Solidaridad sí, responsabilidad también

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Los negociadores están alcanzando el acuerdo y no podemos por menos que alegrarnos. Está llegando el punto de equilibrio entre solidaridad y responsabilidad y ello nos satisface. Se impone la cordura, el medio equidistante en el controvertido tema de la crisis griega. La Unión Europea comienza a superar uno de sus momentos más difíciles. Ya no peligra la permanencia en su seno del país que dio vida a la primera democracia planetaria. Fue allá en la antigüedad,  cuando la inmensa mayoría de la humanidad estaba aún sumergida  en la barbarie…

La UE ha protegido ese pueblo, ese legado. No lanzó dardo alguno al talón  del héroe de la guerra de Troya, que bien podría simbolizar esta nación madre de nuestra civilización. Todo apunta a que el mítico guerrero griego cojeaba ya antes de entrar en esa larga  batalla diplomática. ¿De dónde le vino la flecha a Aquiles? Entonces y ahora nuestra mirada habrá de estar siempre puesta en quienes se encuentran en situación más delicada, pero a la vez será preciso discernir el origen del padecimiento, será necesario remontar el mundo de las causas que lo originaron. Prima siempre la solidaridad, principio universal incuestionable; será preciso ejercerla, siempre que la necesidad salga al paso, pero a la vez evitar caer también en los fáciles brazos del victimismo.

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Armas en arados…

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Sólo fue quedando industria para la primavera y para la vida. Después de la empresa Colt, todas las del gremio se fueron desmoronando. El emporio de la violencia se fue poco a poco hundiendo. Soñé que una a una fueron todas quebrando; una a una las fábricas de la muerte se fueron clausurando. Al humano ya no se le pasaba por la cabeza disparar contra el hermano. Las armas empezaron a ser objeto de museo; incómodo, interpelante testimonio de un infantil pasado, de una dura, pero ya lejana historia.

No humeaba ningún cañón. Nadie guardaba ninguna bala en ninguna recámara, nadie escondía la muerte en en ningún cajón, nadie abrigaba nostalgia de tanto fuego disparado. Ya no había a nada, ni nadie que temer. Demasiado plomo en erradas direcciones, en favor de equivocadas causas. Soñé que el Profeta no clamó en el desierto y las armas se convirtieron en arados; que tras muchos milenios de guerras y batallas , florecía por fin la paz en esta tierra de hermanos.

Más allá de la etiqueta

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Hoy buscaré tu verdadero nombre, no el que te colgaron en la noche oscura; no el apodo de fuego, sino de brasas junto al silencio. No eres doctrina muerta, eres mediodía, esperanza viva. No eres nombre de batalla, no sumes un nuevo “ista”. Tú eres más que vasquista, feminista, comunista o malabarista… Más elocuente que unas sigla es tu sonrisa callada, tu mirada tierna. No me interesa tanto si eres socialista o de “Podemos” si constitucionalista o nacionalista, monárquico o republicano…, sino si sales a la ventana cuando la luna posa entera, si saludas a los árboles cuando penetras sus bosques, si te enamora la vida cuando hollas su hojarasca.

No somos en función de lo que sugiere la ideología, sino de lo que impregna el alma. La primera es pasajera, circunstancial, la segunda es eterna. La ideología apenas aporta una pincelada superficial, el alma nos significa. Más que tiempo de declararnos esto o lo otro, es hora de mirarnos a los ojos y contemplarnos en la desnudez del alma. Llevamos toda la historia cargando a la espalda etiquetas y banderas, religión e ideología… Hoy nos permitimos descargar su fardo, olvidar las batallas en las que nos enredaron.

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Serenas mareas, no oleajes.

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Quienes hemos nacido junto al Cantábrico sabemos de la bonanza de las mareas que regalan a las costas serena y puntualmente toda su paz, la compañía de su brisa, amén de los preciados frutos de la mar. Poco que ver con los oleajes que con sus golpes sorpresivos clausuran nuestros paseos, que con sus arremetidas repentinas se llevan los barandados de nuestros silencios y contemplaciones. La marea suave, casi callada, nos obsequia sus conchas y estrellas, sus algas y moluscos, sus lecciones inolvidables cargadas de sutil sabiduría y salitre.

Nos seducen las alcaldesas que viajan en metro y además se bajan sustancialmente sus honorarios. Se abre un panorama inédito en la vida política española. Las mareas llegaron hasta el fondo de las playas con toda su brisa renovadora. Se culminaron las expectativas en innumerables pueblos y ciudades de toda la península. La situación entraña muchos aspectos prometedores, al tiempo que desafiantes. Las victoriosas mareas ciudadanas y demás alianzas de Podemos con otras fuerzas progresistas, han despertado muchas esperanzas. Los nuevos ediles de estas formaciones tienen por delante el reto de implementar la gestión honrada y las políticas sociales que anunciaban, pero tienen seguramente por mayor desafío, el intento de superar el clima de discordia que tanto caracteriza la vida política. Seguramente la mayor tarea que encaran es la de trascender el paradigma de la confrontación y el avance en la integración de las diferentes formas de entender el pueblo, el barrio, la ciudad. Ya no batallar al contrario, sino acertar a ganar su conciencia.

