Solidaridad sí, responsabilidad también

FALCO-greece-tragedy

Los negociadores están alcanzando el acuerdo y no podemos por menos que alegrarnos. Está llegando el punto de equilibrio entre solidaridad y responsabilidad y ello nos satisface. Se impone la cordura, el medio equidistante en el controvertido tema de la crisis griega. La Unión Europea comienza a superar uno de sus momentos más difíciles. Ya no peligra la permanencia en su seno del país que dio vida a la primera democracia planetaria. Fue allá en la antigüedad,  cuando la inmensa mayoría de la humanidad estaba aún sumergida  en la barbarie…

La UE ha protegido ese pueblo, ese legado. No lanzó dardo alguno al talón  del héroe de la guerra de Troya, que bien podría simbolizar esta nación madre de nuestra civilización. Todo apunta a que el mítico guerrero griego cojeaba ya antes de entrar en esa larga  batalla diplomática. ¿De dónde le vino la flecha a Aquiles? Entonces y ahora nuestra mirada habrá de estar siempre puesta en quienes se encuentran en situación más delicada, pero a la vez será preciso discernir el origen del padecimiento, será necesario remontar el mundo de las causas que lo originaron. Prima siempre la solidaridad, principio universal incuestionable; será preciso ejercerla, siempre que la necesidad salga al paso, pero a la vez evitar caer también en los fáciles brazos del victimismo.

El ministro de finanzas heleno, Yanis Varufakis, afirmaba recientemente que el futuro de Grecia está en manos de la canciller alemana. Si la mirada de los griegos, que hoy atraviesan  horas críticas, está fijada en Berlín, quedará privada del examen puertas adentro. Siempre habrá o fabricaremos una Merkel de turno para justificar el incumplimiento de la propia parte. Trasladar la culpa a otros es la salida más fácil, pero también la menos madura. Nos proporciona sólo un aparente respiro. El principio de responsabilidad es inseparable de la ley de evolución. Evolucionamos en la medida que asumimos nuestra responsabilidad sobre nuestro destino. Es fácil salir a la calle puño en alto, mucho más difícil hacer una seria exploración interior hasta dar con las verdaderas razones que han originado el presente.

Si en verdad los otros tienen nuestro futuro en sus manos, nunca adquiriremos mayoría de edad. Si afirmamos que nuestro mañana es de terceros certificamos vasallaje. Como es arriba es abajo, como es en grande es en pequeño. El futuro colectivo será absolutamente otro, cuando cada quien asuma las responsabilidad de su propio presente, cuando nadie vuelque sobre las espalda de terceros la culpa de lo que le acontece. Los pueblos igualmente han de asumir la responsabilidad colectiva de la situación que viven. Hay un karma colectivo de nación, lo mismo que hay un karma personal. Merkel no es la responsable del futuro de Grecia, los responsables del futuro de Grecia son los propios griegos.

La ley de “karma” dice que no podemos echar balones fuera, que no hay nada que padezcamos que no hayamos previamente generado. La ley de evolución reza que cada quien ha de hacerse plenamente las riendas de su destino, so pena de quedarse estancado. Cada pueblo construye día a día su futuro y ha de asumir la plena responsabilidad de lo que no hizo correctamente en el pasado. No hay evolución ni personal, ni colectiva si no asimos esas riendas, si en vez de encarar los propios compromisos, buscamos chivo expiatorio que nos autojustifique. Intentar saldar deudas es un deber, ya a nivel personal, ya a nivel colectivo; si no se puede, será preciso por lo menos no disparar hacia fuera.

Las leyes superiores van todas unidas. Observemos la ley de solidaridad, “todos los humanos son mis hermanos”, pero a la vez la del “karma”, “cosechamos lo que sembramos”,  y la de evolución, “nadie puede evolucionar por otro”. Sin embargo las pancartas de Atenas querían hacer valer la primera ley, pero no la segunda, ni la tercer… Ayudemos a sacar la flecha, pero sin olvidar que la herida ya sangraba. Solidaridad con el pueblo griego sí, con los hermanos que allí más padecen por supuesto, pero toma de conciencia también de que el mal no vino de fuera, sino que se hallaba ya dentro de las propias fronteras.

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