Bronce

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Nuestro pasado no puede seguir tomando el mando de nuestra pluma, el gobierno de nuestro teclado. Estamos llamados a revisar nuestra posición con cuanto nos rodea. Somos convocados a observar el mundo, sus gentes y avatares bajo una nueva luz, con unos nuevos ojos cargados de fe, de mutua comprensión, de esperanza. Caducó nuestra mirada torpe y miope del ayer.

Si al teclear estas letras auspicio el más mínimo sentimiento de animadversión hacia ese bronce y quien representa, hago flaco favor al progreso de una nueva conciencia integradora y no dualista, al avance del Plan superior de creciente comunión sobre esta tierra bendita.

Sólo quiero decir que nos merecemos más, que definitivamente está pasando el tiempo en que cualquier persona, con toda su carga de inferior humanidad, podía gobernar los destinos de los pueblos y la naciones. Trato de compartir mis sentimientoso sin rencor, de acallar la animadversión otrora acumulada, pero también creo que hay que afirmarlo claro: quien mata a grandes animales en Africa, quien salta de banquete en banquete, de flirteo en flirteo…, no era digno de ocupar la Jefatura del Estado, ni tampoco ahora de presidir un salón de plenos.

Todos tenemos nuestros pendientes en estos momentos apasionantes de nuestra historia, en esta crucial hora de grandes transformaciones en la que se arrían tantos iconos y bronces. Unos hemos de apagar totalmente ese ánimo de confrontación que tanto significó nuestro pasado. Otros seguramente han de poner sus miras más elevadas, han de exigir más a la hora de entregar el cetro de una nación. La sangre no da rango. Es el nivel de ser, la rectitud y la probidad del mandatario, es la garantía de las obras altruistas, el incuestionable afán de servicio a la comunidad, lo que puede conceder la más alta jerarquía del Estado.

No tengo nada contra ese señor. Todos los humanos son mis hermanos, también los que cazan elefantes en la sabana y están cautivos de la tripa o la entrepierna. Otra cosa es el bronce. El noble metal hay que conquistarlo, es para cuando somos sin peso, sin lastre, sin ego. El bronce no se hereda, se alcanza en el olvido de sí, en la entrega al prójimo por entero.

Artaza 24 de Julio de 2015

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