Defender la esperanza

No es sólo lo que individualmente queremos, es lo que colectivamente estamos en condiciones de alcanzar. No sólo es nuestro anhelo, es el que está dispuesto a sostener el conjunto de la población. No es nuestra arcadia, es la que puede soñar y contornear un pueblo al caer la noche, al expirar un ciclo. Cuando los “amigos del rifle” aceleran su paso; cuando el racismo, la xenofobia y el más barato populismo se colocan a las puertas del poder de la nación más poderosa de la tierra, deberá surgir cuánto menos alguna reflexión.
 No nos arrepentimos de ninguna de la múltiples ocasiones en que, a lo largo de los últimos ocho años, salimos al paso en defensa de Barack Obama. Aún con todas las carencias y errores, ha sido tractor de progreso y evolución. Siempre desaconsejamos arremeter contra esa esperanza, tibia, moderada, pero esperanza, al fin y al cabo que el primer presidente de color de los EEUU ha representado y aún representa.

Nunca llegue Donald Trump a la Casa Blanca, nunca alcance el gobierno de la nación pionera en libertades y derechos humanos, pero si remotamente llegara a poner allí un pie, recordemos que a la esperanza, albergue en su seno más o menos fuego, nunca se le dispara; a la esperanza, siempre se le defiende, siempre se la apoya…

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