La hora de Navarra

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Nunca ganamos contra nadie, menos aún en materia electoral. Ni siquiera ganamos contra Unión del Pueblo Navarro. Progresamos si ganamos los corazones de los navarristas para una causa que consideramos justa y noble. Esa causa es sin duda la de una Navarra que abandona su recinto al norte amurallado, la de una Comunidad abierta, solidaria y progresista. Ésta no es una liza electoral más. La historia nos conduce a unas urnas decisivas, a un cruce de caminos desde el que podremos enfocar nuestro futuro de una forma definitivamente diferente. Hasta este domingo no se concitaban todos los factores, no había llegado aún la entera oportunidad, pero ella es ya con nosotros y nosotras y hemos de aprovecharla. El extremismo de uno y otro signo cerraba las puertas a la esperanza y las fuerzas de la coherencia, de la diversidad, de la cooperación sin límites, esperábamos una oportunidad que no terminaba de manifestarse.

El fin de la violencia política y el agotamiento de las fuerzas navarristas conservadoras que arrastran demasiada insensibilidad política, corrupción y escasísima voluntad de encuentro y consenso, abren ese nuevo panorama no sólo político, sino también social y cultural. La desaparición práctica de ETA merma los extremismos y crea el momento para el triunfo de las opciones que apuestan por Navarra como tierra colorida, en donde las diferentes culturas y sensibilidades se encuentran y enriquecen.

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“Palabras de amor, sencillas y tiernas…”

Pluma

El más terrible bandido también guardaba su corazón. Apenas en vida lo mostró, pero él escondía igualmente su átomo de humanidad. Tras las llamadas a la sangrienta “yihad” también había un poeta, un enamorado de carne, hueso y entrañas. “Quiero que sepas que llenas mi corazón de amor y hermosos recuerdos … Cada vez que pienso en ti, se me llenan los ojos de lágrimas por tenerte lejos”. Él también mojó el folio con algún suspiro fugado. Él también escribía sus cartas de amor más o menos enteras, más o menos desesperadas. A la “manzana de mis ojos, la cosa más preciosa de este mundo”, la “que llena de amor mi corazón…” Confesaba a la amada desde su remoto cautiverio el ser que creímos encarnaba todo el mal del mundo.

Ahora hemos podido saber que el más desalmado quizás no lo era hasta tal punto, que también tenía su trozo de corazón, puro sentimiento para con su mujer, para con sus hijos distantes, añorados. ¿En realidad quién no tiene una luna bajo la que escribir cuando gana la noche, cartas de amor más o menos personalizado? Al mítico líder de Al Qaeda sólo le restaba reparar en que las miles de personas a las que él ordenó matar, también tenían su luna, su estilográfica, sus seres queridos; también escribían sus cartas de amor. Quien más, quien menos se halla en un cautiverio. Podemos estar parapetados en cuevas, entre rocas, o entre las murallas más asfixiantes de una ideología, de una religión, de una causa que siempre creemos la más justa…

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Cambia todo cambia…

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Ese viento que peina ahora la alta hierba de la primavera, acarició ayer la nieve blanca que cubría todas las praderas; ese viento peinará también otros cabellos menos canosos que llevaremos mañana. Ese humo que regalan aún al limpio cielo algunas chimeneas de la aldea, fue ayer recia encina del bosque… Al mismo paisaje, quién sabe que estampa se le antojará en el futuro. La vida nunca se acaba y nosotros vamos con ella. La muerte no existe, pero no queremos ir de sabios, ni de listos, sólo somos trovadores de esa vida sin fin. Fuimos de aldea en aldea descorriendo la cremallera del corazón, de poema en poema desnudando el alma con demasiado poco pudor.

Sólo somos peregrinos que a cada paso constatan que tanta maravilla no podrá, no sabrá, no conseguirá callar. En un albergue, en un hogar, en una cuna… nos dieron acogida y ternura y por eso también supimos que los lazos de supremo amor perduran por la eternidad. En realidad no sabemos mucho más, sólo lo que nos susurran nuestras guitarras raídas, las alboradas, floridas y calladas, de todas nuestras vidas.

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Cierto, sexo con alma

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Seguramente el denostado obispo abrigaba su considerable cuota de razón. Seguramente nos incomoda que la cabal amonestación venga de donde viene, pero quizás fuera cierto que el placer no era el norte. Quizás la vida no era esa búsqueda desesperada de gozo físico. Nuestra presencia en la tierra tenía un sentido más profundo. No está mal levantar la alarma, aunque el vocero del peligro porte báculo y mitra y en el marco de nuestra diócesis donostiarra mermé tantas libertades. El polémico “Sexo con alma y cuerpo” (Ed. Freshbook) ha sido escrito por el obispo José Ignacio Munilla en colaboración con la “seglar consagrada, especializada en la educación afectivo-sexual, Begoña Ruiz”. Muchos medios han llevado a sus portadas la noticia de su publicación con un tono de hilaridad

Mientras que las sombras de Grey llegan hasta el último cine de barrio, los consejos sobre el sexo del obispo y su colaboradora pueden ser muy respetables y dignos de atención. Las sombras del placer descontrolado inundan todas las pantallas y sin embargo pocas alarmas se levantan. Valiente es pues cualquier voz que vincule indisolublemente la sexualidad al amor, vista de civil o alzacuellos, túnica oscura o de azafrán. Valiente es el cuestionamiento de la masturbación, e incluso del uso habitual de los anticoneptivos. Tanto bombardeo nos llegó a confundir y erramos. Entronizamos el placer y olvidamos que aquí estábamos para otra cosa. El gozo estaba en el camino, a la vera, pero que no era norte. El placer venía por añadidura, era obsequio no objetivo. No debería molestarnos que se nos lo recordara, aunque el aviso venga de la iglesia más recalcitrante.

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Ante las apuestas nacionalistas del presente.Esbozando un posicionamiento que se pretende en la perspectiva de los servidores del mundo

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Las aspiraciones de los nacionalistas catalanes y más concretamente la apuesta por la independencia en un plazo relativamente corto, ha convulsionado en gran medida la vida política española. Más allá de la respuesta pronta, partidaria e interesada que nos ofrecen las formaciones políticas en su más variado arco, tratamos de buscar claves en la resolución del conflicto, ahondando fundamentalmente en las causas. Más allá de las apuestas enardecidas de uno y otro signo, tratamos de tomar un punto en la altura, una mirada objetiva al tiempo que comprensiva con las diferentes y más moderadas partes. Más allá del revuelo generado, tratamos de encarar la cuestión desde el mayor grado de imparcialidad, como creemos que lo abordarían desde Arriba, como la observarían los Grandes seres que tutelan el devenir evolutivo humano.

De cualquiera de las formas, esta reflexión no deja de ser una interpretación que personalmente hago de las Leyes y del Dharma ante esta cuestión de plena actualidad. Trato de aplicar las Leyes espirituales y los principios del Sendero a nuestra coyuntura concreta, pero en el trazado de esa interpretación tengo por supuesto el riesgo de caer en equivocación. Buscamos con nuestra mejor voluntad salidas a este conflicto que deteriora relaciones en tantos escenarios y niveles. El momento demanda búsqueda de soluciones coherentes, que traten de dar con la parte de razón que alberga cada una de las partes.

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