Un gobierno de progreso

Las grandes transformaciones entrañan sus desajustes. La nueva política acerca sus imágenes sorpresivas, de cualquiera de las formas siempre esperanzadoras. El panorama multicolor, los otros pelos, los bebés en brazos de sus señorías, los otros juramentos…, son bienvenidos en el nuevo hemiciclo. Los grandes cambios en el fondo comportan proyección en nueva formas. No nos asusta ese paisanaje más diverso, nos preocuparían más esos congresistas clavados de por vida a unos sillones, esa bancada colmada de inmaculadas corbatas, tan blindada a las transformaciones necesarias. Entre la “casta” del inmovilismo y las “rastas” del progreso precipitado, seguramente nos habremos de quedar con las segundas, pues hay reformas pendientes que ya no se deberían demorar. Una sociedad como la española, tan anquilosada en el pasado, urge transformaciones, aunque éstas comporten sus inevitables convulsiones.

Estamos ante una nueva transición de un alcance que desconocemos. Anhelamos transformar este presente, aspiramos a otro mundo, a otra sociedad. Sus leyes, su Constitución, cumplieron su papel y al día de hoy requieren su actualización. La esperada hora de las importantes reformas sociales y políticas ha llegado, por eso pulsan con razón las lágrimas de Pablo Iglesias a las puertas del Congreso; por eso todo lo que ocurre en Catalunya es positivo. Había un concepto de unidad impuesta que debía quebrar y así emerger una idea de unidad libremente asumida por las partes.

 

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“La chica danesa”

Urgimos más de esto en el panorama claroscuro del celuloide. En cuanto el chico enfunda las medias, en cuanto vuela la primera pluma, en cuanto llega la crisis matrimonial, sientes ya romper cercana la tormenta, sin embargo en las dos horas de metraje ésta no termina de llegar nunca. Pese al alejamiento de sus mundos, pese a la dureza de la situación que enfrentan los protagonistas…, no terminan de desembarcar las palabras agrias. No hay recriminación en ninguna conversación, nadie levanta nunca la voz. Eso ya la convierte en una cinta única. No encontraremos la bronca de rutina, el jaleo de siempre. El desenlace es nuevo, aunque ocurriera tan atrás. Eso es lo que hace de “La chica danesa” un película tan digna de ver.

La compañera inseparable está imbuida de un desbordante sentimiento de compasión, compasión en la punta del pincel, en el fondo de la mirada, en la epidermis de cada caricia… No es fácil encontrar una película cargada de tanta mutua comprensión. Estamos tan necesitados de este género de films; estamos tan invadidos de lo otro, de la pelea, de la discordia y el rencor…, que por eso traemos la reseña a este muro, nos permitimos recomendarla. La cinta de Tom Hooper es también una oda a la fidelidad, fidelidad más allá de muchas dificultades y fronteras, más allá incluso del género y el sexo.

 

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¡Hasta siempre pirata!

Koldo Sever en nuestros corazones.

Despistado pero bueno, generoso, noble. Esta vez debiste perder el móvil por allí Arriba en algún fugaz vuelo y por eso te fuiste raudo, ignorante de que aquí necesitábamos de tu cobertura cercana, afable, siempre, siempre amable. Koldiño, llevabas bastante más de diez años viniendo a nuestros encuentros y perdiéndolo todo, pero ganando más y más nuestros corazones. ¿Qué haremos ahora sin buscarte nada, ni tu cartera, ni tu móvil…? ¿Qué haremos sobre todo ahora sin buscarle a ti y tu figura y tu sonrisa igualmente grandes?

Resulta que éramos familia, tribu y tu precipitada partida física, nos ha ayudado a recordarlo. Fuiste por la vida regalándolo siempre todo. Por aquí encendemos tus velas, miramos el rostro desconsolado de los ángeles que has ido dejando, ¿pero quién te mandó brindarnos tu ausencia, compañero de nuestro alma, compañero? Intentaremos perdonarte también esta “pérdida”, por más que se nos haga difícil un nuevo encuentro sin tu compañía física.

 

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Ricardo Ocampo in memoriam

Era mucho antes del “me gusta ” y me deja de gustar, de que las redes sociales transformaran nuestras vidas. Era cuando a golpe de mail estábamos convencidos que podíamos sentar las bases de un mundo más unido y fraterno; cuando pretendíamos crear una ancha red de luz a base de intensa comunicación trasatlántica. Nuestras visiones fraternas se cruzaban en medio del océano.

En junio del 2000 en el asrham de la GFU de las Raíces, cerca de Monterrey, creamos, junto con él y los hermanos de Oromu, la Red Iberoamericana de luz. En ese viaje a México me albergó gentilmente en su casa del DF. Después vinieron los encuentros en Costra Rica, Venezuela, Colombia, Madrid…, también el tiempo de las disputas. En medio de la fragua de la malla de luz, al borde del horno a rojo vivo, también nos echamos nuestras risas. Humor del bueno el que gastaba el amigo, sobrio, pero profundo, acertado. Ricardo ha tenido que partir para reparar en lo mucho que nos peleamos. Sirva su vuelo para descargar en el futuro este teclado de toda carga de eventual dinamita. No ocultaré aquella gresca que se prolongó durante años. Rindo a él ahora el agradecimiento y el honor que no lo hice en vida física.

 

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De ciudades y apegos

Podía haber ido hacia el redoble y sin embargo un suave y tranquilo tren me lleva en dirección contraria. No echo en falta la tamborrada, prefiero este viaje colmado de paz hasta el otro extremo de la península donde azotan todos los vientos. Hoy, 20 de Enero, prefiero este vagón vacío, al estruendo de la plaza.

No sé que ha operado dentro. ¿Por qué Sarriegi y su tambores tañen tan lejos? ¿Por qué no echo en falta la ciudad en plena algarabía? Yo creo que la ciudad va por dentro sin necesidad de pisarla. Yo creo que la tamborrada suena en el interior sin necesidad de correr hasta la Parte Vieja. Sí, en realidad todo eso, la ciudad, la fiesta, los tambores…, es entrañable, pero a la vez es una parte vieja y es preciso hacer sitio a lo nuevo. Es precio nacer de nuevo y no sé si Sarriegi me lo permitiría; no sé si lo conseguiría si vuelvo a llenar mis oídos, mi memoria, con sus melodías cargadas de tantos ecos.

 

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No muere un pueblo que canta…

No sé si era ese sol en mitad de un invierno por fin aterrizado, no sé si eran los ecos, que por doquier se escuchaban, de las tamborradas en sus últimos ensayos, no sé si es la capitalidad europea recién estrenada… Quizás un poco de todo, el caso es que Donostia estaba soberbia esa mañana. Voy muy de vez en cuando y cada vez la veo más hermosa.

A veces pienso que todo el pasado convulso de confrontación y sufrimiento desemboca en este presente privilegiado de recién inaugurdas paz, armonía y reconciliación. No paro de dar gracias… Hoy había cantos populares en el Boulevard. No es difícil emocionarse conociendo algo de nuestra muy reciente historia. Ese mismo lugar ha sido durante décadas escenario de guerrilla callejera. Durante décadas era una rutina a menudo casi diaria a la que llegamos a acostumbrarnos. El paisanaje urbano fue siempre de trinchera. Bolas de goma, botes de humo por un lado y piedras y adoquines por el otro.

 

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