Más allá de la etiqueta

único....

Hoy buscaré tu verdadero nombre, no el que te colgaron en la noche oscura; no el apodo de fuego, sino de brasas junto al silencio. No eres doctrina muerta, eres mediodía, esperanza viva. No eres nombre de batalla, no sumes un nuevo “ista”. Tú eres más que vasquista, feminista, comunista o malabarista… Más elocuente que unas sigla es tu sonrisa callada, tu mirada tierna. No me interesa tanto si eres socialista o de “Podemos” si constitucionalista o nacionalista, monárquico o republicano…, sino si sales a la ventana cuando la luna posa entera, si saludas a los árboles cuando penetras sus bosques, si te enamora la vida cuando hollas su hojarasca.

No somos en función de lo que sugiere la ideología, sino de lo que impregna el alma. La primera es pasajera, circunstancial, la segunda es eterna. La ideología apenas aporta una pincelada superficial, el alma nos significa. Más que tiempo de declararnos esto o lo otro, es hora de mirarnos a los ojos y contemplarnos en la desnudez del alma. Llevamos toda la historia cargando a la espalda etiquetas y banderas, religión e ideología… Hoy nos permitimos descargar su fardo, olvidar las batallas en las que nos enredaron.

No me interesa el sobre que metiste en la última urna de cristal, sino tu saludo al policía, a los interventores que la custodiaban, tu saludo a la vida al abrir aquel domingo tu persiana. No somos nuestras etiquetas. Éstas a lo sumo sólo nos acompañan un rato, hasta esa urna hoy aún imprescindible. No cabemos en unas siglas, en unas marcas. No somos ideología, menos aún ideología que fragmenta, en todo caso somos valores que unen y vinculan. La etiqueta es barrera, que nos priva de compañías.

No somos un color, somos arcoriris, siempre dispuesto a escalar los cielos. No somos sólo un pueblo, somos todos los pueblos y todos sus cantos y todas sus risas y todas sus brisas. No somos una religión, venimos de arrodillarnos en todos los altares. No somos una ideología, venimos de morir en todas las trincheras.

La ideología es confrontación, pero no nos queda piel para nuevas heridas. Somos infinitamente más de lo que pueda expresar una marca, una sigla. La ideología va pegada a un tiempo y lugar siempre pasajeros, los valores los desbordan. La ideología es desfile uniforme, los valores son círculo variado. Los valores nos comprenden, nos acercan, nos incluyen, la ideología nos separa. Con los valores gano amigos, con la ideología enemigos. La ideología sólo pide militancia, los valores exigen la vida. La ideología es particular y crea partido, facción; los valores son universales y crean red. Sólo nos falta ensanchar esa red, compartir un poco más esa fe, sólo nos resta terminar de construir aquella tierra de hermanos/as.

No nos pongamos etiquetas, no nos alejemos de quien usa otro nombre y hoy viste otra camiseta. No somos homologables, etiquetables. “Ahyah asher ahyah” “Yo soy el que yo soy”. Cada uno es quien es, solo único, genial, irrepetible…¡Bendito el Origen de todos esos elevados valores, el Pintor de infinita paleta; bendito el Misterio que nos otorgó eterna, colorida, maravillosa vida!

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