¿Bombardear al ISIS?

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¿Cómo haremos para sellar las puertas donde se halla el mal? ¿Cómo haremos para frenar el brazo que empuja al homosexual desde lo alto de un edificio, para lograr que las niñas de Mosul puedan ponerse delante de una pizarra? ¿Cómo haremos para que nadie rebane ningún cuello por guardar en su bolsillo un pasaporte europeo? ¿Cómo haremos para que nadie sea acribillado por ir a un estadio de fútbol, por cenar con los amigos en una terraza o asistir a un concierto de música un viernes a la noche? ¿Cómo haremos para impedir que el Estado islámico siga creciendo, para que nadie deje el mundo al grito de “!Allāh akbar¡”, llevándose la terrible deuda de otras vidas segadas…?

¿Cómo haremos para detener el progreso de esa ideología que rinde culto a la muerte, que se cree brazo divino cuando decapita a extranjeros que profesan otro credo? ¿Cómo haremos para quitar de las manos esas piedras que lapidan a mujeres supuestamente adúlteras? ¿Cómo haremos para que ninguna niña de 13 años sea arrancada de su hogar, violada, esclavizada o prostituida para satisfacer al soldado de Alá?

¿Cómo haremos para que el 13 N de París no se repita, para desnudar de explosivos todas las cinturas del mañana? ¿Bastarán nuestra pacífica demanda para detener la barbarie? ¿Bastarán nuestros pensamientos aunados para que la bandera negra del ISIS sea arriada en la ancha geografía que ya ocupa? ¿Deberán seguir haciéndose a los cielos los cazas del “Charles de Gaulle”…? No nos entusiasma el despegue de esos bombardeos, ¿pero hasta dónde alcanzará el misil florido de nuestros clamores? ¿El “No a la guerra”, que ya empieza a subir de tono, logrará defender tanta vida amenazada, garantizar el respeto a los más elementales derechos humanos? ¿El “No a la guerra” logrará neutralizar el “Kalashnikov” del siguiente iluminado?

Habrá que reconocer los errores de pasadas intervenciones de Occidente que crearon un vacío de poder, ahora ocupado por fuerzas más oscuras. Ha de haber en la zona un referente de consenso y de indispensable pedigrí democrático, cuando terminan de caer las bombas. A veces sobre un escenario falto de respeto a la vida, Occidente ha dado prioridad a una acción militar, que no ha ido acompañada de la debida acción política. Libia e Iraq son dos claros ejemplos al respecto. Habrá que evitar el error. De poco sirve bombardear al ISIS, si por ejemplo Turquía, aliada en la OTAN y a las puertas de entrar en la UE, alimenta a ese feudo radical al comprarle petróleo. Por supuesto que hay que promover una acción coordinada contra el tráfico de armas, por supuesto que hay que advertir seriamente a las potencias árabes simpatizantes del ISIS como Arabia Saudita y Qatar del craso error de ese apoyo, por supuesto habrá que intentar recuperar a Rusia como actor comprometido en favor de la implementación de los derechos humanos y la vida en la zona…, ¿pero será todo ello suficiente?

Nadie quiere la guerra pero, ¿cómo podremos inventar un lenguaje que alcance sus corazones, antes de que lo haga un misil?¿Cómo hacerles llegar un mensaje de concordia, de diálogo, al tiempo que de exigencia de respeto a los derechos humanos? ¿Cómo tocar su fibra sensible de forma que detengan su barbarie? ¿Cómo responder con no-violencia al horror envalentonado, empoderado con todo el petróleo de la zona? ¿Quién tiene esas respuestas? ¿Y si tuviéramos que aceptar los bombardeos selectivos que ya acometen Francia y EEUU, que apoyan Reino Unido y Alemania, como la menos mala de las respuestas?

Se supone que hemos de ponernos a la pantalla cuando tenemos todas las preguntas respondidas, cuando ya no abrigamos duda alguna. Hoy sin embargo compartimos nuestro quebradero. Hoy queremos ser duda, nos tomamos la licencia de poner a caminar interrogantes sin respuesta… Que quien camine las respuestas no venga de conversación de café, ni de sostener sólo fácil pancarta, que venga también de haber caminado, siquiera mentalmente, las calles aterrorizadas de Racqa o Mósul, que venga de atravesar el infierno de esos desiertos, que ponga en medio de esta plaza su corazón ardiente, responsable.

No queremos respuestas inmediatas, de catecismo revolucionario. Queremos respuestas ponderadas, serenas que emanen del profundo corazón, que atiendan en verdad al dolor de la humanidad, que no pretendan colmar alguna nostalgia antimperialista. Alguien pueda reunir esas respuestas urgentes; alguien las traiga a ese fuego de humana concordia que aún compartimos, junto a la llama de la esperanza de unas civilizaciones unidas, que no permitiremos jamás se apague.

Joaquín Tamames
Koldo Aldai

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