La hora de Navarra

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Nunca ganamos contra nadie, menos aún en materia electoral. Ni siquiera ganamos contra Unión del Pueblo Navarro. Progresamos si ganamos los corazones de los navarristas para una causa que consideramos justa y noble. Esa causa es sin duda la de una Navarra que abandona su recinto al norte amurallado, la de una Comunidad abierta, solidaria y progresista. Ésta no es una liza electoral más. La historia nos conduce a unas urnas decisivas, a un cruce de caminos desde el que podremos enfocar nuestro futuro de una forma definitivamente diferente. Hasta este domingo no se concitaban todos los factores, no había llegado aún la entera oportunidad, pero ella es ya con nosotros y nosotras y hemos de aprovecharla. El extremismo de uno y otro signo cerraba las puertas a la esperanza y las fuerzas de la coherencia, de la diversidad, de la cooperación sin límites, esperábamos una oportunidad que no terminaba de manifestarse.

El fin de la violencia política y el agotamiento de las fuerzas navarristas conservadoras que arrastran demasiada insensibilidad política, corrupción y escasísima voluntad de encuentro y consenso, abren ese nuevo panorama no sólo político, sino también social y cultural. La desaparición práctica de ETA merma los extremismos y crea el momento para el triunfo de las opciones que apuestan por Navarra como tierra colorida, en donde las diferentes culturas y sensibilidades se encuentran y enriquecen.

Hay que ganar los corazones de los tradicionalistas navarros para el abandono del atrincheramiento, para la causa del progreso y de la real diversidad, no la de cromo, pero hay que ganar también los corazones de la Euskal Herria Bildu, para que comprendan que jamás se debió haber matado por pensar diferente; que no basta que ya no humeen las pistolas, es preciso y urgente reconocer el grave error cometido. Primero por ellos, para que no haya jóvenes parapetados tras montañas humanas, para que Arnaldo Otegi pise una calle de la que nunca se le debió haber privado, para que los presos de ETA puedan acercarse…; pero también para quitar el gran escollo para el entendimiento entre los navarros.

Es muy triste que EH Bildu no haya hecho revisión crítica de su pasado, pues ahí radica una de las principales razones para que aún permanezca la política del frentismo. La cultura del bloqueo por parte de UPN a toda iniciativa en favor del euskera, de la cultura vasca y el acercamiento a la CAV, era consecuencia, en gran medida, de la violencia política. Si unos han de salir de su cueva foral, otros han de salir de su arcadia vasca que ayer quisieron levantar también a golpe de atentado. A la izquierda abertzale le llega la hora inexcusable de pedir perdón por el daño consumado al prestar sostén político a ETA. Ello dejaría sin ningún argumento a UPN para la batalla banderiza. Por su parte los socialistas podrían de esa forma salir de su sempiterna indecisión y ya no volver a caer en los brazos del conservadurismo navarro.

Las fuerzas de la reacción, del amurallamiento, de la no cooperación con nuestros vecinos de la CAV, pueden por fin ceder el poder a quienes apuestan por una Navarra plural, fecunda y fecundada. Que puedan triunfar las políticas de progreso social, de acogida, de solidaridad. Que pueda triunfar por supuesto la política limpia, pura, alejada de todo interés de enriquecerse y medrar en lo personal. Pueda permanecer la tradición de las diferentes Navarras sin condicionar cohesión, sin lastrar el mañana. Que se pueda expresar el alma de quienes se sienten navarros sin más y de quienes preferimos sumar identidades y nos sentimos a un tiempo navarros y vascos, amén de otras identidades que se puedan igualmente seguir adicionando, nunca restando. Que esa lengua ancestral y su cultura, la más vieja de Europa que nació en nuestras montañas, puedan gozar del apoyo que merecen y que hasta el momento se les ha negado.

Que triunfe también la Tierra, nuestra Madre, que el desarrollo, jamás sea a costa de ella. Que Navarra pueda seguir siendo fértil semillero de iniciativas ecologistas y sostenibles, referencia en el Estado de cuanto se gesta a nivel verde y alternativo. Que de la fotografía bonita de Irati o Urbasa vestidas de otoño para el turismo, pasemos al compromiso institucional firme, serio, responsable con la Tierra y por lo tanto con las próximas generaciones.

El futuro ya nos ha alcanzado. No podemos perder la oportunidad que ahora se nos presenta de dar la espalda a un pasado de confrontación. Ha llegado el momento del relevo anhelado. Que éste pueda ser tranquilo, abarcante, amable, por supuesto sin ningún resabio revanchista. La oportunidad del 24 de Mayo desborda las siglas. En la noche del domingo no deberemos tanto mirar el progreso de nuestra marca en particular, sino las posibilidades generales del relevo y el avance de la otra Navarra hasta el presente arrinconada.

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