Confesión de amores

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Sólo me quedaba un cartucho, sólo un argumento para contribuir a que bajen las espadas. Sólo me resta el último recurso de hablar en primera persona, en la esperanza de que la exposición de algo de la vivencia personal, pueda  ayudar a mermar alguno de los fuegos que en los dos extremos se velan. Hablar en primera persona sólo está permitido en casos excepcionales. Dicen las Grandes Almas que sólo se justifica  referirnos a nosotros mismos, cuando nuestro propio testimonio puede ser ilustrativo y proporcionar claves de comprensión al otro.

He de hacer un esfuerzo previo por explicarme a mí mismo, lo que en realidad he vivido de una forma natural. Quiero dar conocer mi vivencia a mis amigos, con quienes disiento en lo que considero su aspiración de perpetuar uniones forzadas a un alto precio. La verdadera unidad a la que creo debemos aspirar, en ningún caso puede venir de dictados o presiones externas, sino de anhelos más personales. Comparto aquí mi anhelo, cómo he llegado  a reconciliar los aparentes opuestos. Es probable que procesos de esta índole aguarden a otros.

La verdadera unión humana brota  primero en el interior, al vencer la dualidad, al abrazar  a los aparentes contrarios.  La unidad que deseamos fuera ha de ser realidad previamente nuestro interior. La libertad es condición imprescindible en este proceso. Nuestra ubicación geográfica y variadas circunstancias personales y sociales, pueden hacer arraigar en nosotros unos apegos, que será preciso con el tiempo trascender.  La aplicación en un desarrollo y crecimiento personal, pueden ser de gran ayuda para situarnos en un punto más centrado y desapegado. A nivel colectivo, más libertad alcancemos, más fácilmente avanzaremos hacia ese punto indispensable de encuentro, hacia ese espacio de creciente unidad a todos los niveles que indefectiblemente constituye nuestra meta humana. Más concretamente, en el aspecto nacional que deseamos aquí abordar, ese espacio lo constituirían los pueblos hermanados, en paz,  unidos en confederación  en clave de ayuda y compartir. Más se demore esa libertad, más se impida o retrase el derecho a decidir de las gentes y los pueblos, más se enquistarán los ánimos, más se retrasará la hora de la auténtica y suspirada unión.

No me desgarra el doble amor que albergo. Todo lo contrario, me nutre. Me siento en ello privilegiado. En estos momentos de gran enquistamiento, de polarización de los amores patrios, deseo confesar los míos. ¡Ojalá pudiera ayudar a calmar ánimos, ojalá ello pudiera contribuir  a esmerar respeto por las libertades! Me siento a gusto en el espacio del medio, cada día  más acomodado. Resulta que es también el lugar donde sugieren situarnos las Grandes Almas que siempre han sido.  Oigo cada día más lejos los cantos de sirena de uno y otro costado. He de hablar hoy excepcionalmente en primera  persona. No está de más el desnudo, por lo menos cuando se cree que es por una causa noble.

Sí amo a España, los pueblos que la componen, su historia, su cultura. Algo dentro de mí se ríe e ironiza al declara públicamente este amor, pero al tiempo me siento fuerte interiormente para compartir este afecto oculto. La unidad entraña sus sacrificios y estos han de comenzar con uno mismo, por eso uno desea arrojar a la hoguera la leña ya enmohecida de sus prejuicios y tabús. Me ha dolido España, como duele la madre autoritaria, conservadora y cerril, pero, ya superada la adolescencia, he llamado a su puerta a la vuelta del mundo. Me ha dolido por su falta de respeto a lo diferente, por su tendencia a la uniformización, por su democracia aún tan tutelada…; me ha dolido el interesado uso que se hace de un patrimonio colectivo; me han dolido los dirigentes tan autoritarios y rancios que mayormente la han gobernado…, pero España era mucho más que todo eso.

España también ha sido clamor acallado de justicia y de libertad. España ha sido también valentía y firmeza frente al oprobio. Hay una España que llamó a los bombardeos que destrozaron Gernika  y Durango, pero cuántas veces los vascos no levantamos también la espada frente el indio indefenso. Ya casi en nuestros días, desde nuestra parte más dura, atávica y tribal, nosotros hemos sembrado también mucho dolor. ETA gracias a Dios ya es pasado, pero durante décadas ha sido nuestra marca más triste y lamentable. Estudio el pasado, y trato de rendir lo debido a cada platillo de la balanza. Observo, extraigo información, pero no me atasco. No olvido, necesito cuanto menos quedarme con la enseñanza, pero sí trato de perdonar, entre otras razones porque yo también aspiro a ser perdonado.

España me ha proporcionado la valiosa conciencia de pertenencia a una comunidad más amplia. España me ha  dado el instrumento con el que más puedo servir al mundo, el español. Mi vida hubiera sido muy diferente, si no me pudiera comunicar con este idioma, que me proporciona tantas posibilidades y con el que puedo relacionarme con tanta gente.  Con el castellano he podido recorrer América Latina y tomar conciencia de la red de luz maravillosa que se teje por doquier. Con el euskera hubiera llegado a muchos menos seres. Sin embargo el euskera me da raíz, me da tierra, me proporciona sentimiento de profunda  fraternidad. Me  da otoño, olor fresco, familiar a rocío y  hojarasca, vínculo con los ancestros… Euskal Herria me da entronque, referencia, asiento… y sueño, pienso mucho en todo lo hermoso que este país puede dar a la humanidad, ahora que empieza a vivir su mejor momento.

España me ha proporcionado una balconada ancha para ver el mundo, una plaza grande para conocer mucha gente  maravillosa, para ampliar mi conciencia y Euskal Herria me da la huerta, me da el bosque donde me hallo a mí mismo, donde me encuentro con mis antepasados. EH me dado también mar, donde tomo conciencia cercana de lo infinito.  España y  EH no pelean dentro. Conviven en profunda paz, en  armonía y yo no tengo que elegir simplemente porque los amores siempre suman, nunca restan.

En Madrid soy tozudo, arcaico nacionalista, en Donosti en los ambientes más cerriles, cuando ven mis artículos en prensa, represento seguramente alguien que se  ha  “vendido”. Por mi parte sin embargo cada día que pasa gano en amor a lo propio, en amor a lo universal. Alguna vez me he preguntado dónde estoy, dónde está mi alma, pero en realidad no hay desorientación alguna, porque me siento a gusto  en ese  territorio común, en ese  ancho espacio compartido que es cada vez más  grande, cada vez  de más compañeros  que optan  por el encuentro y no la trinchera. Me siento a gusto en esa  tierra de nadie y de todos. No tengo ninguna  duda de que la conciencia planetaria, la ciudadanía mundial, el sentimiento de fraternidad sin fronteras era nuestra desembocadura histórica. Siento que es sobre esa tierra compartida, sobre la que el Cielo proyecta sus rayos más cálidos, más del futuro. Siento crecer en mí  un amor que Dios insufla hacia mi tierra, mi cultura, hacia España y todas las tierras y todas las culturas. Siento cada vez más enraizado en mí ese alto ideal de la unidad en la diversidad.

Juntos por supuesto inmensamente mejor. “Junts i millor” que esgrime “Societat Civil Catalana”, pero por favor, sin olvidarnos de preguntar si el otro quiere venir con nosotros, pero por  favor sin impedir, ni dificultar imprescindibles consultas. Juntos mejor, pero en libertad, porque si agarramos al otro de la mano y le forzamos a venir con nosotros, tardaremos mucho más tiempo en unir definitiva y fraternalmente nuestros destinos.

Arteixo 17 de Septiembre de 2015

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