“La chica danesa”

Urgimos más de esto en el panorama claroscuro del celuloide. En cuanto el chico enfunda las medias, en cuanto vuela la primera pluma, en cuanto llega la crisis matrimonial, sientes ya romper cercana la tormenta, sin embargo en las dos horas de metraje ésta no termina de llegar nunca. Pese al alejamiento de sus mundos, pese a la dureza de la situación que enfrentan los protagonistas…, no terminan de desembarcar las palabras agrias. No hay recriminación en ninguna conversación, nadie levanta nunca la voz. Eso ya la convierte en una cinta única. No encontraremos la bronca de rutina, el jaleo de siempre. El desenlace es nuevo, aunque ocurriera tan atrás. Eso es lo que hace de “La chica danesa” un película tan digna de ver.

La compañera inseparable está imbuida de un desbordante sentimiento de compasión, compasión en la punta del pincel, en el fondo de la mirada, en la epidermis de cada caricia… No es fácil encontrar una película cargada de tanta mutua comprensión. Estamos tan necesitados de este género de films; estamos tan invadidos de lo otro, de la pelea, de la discordia y el rencor…, que por eso traemos la reseña a este muro, nos permitimos recomendarla. La cinta de Tom Hooper es también una oda a la fidelidad, fidelidad más allá de muchas dificultades y fronteras, más allá incluso del género y el sexo.

 

Hay mucha cámara fija, cercana al maquillaje, sin embargo “La chica danesa” no aburre, no se hace lenta porque las miradas va imbuidas de amor del bueno, de ése que no carga con condiciones. A todo eso pon detrás los fiordos daneses, a eso súmale las estampas costrumbristas del puerto de Cophenague, a eso añádele un final de pañuelo al viento contagiado de recuerdo y de esperanza… y tendrás sencillamente una pequeña obra de arte.

Al final te enteras que la historia de Lily fue además cierta, que el hombre que llevó dentro de sí una mujer, en medio de mundo que aún no estaba preparado para ello, fue verdadera. Entonces reparas que la cinta hará mucho bien, cosechará en difusión de valores, en ensanche de nuestro fondo de fidelidad, compasión y mutua comprensión. Por eso “la chica danesa”, ya no es sólo de Dinamarca y de esos fabulosos paisajes del Norte, es también del Sur, es de todos un poco; es en realidad de todos los que pensamos que el otro mundo posible comienza en esa otra forma más cordial y comprensiva de encarar nuestros conflictos con los allegados, por supuesto con nuestra propia pareja.

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