Anhelo de lo sublime

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Dice el Maestro Omraam Mikhaël Aïvanhov: “La belleza es como un rayo de luz que sólo aparece con todo su esplendor cuando atraviesa un medio perfectamente transparente. En un medio opaco el rayo se desvía y se deforma. Por esa razón el artista habrá de realizar un trabajo sobre sí mismo antes de crear, transformándose en una materia tan transparente y vibrante que pueda ser atravesada por la belleza divina.”

El artista tendría así por cometido  buscar las formas que más se semejen a la belleza ideal y de esa forma contribuir a elevar a la humanidad. Al contemplar las obras maestras de un artista inspirado podemos vivir y sentir lo que ese creador ha vivido. Nos introduce en las regiones que él ha contemplado. Sólo el arte iluminado puede conmover a los humanos, despertarlos a  la nueva vida, catapultarlos a un nivel superior de conciencia.

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Pray for Paris, pray for the world, pray also for the terrorists…

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Al igual que las guerras, el terrorismo tenía también su enseñanza escondida en medio del estruendo. El dolor cosecha ya su debida recompensa en forma de conciencias despertadas o aumentadas. Los más elevados anhelos se desatan por doquier. Nunca han llegado a mi teléfono, a mi ordenador tantas invitaciones a convergencias de oración y meditación colectivas. Los atentados, la ola de violencia promovida por los fundamentalistas, el momento convulso en el que colectivamente nos hallamos, nos sitúan, a pesar de su dolor inherente, cerca de un punto trascendente, seguramente iniciático. La puerta de esa iniciación colectiva, global, planetaria será una vez más el perdón y la compasión.

Seguir odiando o acabar perdonando. El humano no tiene otra opción. Hasta ahora nunca hemos estado en mejores condiciones como para abrazar la opción del futuro y de la esperanza. Vivimos una hora difícil, pero única en la que por fin podemos hacer virar nuestra historia. La reacción tan serena, aunada y civilizada a los atentados de París por parte de su misma población, nos demuestra que ello es por primera vez posible.

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Conciencia despertada

 

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No sólo los alientos acallados, sino la conciencia despertada. No sólo la barbarie desatada, sino la civilidad reafirmada; no sólo la vida física segada, sino el sentimiento de unidad y de paz sin reverso de odio generados. Una vez más el foco en la dirección que deseemos, no sólo en la sangre, sino sobre todo en las rosas que cubren todos sus charcos. Quizás el foco sobre todo hacia a esas torres Eiffels solidarias que se expanden por doquier, por tantas pantallas, tablets, teléfonos…; hacia esa “Marsellesa” que emerge de las más diferentes gargantas; quizás el foco hacia ese sentimiento de profundo sosiego e incuestionable libertad, que inunda hoy tantos millones de corazones.

Cierto, no somos sólo París, somos también Beirut, Damasco, Bagdad…; somos cualquier lugar del mundo donde un pecho es agujerado, donde una absurda bomba es detonada; somos cualquier lugar del mundo donde el humano padece y llora, donde se falta a su derecho al aliento, a sus derechos fundamentales; somos cada día una humanidad más unida en defensa de la vida, frente a la barbarie, una humanidad cada día más madura, serena y fraterna.

¿Quién les preparó las maletas?

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Toda fractura humana nos duele. Trabajamos por acercar, por unir, por ensamblar. No nos alegrarnos cuando se levantan nuevas barreras. Una separación no es nunca un buen titular. No nos congratulamos de lo que ha decidido por mayoría el Parlament, pero habrá que dar con los verdaderos responsables de esta situación. Se ha iniciado el proceso de desanexión de Catalunya de España y no se nos pasa desapercibido que los cimientos de esas nuevas fronteras los ha puesto la intransigencia centralista. El poder central sólo ha manejado el monosílabo del “no”. Ello sólo ha alimentado la frustración en amplios sectores de la población catalana. Deciden marcharse, pues ni siquiera se les ha alargado una silla para sentarse a debatir. Dos no pueden acordar si uno no quiere.

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