ese templo sagrado de la voluntad popular. Así “no se puede”, así “no podemos”… La nueva política es fondo, pero también son formas. Elevar la voz no da más razón, faltar a adversario contribuye a crispar el ambiente, no a hacer progresar ideales. Hay cosas que sólo Pablo Iglesias las puede decir con oportuna claridad, con encomiable visión, por ejemplo que es buena noticia que Otegi deje la sombra, que en Catalunya han de ser los catalanes los que decidan su futuro, que las identidades diferentes demandan una estructura confederada, que las grandes fortunas deben al erario público mayores impuestos, que el mérito, la capacidad de servicio y por supuesto el apoyo popular son las razones para ocupar la jefatura del estado, no la sangre… Pero no basta tener razón, hay que saber pasearla, con amabilidad, con respeto, con civilidad.

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