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Paso a la primavera… (Reflexión tras las elecciones)

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Nadie debiera invocar el miedo al otro, cuando el otro está llegando, cuando aún se está descalzando, cuando representa tantos corazones y voluntades unidas, cuando llevaba tanto tiempo aguardando estos rayos tardíos, esta primavera desbordada en el cristal de las urnas.

El pasado se resiste a hacer sus deberes, sus maletas. Se agarran al poder e invocan todo tipo de miedos y atraen todas las tempestades, con tal de que no gobiernen las fuerza emergentes, pero a nosotros/as lo que de verdad nos aterra es quedarnos como antes, como si no hubiéramos soñado, como si no hubiéramos nunca concebido que puede ser de otra forma. Ya ha amanecido, pero quieren echarnos de nuevo la noche encima como si el 24 de mayo no hubiera sido, como si no hubiéramos dicho que queremos otro aire, que nos merecemos otros dirigentes, otro mundo.

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Cinco-cinco

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No entra el vértigo por esos años que avanzan alocados, sino por no haber culminado lo acordado. Cinco-cinco y cierta pena por los pétalos que no llovimos, por las nubes que detuvimos, por las zarzas que sembramos… Cinco-cinco, y alegría por el poema en nuestros otoños, por la sonrisa en sus inviernos, pero escozor también por no haber agradecido y amado lo debido. Amar es abrazar, pero es sobre todo olvidarnos de nosotros mismos. Voluntad de hacerlo mejor en lo que pueda restar de partida, más allá del cinco-cinco.

Cinco y cinco y convencimiento de que pudo haber sido diferente. Temor de no haber recogido el perfume que la flor tantas veces acercaba; de no haberme bañado en todos los ríos que la vida susurraba. Determinación de apurar ese perfume, de sumergirme en esos ríos, de soplar sobre las heridas que salgan a paso… Voluntad por lo menos de no abrir ninguna más, de en la próxima hacerlo con más cuidado y ternura, con más comprensión y cariño…

Cinco cinco y pena de haber dejado sin pasear desnudo tantos rocíos… ¿Por qué sonó tan tarde el despertador? El sol brillaba ya en lo alto cuando metíamos las manos en la nueva masa; cuando cocíamos el pan de nueva vida. El sol brillaba en lo alto cuando empezamos a conocer quiénes éramos, de dónde veníamos y a dónde íbamos… En la próxima no esperaremos al cinco-cinco para que Arriba sepan que pueden contar con nosotros.

La nobleza de la renuncia. A propósito del celibato

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Pueden sobrar los hábitos y sotanas, pero nunca estarán demás las auténticas, las sinceras renuncias. El celibato no ha perdido razón de ser, pero está llamado actualizarse. El celibato 2.0 está llamado seguramente a un desapego de marcas y doctrinas, a ser vivido en la plena libertad que ha de caracterizar nuestros días. El obispo emérito de San Sebastián y Bilbao, Juan María Uriarte, acaba de publicar una nueva obra por nombre “El Celibato” en la que apuesta por “la nobleza” de ese estado. El autor explica en profundidad su propuesta de “una pedagogía necesaria para garantizar un celibato “sano y logrado”. Saludamos el coraje del siempre bien recordado obispo al reflexionar sobre este tema controvertido. Ser célibes por y para una razón superior, la razón de nuestros semejantes, no debiera ser una opción destinada a pasar de moda. Quizás la pedagogía más garantista del celibato sea abrazar humanidad, amar profundamente al prójimo hasta el punto del olvido de uno mismo.

Ahora ya sabemos que inconscientemente íbamos tras esos seres que con todos sus fuegos habían hecho un solo fuego de entrega y servicio. Ahora que se quiere incluir la palabra “renuncia” en el listado de arcaísmos, siempre admiraremos a esos hombre y mujeres capaces de tamañas renuncias en aras de los demás. Reconozco que a menudo nos alimentamos de esos recuerdos, de cuando tuvimos en suerte estar junto a esos seres extraordinarios. Los viajes por unos y otros continentes explorando proyectos solidarios, tenían en realidad una principal y oculta motivación: encontrar a esa rara clase de servidores que se entregan por entero. Cuántas veces no nos ha reconfortado sólo el recuerdo de esas personas que viven por y para el prójimo en un diario olvido de sí. En India, Nepal, Etiopía, Marruecos, Colombia, República Dominicana… hemos tenido en privilegio tratar con esa categoría de humanos excepcionales, las más de las veces con crucifijo en el pecho. Íbamos detrás de ese brillo en las sonrisas que denotaban a las claras una suerte de interna victoria, de considerable dominio de su condición inferior en aras del prójimo.

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