Fidelidad

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Los piratas de “Impact Team” han desvelado los nombres de 34 millones de clientes de Ashley Madison, la web para infidelidades. Afirma Rosa Montero que “esos talibanes de la virtud conyugal dicen que cometieron el estropicio por razones éticas y para que cerrara Ashley Madison”. Los datos han sido recogidos por bandas criminales, que ahora están amenazando y chantajeando a los usuarios. Afirma la popular escritora y periodista en su artículo de “El País” que  “en España hay 800.000 usuarios de Ashley Madison: al parecer somos uno de los países más infieles. Sólo en Madrid hay 135.000; en Barcelona, 68.000.”

Me consta que no está de moda glosar la fidelidad, pero uno ha contemplado tanta  felicidad bajo su sólido y cálido tejado, que no puede por menos que cantarla. A pesar de Ashley Madison y otras tantas  webs del ramo, a pesar de la crisis de valores y la plena expansión de la civilización del hedonismo y el placer a la carta, cuántos hogares no se hallan en dicha, instalados en paz, alegría y fraternidad, en importante medida, gracias a que los padres han sabido guardarse mutua fidelidad.  No, no está de moda, pero las modas pasan y los valores eternos perduran por siempre.

Sí, fidelidad porque la mente es limitada y en el cuadro de  quien desea servir al prójimo, no hay sitio para muchas fantasías; porque el latido del corazón se acostumbra a un oído y el cuello antojadizo a una almohada. Fidelidad o la tranquilidad de saber que tu pareja esta centrada contigo en un proyecto común de mutuo conocimiento y crecimiento, de compartido servicio. Fidelidad o la constatación de que el otro, la otra valora bien alto lo que juntos podéis hacer, dar, construir, soñar, repartir, sembrar…

Fidelidad es reparar en que la monotonía y el tedio son una imperdonable concesión que  hacemos  a la muerte; que cada día es diferente si  nos atrevemos a saludar la mañana  con mirada de aliciente, preparar otro desayuno sorprendente, o encontrar una lectura emancipante. Es saber que tu compañero o compañera no es perfecto, pero que tú eres la persona que más puede ayudarle en ese imprescindible camino de perfección en el que os habéis embarcado. Es concluir que la persona ideal sólo existirá, cuando uno mismo se haya asomado a esa alta cima.

El futuro se construye a base de confianzas y de lealtades que vamos confirmando cada día. Fidelidad es que te ocurra algo muy hermoso y no tengas duda del primer teléfono que has de teclear, ni de la primera persona a quien se lo deseas confiar.

Fidelidad  sí, también de labios y de piel, porque a tu cuerpo  no le puedes marear con más cuerpos y a tu alma le basta con un confidente. Fidelidad sí, también de la carne, no porque lo manda la Santa Madre Iglesia, sino porque hay un amor universal que se reparte y  hay otro conyugal que perpetúa la vida, porque la semilla es de un solo hoyo, porque cuando te enfermas en la frente solo hay sitio para una mano. Fidelidad porque no todos los  vasos son comunicantes, porque tu líquido es tu esencia sagrada, que no puedes derramar en cualquier copa. Fidelidad porque ella no durmió hasta que oyó tu llave, porque se dejó la mano exprimiendo naranjas cuando la gripe.

Fidelidad por qué unos minutos de ardiente placer no compiten con una vida de templado gozo; porque la virtud ya no está encerrada en la sacristía, porque el viento ya giró demasiadas veces tu veleta, porque a tu caballo no le puedes seguir confundiendo con tantas puertas.

Fidelidad porque los años no pasan en balde, porque pudo haber un tiempo breve para las correrías, pero ha de haber otro mucho más ancho para la lealtad y el compromiso. Sí, la vida es orden y compromiso y una pareja estable es parte vital del sólido entramado social también a levantar.  Sí, la lealtad es renunciar a ser juguete del capricho, es saber que bajo la intimidad de las sábanas hay muchas músicas, pero un solo viento.

Fidelidad porque nos debemos a un solo horizonte, por más que las olas salten y distraigan nuestra mirada. Fidelidad no por miedo, ni por amenaza, ni por  una firma en una iglesia o en un ayuntamiento, sino por el juramento que renuevas cada mañana con un beso en sus labios, con una sonrisa cada vez que  la brisa infla su pañuelo en la cabeza. Fidelidad no por seguridad, sino porque acordasteis ir juntos a por un mismo cielo.

Fidelidad porque ella te fue entregando lo que tú aún te reservabas. Porque no guardó nada para sí,  porque te confió el cofre de sus secretos, amén de la clave y el “login” de su correo; porque a ti te basta su perfume y a ella los piropos en su dialecto; porque conoces su letra y su rúbrica solemne, sus suaves ronquidos y su escasa dosis de miel  en el té de la mañana.

Fidelidad es también ¿por qué no?, la pereza de volver a contar la vida cuando ya la tenías contada, de confesar tus manías cuando ya estaban asumidas, de relatar los achaques cuando tu compañera ya los tenía catalogados.

Sí fidelidad, porque debe ser que nos vamos haciendo viejos y en la aún maravillosa aventura de la vida optamos por muchos amigos, pero por una  mano,  una compañía hermana y amiga al mismo tiempo. La fidelidad no es un valor que pasa, porque el amor de pareja puede ser eterno y sólo caduca lo que no tiene futuro, ni fruto.

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